Capítulo 26 Sacarla De Nuestras Vidas
Nancy Bennette.-
— Te ves alterada abuela –Mi nieta Nia entró con una bandeja de té en la mano.
— Es Román –Ella eleva la mirada frunciendo sus labios–. Creo que está deslumbrado con su asistente y eso me preocupa, no puedo permitir que caiga de nuevo en garras de otra interesada.
— ¿Qué tiene de especial esta mujer que te preocupa tanto?
— Es pelirroja –Nia rodó sus ojos hacia arriba–. Y me enfurece aceptarlo, es una chica muy hermosa si se lo propone puede conquistarlo mucho más de lo que lo hizo Eliza.
— Abuela, eso y esto se habría podido evitar si lo hubieses obligado a casarse con alguien, escoger una pareja que tú pudieras controlar.
— Eso sería correr un riesgo, Nia y lo sabes dejar que un extraño ingrese a nuestra familia es dejar el secreto más importante que tenemos al descubierto ya muchos ojos están sobre nosotros quiero minimizar los chismes, los rumores, las sospechas hasta que…
— Hasta que se cumpla lo que dijo el médico –finalizó ella con decepción y tristeza.
— Sí y no –Me miró fijamente–. Aún no hemos descubierto al culpable por el ataque que sufrió Román, si se atrevieron a eso… es porque están dispuestos a acabar con nosotros, no hay sospechas, el miserable o los miserables se ocultan muy bien no dejaron ningún rastro, pero tengo que encargarme de una cosa a la vez y me enfocaré en alejar a esa mujercita de Román no sé cuáles sean sus verdaderas intenciones y algo me dice que no llegó por casualidad.
— Bueno ya te deshiciste de una la primera vez tienes el poder y el dinero para hacerlo de nuevo.
— Podría pensar de esa manera querida nieta, pero… Román está revelándose, se está cansando de dar y dar, de nuestras exigencias.
— Pero, esta familia también le ha dado mucho abuela, Román debe ser agradecido con lo que se le ha dado sabe que lo más importante es guardar el secreto, yo no he podido ni siquiera estudiar una carrera o hacer una vida normal, no puedo tener un novio si yo he cumplido tus reglas él debe hacer lo mismo.
Miré a Nia, ella tiene razón los pocos miembros que quedan de esta familia han sacrificado mucho de sus vidas para sobrevivir a las exigencias que mi difunto esposo dejó en su testamento.
Y después de tanto esfuerzo no dejaré que una cualquiera llegue para arrebatarnos a todo y ponernos en peligro.
Ya me deshice de la adicta de Eliza y aunque su padre haya estado revoloteando investigando, acusando y buscando respuestas parece finalmente rendido y entendido que con los Bennette nadie se mete.
Él pensaba y piensa que su hija era una santa paloma, inocente, por error la maldita descubrió nuestro secreto en un descuido, me encargué de poner sobre ella tanta presión que la llevé a consumir de nuevo creí que cometería un error y si lo hizo, pero me jugó en contra no tuve más remedio que deshacerme de ella, era una drogadicta y para la policía no fue sorpresa suponer que la presión por ser la esposa de un magnate la llevó a consumir de nuevo y me ayudó el que Román no tuviera idea al principio de que se había fijado en una adicta.
Pero, algo me dice que esta tal Sienna es una mujer diferente, no parece ser alguien débil, al contrario se ve que es una mujer inteligente no puedo atacarla directamente sino levantaría las sospechas en Román y no podría evitar que todo se vaya al demonio para todos nosotros incluyéndolo a él mismo.
Por ahora dejaré que viva sus fantasías con su nuevo juguete, pero de que la saco de nuestras vidas la saco.
La idea de Nia de buscarle una esposa que pueda controlar aunque arriesgada es… tentadora solo tengo que hacer unos cambios.
Román.-
El ventanal de piso a techo de mi suite en el St. Regis ofrecía una vista panorámica e imponente del Central Park, sin embargo la belleza de la ciudad no logró desviar mi atención del whisky que giraba despacio en mi vaso.
El hielo chocaba contra las paredes del recipiente con un tintineo seco, llevando el mismo ritmo irregular que el pulso que me golpeaba en las sienes.
Esta era la primera noche.
El inicio formal de nuestro acuerdo.
Desde lo ocurrido esta tarde en el probador de la tienda, la urgencia de poseerla se había transformado en una necesidad física casi dolorosa.
La imagen de ella ahogando un gemido sobre el espejo, con la piel erizada y la seda transparentando sus encantos, se me había quedado grabada a fuego en los ojos.
Necesitaba tenerla entre mis brazos, sin telas de por medio, sin las barreras de mi oficina, entregada por entero al pacto que habíamos firmado.
El chasquido de la puerta de mi habitación al abrirse rompió el silencio de la suite. Me giré despacio dejando el vaso sobre la mesa.
Escuché los tacones golpear el mármol, la vi quitándose el abrigo largo y el aliento se congeló en los pulmones.
Avanzó con un paso incierto hacia el centro llevando uno de los conjuntos que yo había elegido, un corsé de encaje negro profundamente calado, unido al liguero delicado que sujetaba unas medias de seda fina hasta mitad del muslo.
El contraste ente la palidez de su piel y el tono rojizo encendido de su melena suelta cayendo sobre sus hombros era una combinación perfecta.
Había una sombra de vulnerabilidad en sus ojos marrones, pero también un destello desafiante de quien ha decidido cruzar un punto de no retorno.
— ¿Esto es lo que esperabas ver? –preguntó en un susurro grave, deteniéndose a pocos pasos de mí.
Caminé hacia ella como un depredador que quiere acorralar su presa, cada centímetro que recortaba aumentaba la temperatura no solo de la habitación, sino de mi cuerpo.
— Superas cualquier expectativa que pudiera haber imaginado, Sienna ¿Estás lista para nuestra primera noche?
