Capítulo 28 ¡No Soy Una Máquina!

Sienna.-

Me giré para mirarlo, sintiendo como la frustración y la rabia contenida me encendía la sangre.

—   ¡No es tan simple como un contrato, Román! –Exclamé, sosteniéndole la mirada con intensidad–. ¡No soy una máquina! a la que le apagan las emociones con una firma en un papel, anoche fue… fue intenso, fue algo que nunca había experimentado y me aterra.

Una chispa de algo que no pude indescifrar de inmediato, tal vez vulnerabilidad, tal vez sorpresa, cruzó por los ojos de Román antes de ser sepultada de nuevo bajo su semblante impenetrable.

—   Te aterra porque ahora quieres tener el control de tu vida, Sienna –Dijo inclinándose hacia a mí hasta que nuestros rostros quedaron a escasos centímetros de distancia–. Sé que algo como esto te pone en riesgo, a ambos de que los sentimientos se desborden.

—   Me aterra lo que esto significa –corregí en un susurro cargado de dolor silencioso, finalmente procesando lo que este acuerdo significa para mí –Me aterra la facilidad con la que compraste mi presencia en esta cama, para ti es solo un acuerdo, una transacción donde tienes el poder y yo soy la empleada que aceptó venderse para saldar sus deudas.

Román apretó la mandíbula, su mano subió de golpe y tomó mi mentón con firmeza obligándome a sostenerle la mirada, sus ojos ardiendo con un fuego oscuro.

—   No vuelvas a decir que te vendiste –Sentenció con una voz grave y pausada que sonó como una orden –Si estás en esta cama no es solo por el dinero, Sienna estás aquí porque me deseas tanto como yo te deseo a ti, te vi temblar anoche bajo mis manos, sentí como te entregabas a mí sin reservas.

Tragué saliva, incapaz de refutar la veracidad de sus palabras, su proximidad volvía a desarmarme, amenazando con sofocar la poca cordura que me quedaba.

—   Esto es un juego peligroso, Román –musité, bajando la vista hacia sus labios–. Y temo que ninguno de los dos salga ileso de esto, debí haberlo pensado mejor antes de firmar.

Román soltó mi mentón, pero no se alejó. Deslizó sus dedos por la curva de mis hombro desnudo, trazando un camino de fuego sobre mi piel.

—   Entonces juguemos hasta las últimas consecuencias –susurró contra mi boca antes de volver a atrapar mis labios en un beso hambriento que sepultó todas mis dudas.

(…)

Después de tener sexo dos veces más, me obligué a regresar a mi habitación había olvidado mi celular allí.

Al revisarlo vi que tenía cinco llamadas de mi madre y… otras de un número desconocido sentí náuseas.

—   Mamá, hola perdón que no te respondí he tenido mucho trabajo –mentí con dificultad.

—   Sé que eres una mujer adulta y divorciada, pero ahora vives en mi casa y de paso me dejaste al cuidado de tu perra no vuelvas a desaparecerte así.

—   Lo siento y tienes razón, madre hoy regresaré a Cleveland y comenzaré a buscar un lugar para mí y Athena.

Lo siguiente que escuché fue… nada, silencio total e incómodo.

—   ¿Ma…má? ¿Sigues ahí? –pregunté alejándome el teléfono de la oreja para verificar que siguiera la comunicación.

—   Ni siquiera has cobrado tu primer pago ¿Quieres endeudarte más?

—   Tú lo dijiste, soy una adulta y tengo que asumir mis asuntos, tú ya tienes tu vida y yo estoy interviniendo lo que menos quiero es molestarte, ma.

De nuevo silencio incómodo.

—   Hablaremos cuando regreses –solo tres palabras y la llamada se colgó.

Ahora que tengo esto… lo que sea que tenga con… Román necesito privacidad.

Además no dejo de pensar en Hassan ese hombre parece estar dispuesto a todo con tal de destruir y lo mejor será que me aleje de mi madre, puedo hacerle creer que no me importa para no arriesgarla más.

(…)

El camino al aeropuerto privado fue silencioso, mis pensamientos estaban revueltos y mis emociones aún más. No pensé que cada vez que estuviera con él fuera más y más intenso.

Es como si la conexión sexual que tenemos se reforzará y no es lo que conviene cuando solo es un contrato con fecha de caducidad.

Di un respingo cuando Román tomó mi mano acercándola a sus labios para besar el dorso en un gesto repentino, sin aviso, tierno y para nada esperado.

—   ¿Sigues dudando? –preguntó con la mirada fija en la mía –No te obligaré a nada Sienna.

—   No pensaba en eso –mentí esperando sonar convincente–. Ahora que… firme ese acuerdo estaba pensando que lo más conveniente sería mudarme de la casa de mi madre, ella nunca aprobaría esto y… tampoco espero que lo sospeche.

—   Me parece bien, yo podría ayudar con eso –Ofreció, como si se tratara de un negocio más y me esforzaba por que no me afectara.

—   No te lo digo para que me ayudes o creas que me estoy aprovechando de este acuerdo es solo para que estés al tanto.

—   Nunca expresé que opinara eso, pero si estoy de acuerdo con tu decisión vamos a necesitar un lugar… discreto te prometí que te trataría bien y eso incluye tratarte como una reina, me encargaré de buscar un lugar que cubra las expectativas de ambos.

Se acercó a mí dejando un beso en mis labios, de inmediato el revoltijo de pensamientos se disolvió, aunque no dejaba de sentirme como una prostituta.

—   Un auto estará esperando en el aeropuerto cuando lleguemos a Cleveland para que te lleve a casa, yo tengo unos asuntos que resolver.

—   ¿Puedo preguntar que asuntos? –pregunté tratando de indagar, pero Román solo sonrió sosteniendo mi mentón suavemente.

—   Acordamos que nos daríamos explicaciones, Sienna, no somos pareja.

—   Por supuesto –Respondí, esforzándome por ocultar lo mucho que me afectaron esas palabras era evidente que para Román solo soy una fantasía sexual de la que en cualquier momento se cansaría.

Es contradictorio su manera de actuar, dice que me tratara como una reina pero luego no deja de recordarme que solo soy un cuerpo al que podrá follarse por un año cuando desee.

Y es por eso que debo obligarme a no sentir nada por él, recordar que ¡NO PUEDO ENAMORARME DE ROMÁN BENNETTE!

Capítulo anterior
Siguiente capítulo