Capítulo 1 ¿La Solución O La Condena?

Sienna.-

Frente a mí se encontraba la solución a mis problemas o mi condena. Este contrato podría ayudarme a liberarme de las deudas en las que me había metido el desgraciado de mi ex marido luego de que me robará todo por lo que había luchado y trabajado.

Mientras me encontraba en el punto más crítico de mi vida, con solo 48 dólares en mi cuenta, cuotas de una hipoteca que yo no solicité, adeudos con los abogados de divorcio y el tener que volver a mi ciudad natal para vivir en el sótano de la casa en donde crecí, la propuesta de trabajo… muy inusual parecía ser el milagro que tanto había estado deseando.

—  ¿Sienna que pasa? –Preguntó, susurrando mi editora y amiga Mabel quien fue la que me llegó con esta propuesta repentina.

—  Es qué… no sé si esto está bien no se trata de cualquier cosa es… seducir a un hombre para descubrir algo que… ¿No debería la policía estar averiguando esto, señor?

Pregunto con un ligero tono angustiado al hombre que me ofrecía sacarme de mis problemas económicos a cambio de hacerle justicia a su hija.

—  Señorita Harris créame cuando le digo que la policía no hará nada, Román Benette es el causante de la muerte de mi hija, también es el hombre más poderoso de Cleveland, él lo controla todo, nadie, ni siquiera la policía hará nada por hacerle justicia a mi hija –El hombre me conmovió al verlo tan abrumado y dolido por la pérdida de su única hija–. Le estoy ofreciendo todo lo que tengo a cambio de que consiga las pruebas que necesito para demostrar que ese hombre es un delincuente al igual que su familia.

—  Sienna este dinero te va ayudar mucho, ese hombre deber ser tan arrogante que seguramente tendrá las pruebas a la mano creyendo que se salió con la suya, también estarías colaborando en hacerle justicia a otra mujer.

Mabel sabía muy bien donde darme para convencerme, sin embargo yo no estaba muy segura de hacer esto. Pero, mi madre llegaría hoy en la tarde para ayudarme con la mudanza y sé que vendrá con la lengua bien afilada para recordarme con detalle cada uno de mis errores.

En ese momento una notificación llegó a mi teléfono, últimamente lo único que recibía eran notificaciones de mis acreedores. Y en efecto, un aviso de cobro del banco informándome una vez más las cuotas vencidas de la hipoteca que recae sobre mi apartamento tipo loft aquí en Nueva York otra acción más que debo agradecerle al desgraciado de mi ex marido.

No lo dudé más, tomé el bolígrafo y estampé mi firma en el contrato. Mabel me sonrió asintiendo.

—  Sabré recompensarla muy bien por su trabajo señorita Harris, aquí tiene un adelanto –El hombre quien ahora se convertía en mi jefe me extendió un cheque, desde hacía un año que no veía una cifra tan alta en un cheque a mi nombre–. Recuerde mantenerme informado de todo y recuerde también que hace lo correcto, en unos días aparecerá el aviso de empleo de las empresas Benette, recuerde llegar puntual.

—  Muchas gracias, señor Gross haré mi mayor esfuerzo para descubrir la verdad –Me ofreció una mirada extraña, como si lo que hubiese dicho estuviera mal, extendió mi mano y salió de la habitación sin decir nada más–. ¿Dije algo malo?

—  No, es solo que él está convencido de que ese hombre es el culpable por la muerte de su hija.

—  Tengo que preguntar, aparte de estar a un paso de la quiebra, ¿Por qué me recomendaste para este trabajo?

—  No te vayas a enojar –Rodé mis ojos, porque cuando Mabel dice eso es porque me voy a enojar–. Es que tienes el perfil de las mujeres que suelen ser la debilidad de Román Benette.

—  ¿Cuál perfil? –pregunté sintiendo las náuseas subirme por la garganta.

—  Las pelirrojas naturales, así que te aconsejo que termines de tumbarte ese tinte negro que tienes en el cabello, porque debes presentarte con esa hermosa melena roja que dios te dio.

(…)

—  Te dije que esos hombres trajeados con sonrisas encantadoras son los peores –Mi madre seguía reprochándome mis errores desde hacía una hora que habíamos llegado al aeropuerto, provocándome una migraña amenazando con hacerme estallar la cabeza–. ¡Ah, pero no! la señorita estaba empeñada en vivir su sueño New Yorkino.

—  Mamá, basta de verdad no estoy en condiciones para seguir soportando tus reproches, Athena y yo viviremos contigo por poco tiempo, no te preocupes.

Mi mascota y mi fiel compañera, una golden labrador con la mirada más dulce que pudieras ver en tu vida alzó su cabeza para apoyarla sobre mi rodilla, Athena podía sentir cuando yo no estaba bien y la única que podía sacarme una sonrisa en mis momentos con más caos en mi vida, lo único bueno que me quedó de la relación Oscar. Rasqué por detrás de su oreja, tratando de asegurarle que me encontraba bien.  

Justo antes de que mi madre respondiera a mi comentario rebelde, el silencio  se instaló, cargado de una tensión casi palpable en la terminal B del aeropuerto JFK, todo el mundo se paralizó ante la presencia de un hombre que venía acompañado por cuatro guardaespaldas elegantemente vestidos con trajes negros.

Fijé la mirada en el hombre al que custodiaban, el corazón se me detuvo.

Era él.

Román Benette. El hombre al que tenía que seducir, sospechoso en la muerte de una mujer. Las fotos no le hacían justicia al físico, su rostro parecía estar esculpido en mármol con una mandíbula cuadrada adornada por una barba de tres días perfectamente arreglada, unos ojos verdes tan fríos como un tempano de hielo caminando con toda esa aura arrogante exhalando poder.

De repente un golpe seco rompió el silencio ensordecedor que se había instalado en la sala, la maleta de un pasajero cayó en el piso haciendo que Román Benette se detuviera y sus hombres reaccionaron de inmediato en modo protector.

Román Benette se giró, sus ojos se clavaron en los míos, su mirada fue tan intensa que me paralizó como si estuviera escudriñando mi alma. Fue solo una fracción de segundos, pero lo suficiente para hacer estremecerme de pies a cabeza.

—  Cierra la boca, Sienna –Me golpeó mi madre ligeramente sobre el hombro–. Definitivamente tú no aprendes.

Vi como Román Benette siguió su camino como si nada hubiese pasado. Pero una tormenta se había formado en mi interior amenazando con destruir todo a mi paso.

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