Capítulo treinta y dos: Repercusiones imprudentes

El dolor no mejoraba, ni siquiera disminuía. Jonah se desplomó en la cama, totalmente exhausto. Se sentía como una fiebre, pero una terrible lesión, una aflicción, lo había dejado inútil.

Intentó controlar los efectos secundarios, pero nada parecía funcionar ya. Simplemente dejó que Amelia lo conso...

Inicia sesión y continúa leyendo