Capítulo 14 Entre Engaños Y Amenazas
Sienna.-
Román estuvo evitándome toda la tarde, las solicitudes que me había hecho fueron por correo.
Enfatizando la palabra “Enviar por correo”.
Mi hora de salida había llegado, me paré frente a la puerta tentada a despedirme. Pero me arrepentí.
No tenía por qué ser yo la que diera el siguiente paso o pedir disculpas, fue él quien me besó. No volveré a poner la mejilla nuevamente.
Tome mi bolsa y me fui sin dar aviso.
Durante el camino no dejaba de pensar en ese beso, varias veces en el autobús deslicé los dedos por mis labios cerrando los ojos. Mi boca aún sentía los suyos, fue como si me hubiese tatuado los labios con los suyos.
Caminé de regreso desde la parada. Tenía que pensar en lo que iba a hacer, los abogados pronto comenzarían a llamar de nuevo, el banco también, pero después de descubrir toda esa información sé que no es correcto seguir con ese contrato.
Esa mujer era una mala persona, aunque no es que mereciera morir.
De repente una camioneta negra con los vidrios oscuros, estacionó a mi lado. Los vellos de mi nuca se erizaron y no de buena manera, la puerta trasera se abrió bloqueándome el paso, mis piernas se paralizaron.
— Suba, señorita Harris –Una voz tenebrosa emergió del interior de la camioneta tomándome por sorpresa al escuchar mi nombre en sus labios.
— No lo conozco, no sé quién es.
— Usted no me conoce a mí, pero yo si a usted Sienna así que suba o le ordenaré a mis hombres que lo hagan por las malas.
Miré a mí alrededor, no había nadie a quien pudiera pedirle ayuda.
— Espero no esté pensando en pedir ayuda, créame que no le conviene hacerme enojar, suba –volvió a ordenar elevando un poco más el tono.
No me quedó más remedio que hacer lo que me pidió, se subí a la camioneta, la luz del asiento trasero se encendió dejándome ver la figura de la que provenía la voz tenebrosa.
Un hombre con rasgos árabes y mirada perversa, me miraba con atención mientras fumaba un habano.
— Buena decisión, señorita Harris –Me dice después de exhalar una bola de humo–. Me presento, mi nombre es Hassan Salem el hombre está detrás de su contratación.
— ¡Eh! Disculpe no comprendo.
— El señor Gross y yo tenemos una especie de alianza, ambos tenemos un interés común.
— Román Bennette –murmuré con un deje de nerviosismo.
— Así es, el apellido Bennette es un cáncer en esta ciudad, tienen demasiado poder y hay que frenarlos, no hemos sabido nada de usted pensamos que algo le había sucedido.
— No, ¿Usted dijo que está detrás de mí contratación? ¿Entonces el señor Gross me mintió? Dijo que me había dado todo lo que tenía, para convencerme, pero el dinero es suyo.
— Resultó más inteligente de lo que imaginábamos –mencionó con cierto sarcasmo, como si ser inteligente y siendo mujer no viniera de la mano.
— Es bueno que aparezca ahora, porque finalizo el contrato la hija si es que en realidad es su hija era una persona horrible con los demás y una hipócrita no digo que merezca que haya muerto, pero tampoco merece la justicia al punto de arruinar la vida de otra persona no se preocupe por el dinero esta misma noche lo devuelvo a la cuenta de la que provino.
Iba a bajarme del auto, pero sostuvo con fuerza el brazo.
— No se atreva a jugar conmigo, señorita Harris el contrato que firmó el legal y lo incumple la voy a demandar y el escandalo será tan grande que no habrá lugar en esta ciudad ni en este país para usted, le voy a quitar hasta lo que no tiene, es más creo que lo único que le queda es la casa de su madre ¿No es así?
Abrí los ojos de par en par, olvidando el dolor que me provocaba su agarre.
— Usted no se atrevería
— No me provoqué –siseó muy cerca de mi rostro, el olor a tabaco de su aliento me provocó náuseas–, iré mucho más allá, si quiere que su madre siga viviendo o ese encantador padrastro suyo espero tener noticias suyas muy pronto ¿He sido claro?
Asentí, con mis lágrimas amenazando con desbordarse.
— Ha sido todo un placer conocerla, Sienna.
Me bajé rápidamente alejándome de la camioneta con pasos apresurados, estaba dos calles de mi casa. No pude contener el llanto, me limpié las lágrimas a dos casas de la mía.
La camioneta negra pasó derrapando a toda velocidad a mi lado, una advertencia clara de que sabían exactamente donde vivo y con quién.
Miré la casa de mi madre, la desesperación me llevo a hacer negocios con gente inescrupulosa y muy peligrosa. No puedo creer que ese hombre haya amenazado a mi madre y a mi padrastro.
¿Con qué clase de gente me involucré?
Al salir de la oficina estaba decidida a romper ese contrato, pero no puedo sino mi familia va a sufrir las consecuencias.
De nuevo mis malas decisiones me afectan y afectan a los que amo. Entre engaños y amenazas caí de nuevo en un trampa y esta vez no veía una salida pronta.
No puedo permitir que nada malo les pase. No tengo otra opción que elegir, porque si tengo que optar por un lado escogeré mantener a salvo a mi madre.
