Capítulo 12 Beso Con Sabor A Gloria

Román.-

A veces deseaba trabajar desde casa. Desde que llegué no había tenido oportunidad de ver a Sienna, en los últimos días trato de llegar mucho más temprano que ella.

Pero, sé que en cualquier momento tendré que enfrentarla por lo que pasó el viernes. Tengo la certeza de que me escuchó gemir su nombre mientras me masturbaba, pensando que era su boca la que me daba placer.

Quiero sentirme avergonzado, pero no lo siento. Cuando toca la puerta y la veo entrar mi parte baja se endurece rápidamente. ¡Dios, que piernas! Sigue insistiendo en traer esas faldas ajustadas que marcan su cintura y su trasero a la perfección.

Debo controlarme, fue cuando pensé en las palabras de Kate, casualidad o destino. ¿Por qué no habría que preguntarle?

No estaba mal saber un poco de ella ¿O sí?

—   Señorita Harris…

(…)

Pensé que sería esquiva con su respuesta. Pero, lo que llamó mi atención fue su nerviosismo, claramente me estaba mintiendo con lo que sucedió hace días en esta oficina.

Me escuchó. Y ahora no sé qué hacer al respecto. No sé si alcanzaré a esperar los resultados del detective que me recomendó Kate. El sonido de mi celular resonó en la oficina.

—   Señor Bennette, soy Carlos Acosta el hombre interesado en la construcción de Euclid Avenue.

Fruncí el ceño confundido, no sé de qué me estaba hablando este hombre. Fue cuando recordé cuando Kate me dijo… es un fantasma, saber muy bien su trabajo y cuando digo bien incluye su identidad.

Miré la hora de mi reloj, solo faltaban dos minutos para que llegará a la oficina, era él.

—   Por supuesto señor Acosta –respondí siguiéndole el juego–. Dígame ¿Dónde se encuentra?

—   Llegando a su recepción en este momento.

Marqué la central de la recepción y di la orden de que lo dejaran entrar inmediatamente.

—   En presidencia será recibido por mi asistente, aquí lo espero.

Me puse de pie colocándome el saco, abrí la puerta Sienna pegó un pequeño brinco.

—   Señorita Harris, viene subiendo un inversionista por el ascensor haga el favor de ir a recibirlo.

—   Sí… señor.

La observo caminando por el pasillo, tengo que controlarme ¿Por qué esta mujer me enloquece tanto?

Espero la llegada del investigador, un poco ansioso estoy por cruzar una línea de la que no podré regresar.

Aparecen ambos por el pasillo, esperaba a alguien con una elegancia impecable, de traje y corbata o tal vez una especie de seal de la marina.

Es un hombre común y corriente, nadie se come el cuento de que es un inversor.

—   Muchas gracias, ¿Señorita? –Veo como le brillan los ojos al hombre al ver a Sienna.

—   Harris –responde ella con timidez.

—   Señor Acosta, me presento educadamente.

—   Señor Bennette encantado de conocerlo.

—   Sienna no quiero interrupciones, no importa si algo está en llamas.

“Tu pantalón, querido” –Increpa mi mente jugándome una mala pasada.

—   Resuélvelo –finalizo, tragando grueso.

—   Si, jefe.

Cerré la puerta detrás de nosotros.

—   Esa mujer es una hermosura, señor Bennette –espeta el hombre relamiéndose los labios, comienzo a arrepentirme de esto.

—   Lo es y es a ella a quien tiene que investigar –El investigador se paraliza, vuelve la mirada a la puerta y luego a mí.

—   ¿Ella?

—   Sí, es alguien de mi interés un hombre como yo necesita estar al tanto de los detalles de la vida de quien me rodea, es la asistente de presidencia y necesito confiar en ella, quiero saberlo todo hasta el último detalle.

—   No es problema para mí, solo necesito su nombre completo ¿Para cuándo quiere la información?

—   Para ayer –respondo con firmeza y en extrema seriedad–. Kate me indicó que es muy bueno en lo que hace.

—   En realidad soy excelente, ¿Sabe cuál es mi tarifa por la información express?

—   Deme su número de cuenta –Extiende sobre mi escritorio un papel manchado de algo que quiero pensar es una mancha de chocolate, le tomo una foto al papel luego marco el número del gerente de finanzas–. Te acabo de pasar un número de cuenta y el monto que vas a transferir de mi cuenta personal, hazlo ahora.

Cuelgo el auricular y cinco segundos después la notificación del banco llega a su celular.

Cuando ve la cantidad abre los ojos de par en par y luego silva.

—   Me agrada tener clientes como usted, señor Bennette le aseguro que tendrá la información que necesita en cuarenta y ocho horas.

—   Eso espero, Acosta no me gustan las ineficiencias si lo contrato es porque confío en la palabra de Kate.

—   Yo nunca defraudaría a la señorita Kate –Se puso de pie, extendiendo su mano hacia a mí–. Fue un placer saludarlo, señor Bennette lo llamaré para entregarle lo que solicitó.

Le extiendo el sobre con la información de Sienna, él lo toma, cuando va a salir de la oficina lo sigo y me planto en el umbral de la puerta.

—   Hasta luego, señorita –Se despide con una sonrisa lujuriosa echándole una mirada descarada a Sienna noto que espera que yo entre a mi oficina, pero ya me conozco los juegos de los viejos depravados.

—   Sienna, por favor a mi oficina –Le ordenó, una vez que se pone de pie y entra, me interpongo entre él y ella–. ¿Se le ofrece algo más señor Acosta?

—   No, que tenga un feliz día, señor Bennette.

Lo observo hasta que cruza el pasillo y no entro a mi oficina hasta escuchar las puertas del ascensor cerrarse. Cierro la puerta detrás de mí, Sienna se encuentra acariciando a Eros.

Como le tengo envidia a ese perro regalado.

—   Puede volver a su puesto, señorita Harris –Me sigue con ojos confundidos, duda en ponerse de pie y lo hace.

Pero cuando me pasa por el lado, el aroma de su perfume me desarma por completo, eso sumado a las miradas que le echó ese hombre despertaron en mi un nivel de posesión que raya en lo enfermizo.

La detuve tomándola de la muñeca, estaba tan cerca de mí mandé a la mierda el autocontrol. La pegué a mi cuerpo, metiendo mi mano por su nuca y la besé.

A la mierda lo que le había dicho hace un momento. Quería que supiera de una vez por todas lo que despertaba en mí, sentí como intentó apartarme, no se lo permití al contrario intensifiqué el beso obligándola a ceder.

Y lo hizo, respondió a mi beso con la misma intensidad.

Este beso me supo a gloria.

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