Capítulo 19 ¿Me Tienes Miedo?
Román.-
Estuve meditando este plan toda la noche. Era lo único que le podía ofrecer a Sienna.
Si las sospechas de que la abuela haya asesinado a Eliza resultaran ser ciertas, tengo que mantenerla a salvo no solo del escrutinio público, sino de los secretos y engaños que conlleva involucrarse con mi apellido.
Preparé un día perfecto para ambos, alejados de la vista de todo el mundo. Aunque la oficina nos ofrece un espacio seguro y privado, quiero ofrecerle tanta comodidad y lujo como este acuerdo lo permita.
Mantuve la puerta de mi oficina abierta esperando su llegada. No esperé mucho tiempo, el aroma de su perfume del filtró por mi oficina anunciándome su llegada.
Fijé mis ojos en el ordenador.
— Buen día, señor Bennette –La manera en como menciona mi apellido le envía una corriente a mi entrepierna que me hace tensarme recordando las imágenes de mi sueño.
— Buen día, Sienna ¿Puede venir un momento? –Joder el vestido que llevaba hoy estaba hecho para ser hecho añicos, llevaba medias negra y la abertura del vestido me dejó sin aliento, ella soltó un pequeño suspiro alisándose la falda.
— Señor –Bajé la mirada a sus labios carnosos y rosados que eran una tortura.
— Hoy no trabajaremos en la oficina –anuncié aclarándome la garganta enfocándome en sus ojos, son del color de la avellana y unas pestañas rojizas muy rizadas –Haremos un viaje.
— ¿Un… viaje? N…no tengo cosas aquí para viajar.
— No necesitará nada –me apresuro a responder lo que la deja en silencio, confundida.
— Voy a necesitar mis…productos personales.
— Vaya y haga las compras que necesite hacer, deslizo mi tarjeta sobre el escritorio, la espero aquí a la una.
Parpadeó varias veces, se veía contrariada.
— No, necesito su tarjeta ¿Entonces puedo irme?
— Sí, vaya y compre lo que necesita ¿Segura que no necesita mi tarjeta?
— No, señor –frunció el ceño, levantándose de la silla lentamente.
— Recuerde a la una, no me gustan los retrasos.
Dije sin levantar la mirada de los documentos que estaba fingiendo firmar, cuando se cerró la puerta expulsé el aire que tenía contenido, cerré los ojos disfrutando del aroma de su perfume impregnado en mi oficina.
Saqué de la gaveta el sobre que contenía el contrato que redacté para la propuesta de esta noche.
Sienna.-
Salí de la oficina, sin saber cómo reaccionar a lo que acaba de pasar.
¿Un viaje? ¡¿Qué carajos?! Me senté un momento para procesar lo que él acaba de decir.
— ¿Cómo voy a viajar sin ropa interior? –recuerdo sus palabras cuando dijo no necesitará nada más ¿Se volvió loco? Necesitaba salir de ahí tomé mi cartera y me fui a comprar lo que necesito para ese viaje relámpago.
(…)
Regresé tal y como lo ordenó el… señor, compré las cosas necesarias más una pequeña maleta de mano.
Me preocupé al ver el saldo de mi cuenta bancaria. Este gasto no estaba previsto y aún faltaba una semana para cobrar.
Estuve tentada a usar el dinero del farsante del señor Gross. Pero, no lo hice.
Así me esté muriendo no usaré el dinero de un delincuente que usa la muerte de su hija para engañar a los demás, por algo la hija era como era de tal padre tal astilla.
El siguiente paso era informarle a mi madre que cuidara de Athena, ya podía escuchar sus alaridos aunque es de esperar viajes de trabajo con mi jefe ¿O no?
Pensé en el auto que se encontraba cerca de mi casa, esperaba que solo fuera una paranoia de mi parte.
— ¿Estás lista, Sienna? –Mi jefe apareció de repente como un fantasma, pero mi preocupación aminoró el susto que él me pudiera dar con su repentina presencia.
— Sí, señor solo avisaba en mi casa que no llegaría y el cuidado de mi perra –Dije observando que traía a Eros.
— En otro momento le diría que la lleváramos, pero tengo urgencia por llegar y cerrar el negocio que tengo en mente, vámonos.
No sé porque, pero este hombre comenzaba a asustarme. No quiero pensar que me haya descubierto, si me dejo llevar por la apariencias del hombre que me interceptó ayer asumo que no pretende ser descubierto así nada más.
Llegamos al estacionamiento, el chofer ya tenía la puerta abierta para nosotros me subí primero sintiendo nervios por primera vez ya que estábamos muy cerca.
— ¿Puedo preguntar a dónde iremos? –Me esforcé porque mi voz no temblara.
— ¿Me tienes miedo, Sienna? ¿O no confías en mí? –Preguntó muy cerca de mi rostro haciéndome tragar grueso.
— No, no le temo ¿Por qué le tendría miedo? –pregunté mirándolo fijamente, él no desvió la mirada solo se quedó en silencio y sonrió luego miró mis labios dando un respiro largo alejándose.
— Serías la primera, todo el mundo me tiene miedo y no respondiste la segunda pregunta ¿No confías en mí?
— Apenas lo conozco –miré hacia el chofer que ya había puesto en marcha el auto, no quería que escuchara nuestra conversación y como si Román leyera mis pensamientos presionó un botón y subió la mampara dándonos privacidad.
— ¿Decías?
— No lo conozco, sé que… hemos traspasado algunos límites en tan poco tiempo y no, no confío en alguien que me trata como si quisiera matarme un día y al otro me besa y luego al otro me ignora ¿Usted lo haría?
Él solo asintió en silencio y sin mirarme.
— Veremos si después de esta noche, sigues con esa desconfianza.
Fue lo único que dijo antes de colocarse sus auriculares, apoyó su cabeza en el espaldar del asiento cerrando los ojos. Dejándome confundida.
¡¿Y eso qué diablos que significa?
