Capítulo 17 Sayona Pelirroja
Sienna.-
Entré a la oficina de Román dispuesta a ser indiferente y sensual al mismo tiempo, pero no esperé encontrármelo con la respiración agitada mirándome como si estuviera viendo un fantasma.
— Sí –respondió, escaneándome de arriba abajo sin ningún reparo–. Estoy bien, solo un poco cansado.
Terminó de decir limpiándose el sudor con su pañuelo blanco. Aproveché el momento para iniciar el coqueteo, quería tantearlo y confirmar la atracción que hay entre nosotros.
Me incliné levemente deslizando sensualmente la taza hacia él, sabía que él podía ver mi escote y mi cabello moviéndose seductoramente hacia adelante.
— ¡Ay dios! –Susurró, con un pequeño jadeo.
— Su café, jefe estaré afuera por si me necesita –Me alejé contoneando mis caderas, colocando mi cabello a un lado dejando expuesta la curvatura de mi cuello una sutil provocación, que siempre resultaba.
Podía sentir sus ojos clavados sobre mí, era justo lo que esperaba. Cerré la puerta detrás de mí, sonriendo con malicia.
— Y el día apenas comienza.
Durante toda la mañana usé cualquier excusa para entrar a la oficina de Román, pero lo único que logré era que desviara su mirada o me ignorara.
Golpeé el bolígrafo frenéticamente sobre mi escritorio, drenando mi frustración. La puerta se abrió, haciéndome pegar un pequeño brinco.
— Sienna, trabajaré desde casa hoy, no regresaré –Anunció sin mirarme, acompañando de Eros.
— Uhm… ¿Es todo? Señor –No tuve respuesta, se alejó rápidamente perdiéndose ante mis ojos.
Levanté los brazos, sin entender los cambios de humor de este hombre.
Entonces caí en cuenta, de algo. Me contrataron por ser pelirroja, porque son su debilidad.
No me había preguntado esto antes ¿Acaso me parecerá a ella?
¿A la mujer que murió? Su… esposa.
— Necesito más información, por suerte ya era la hora del almuerzo.
Me coloqué el abrigo, porque no iba a desfilarme con este vestido por toda la empresa, solo quiero la atención de un solo hombre y ese acaba de salir huyendo de mí como si fuera una sayona pelirroja.
Entré al comedor, noté algo que no había notado el día de ayer. Todos me miraban.
— Hola, segundo día y te dejaron venir a comer estás avanzando.
— Mi amiga… hola, disculpa me siento incómoda al no saber tu nombre no recuerdo que me lo dijeras en la entrevista.
— Cierto, soy Karina te ves bien hoy ¿No tienes calor con ese abrigo? –preguntó mirándome de arriba abajo –Negué en silencio.
— Hace mucho frío allá arriba, uhm… ¿Por qué todos me miran como si fuera un bicho raro?
Karina pareció sentirse incómoda ante la respuesta. Lo que ella no sabe es que con su silencio me confirmó lo que sospechaba.
— No lo tomes a mal, es solo que te pareces a… la esposa muerta del jefe, de la que te hablé ayer ella era pelirroja, pero con los ojos más claros se dice que el jefe tiene cierta… obsesión por las mujeres de tu perfil.
Fingí sorpresa ante la información, me coloqué la mano sobre el pecho con una expresión algo exagerada.
— No lo sabía –Mentí nuevamente con descaro.
— ¿Él no ha intentado…ya sabes?
— No, no, por supuesto que no –respondí, esforzándome por sonar convincente–. Él ha sido muy respetuoso, formal y profesional.
— Eso es bueno, quiere decir que ha aprendido de sus errores –Me quedé en silencio sintiéndome ofendida ¿Por qué por ser pelirroja tengo que tener tan mala fama? –Perdón, no quise ofenderte no digo que tú seas como ella.
— Está bien ¿Ella fue su asistente? –aproveché su momento de indiscreción y la leve ofensa para sacar más información.
— No, que va, ella era “modelo” se conocieron en un evento de esos donde los millonarios buscan dos cosas, prospectos de esposa o alguien que les abra las piernas por una noche para descargar su estrés por tanto dinero que tienen –Bromeó con sarcasmo–. El punto es que Eliza, lo vio y de inmediato le clavó las garras, el jefe puede ser un gruñón pero creo que es un romántico.
— ¿Y cómo murió? Si era la esposa del jefe, debió ser muy joven.
Karina se inclinó, para susurrar sin que nadie más nos escuchara.
— Ella consumía opioides, según era adicta cuando conoció al jefe ya no consumía, pero… no sé si la presión por la señora Nancy queriendo que ellos terminarán fue lo que usó como excusa para volver a consumir y… lo llevó al extremo.
— ¿Hablas de… sobredosis? –Karina asintió haciendo silencio y mirando a todos lados.
— Pero, el papá de Eliza no lo creyó vino aquí unos días después de la muerte de su hija y armó un escándalo culpando al jefe de su muerte, después de eso la seguridad se redobló esta empresa se llenó de policías interrogaron al jefe durante horas.
— ¿Crees… qué fue él? Opinión personal, a mí no me lo parece, pero tú tienes más tiempo conociéndolo.
— Si te soy sincera, no pienso que él lo haya hecho, pero la señora Nancy… no sé, ella odiaba a esa mujer cada vez que ambas estaban aquí todos queríamos huir, por un lado estaba el jefe defendiendo a su mujer y por la furia de la señora Nancy si las miradas matarán esa mujer habría estado muerta hace mucho.
— Pero… fue una sobredosis ¿Cómo ella?
— Mira no sé, la muerte de esa mujer fue extraña porque nunca la vi drogada ni nada, ella siempre se presentó de punta en blanco que tomara esa decisión de repente teniendo el apoyo de su marido siempre, no es por nada pero fue como extraño.
— Ahora entiendo porque me odió apenas me vio.
— ¿Conociste a la señora Nancy?
— Sí, el segundo día sentí que me quería matar, fue bastante incómodo.
— Ahora ves la importancia de mi advertencia, la señora Nancy no es una mala persona, pero cuando el jefe tuvo el accidente… eso la cambió, se volvió odiosa y despareció de la empresa viene cada tanto a vigilar al jefe y las mujeres que aquí trabajan, no te engañes no significa que no esté pendiente de su dinero, bueno ya vámonos a trabajar.
Me despedí de Karina, con los pensamientos en total caos. Tal vez Román sea inocente por la muerte de su esposa, pero su abuela… pude sentir el poder que tiene esa señora, lo implacable que es.
Si ella fue capaz de hacer eso… ¿Román lo sabrá? ¿Habrá aceptado que su familia atentara contra la vida de la mujer que él decía amar?
