Capítulo 20 ¿Una Cita?
Nueva York.-
Sienna.-
No puedo creer que hayamos venido precisamente a esta ciudad, ahora si comienzo a sentirme nerviosa.
Este viaje, tan repentino, Román parece distante y misterioso.
En definitiva me descubrió.
Miré hacia abajo desde el balcón de la suite de lujo del hotel St. Regis. Alguien tocó a mi puerta, el estómago se me fue al piso.
— ¿Habrá llegado el momento de mi ejecución? –Cuando abrí la puerta, no era la persona que esperé, había una empleada del hotel lo sé porque llevaba ese hermoso uniforme de color azul marino en sus manos llevaba bolsas con marcas de lujo.
— El señor Bennett pidió que se le entregara esto –colocó las bolsas en el piso–. Junto a esta nota.
No dijo nada más solo se dio la vuelta y me dejó ahí con la mano extendida y una nota en la muerta que seguro dictaminaba mi sentencia. Lo único que no comprendía era las bolsas de diseñador, las tomé y cerré la puerta.
Las manos me temblaban al ver esa nota, no quería saber lo que había en su interior, pero… no me quedaba de otra que enfrentar la realidad.
“Te espero esta noche a las nueve en la azotea del hotel, piso 20, debes ir vestida de acuerdo a la ocasión me tomé el atrevimiento de elegir tu vestuario, espero sean de tu agrado. Atentamente Román Bennette P.D. Exijo Puntualidad”
¿De acuerdo a la ocasión de qué se trataba todo esto?
Miré dentro de la bolsa dorada había un precioso vestido de seda negro con tirantes brillantes, el detalle en la espalda era espectacular se notaba que era muy ceñido al cuerpo.
— ¿Qué será lo que quiere este hombre de mí? Seguro me quiere lanzar del piso 20 de este lujoso hotel –me tumbé sobre la cama con el vestido en mis manos, esto podría ser la ilusión de cualquier mujer debería estar feliz, pero en mi caso… solo podía morirme de miedo ¿Por qué escogió precisamente Nueva York? Creo que ya no había dudas me había descubierto.
Podría salir corriendo y huir, pero conociéndolo habrá colocado a mil hombres en cada puerta asegurándose que no pudiera escapar y con esta melena roja que me delata.
— No voy a mentalizarme nada, iré y… veremos qué pasa no me queda de otra estoy atrapada, sí me descubrió le explicaré todo así de sencillo.
(…)
El vestido se veía mucho mejor puesto que en el gancho, ajustaba perfectamente cada parte de mi cuerpo, aunque resultaba un poco perturbador que mi jefe supiera exactamente la talla, ni siquiera falló en los tacones.
En una pequeña bolsa de color negro había una caja de terciopelo del mismo color, en el interior se encontraba un precioso y muy extravagante collar de diamantes que hacían juegos con unos aretes, me tapé la boca del asombro.
— ¡¿Qué carajos?! ¿Será que como venganza quiere acusarme de robo? –Me sentí abrumada, muy asustada miré la hora que marcaba mi teléfono solo me quedaban veinte minutos tenía que salir en poco tiempo, había exigido puntualidad eso significaba que debía llegar diez minutos antes.
Me coloqué el collar y los aretes, deslicé mis dedos por mi cuello contrastaba muy bien con las pecas de mi pecho.
— Sal de esta fantasía, Sienna, enfócate.
Tomé mi teléfono, el chal y la pequeña bolsa plateada y salí de la habitación, cada paso que daba se sentí muy pesado y comenzaba a faltarme el aire. Cuando la puerta del ascensor se abrió había un botones esperándome.
— Señorita Harris, yo la llevaré al piso 20 –anunció extendiéndome su mano.
Miré como los números se movían rápidamente, quería desmayarme y no volver a despertarme, cuando el timbre anunció mi llegada un nudo se formó en mi estómago.
Las puertas se abrieron, nuevamente el botones me ayudó a salir, la brisa era un poco fría, me cubrí los hombros con el chal.
La azotea del hotel estaba adornada con luces, se había convertido en un espacio privado donde un trio en una de las esquinas tocaba el violín, caminé lentamente buscando a mi jefe, mis ojos lo encontraron rápidamente estaba de pie con un traje elegante de color negro, observando la hermosa vista de la ciudad.
Me aclaré la garganta anunciando mi llegada, él se giró lentamente sus ojos me escanearon por completo deteniéndose en mi cuello y mi escote, ya que era un poco revelador.
— Buenas noches, Sienna –comento con una sonrisa que hizo vibrar todo mi cuerpo.
— Buenas noches, señor Bennette –respondí esforzándome por no sonar nerviosa.
— Esta noche solo quiero ser Román para ti, quiero que sea especial espero que tengas mucha hambre –mencionó acercándose y ofreciéndome su brazo.
Me guió hasta una hermosa mesa para dos, todo estaba perfectamente planificado como si estuviéramos en una ¿Una Cita?
