Capítulo cuarenta y cuatro: No es un juego justo

Amelia se sentó al borde de su cama, con el teléfono en la mano, mirando la pantalla. Acababa de enviarle un mensaje a Maxwell, invitándolo a cenar. El mensaje era breve, cuidadosamente redactado para sonar casual pero sincero:

*Hola Maxwell, estaba pensando que deberíamos cenar algún día. Hay much...

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