Capítulo 30 Secuestro
Sienna.-
Tenía el estómago pegado al espinazo cada vez que el auto se acercaba a mi calle. Esperaba no ver la camioneta negra cerca de mi casa de nuevo.
El chofer de Román me miraba a través del espejo retrovisor, no quería que se notara mi nerviosismo.
— Es la casa con el tejado de color negro –Le informo, dándole una sonrisa amable, mientras desviaba mis ojos hacia los pocos autos estacionados en la calle.
Exhalé lentamente cuando no vi ninguno de color negro, me sentí profundamente aliviada, seguramente el tal Hassan lo único que quería era asustarme. Cosa que consiguió, pero no creo que sea un delincuente que mate a personas por mera diversión.
¿O sí?
— ¿Señorita? –Salí de mis pensamientos al ver que ya estábamos estacionados en la entrada de la casa de mi madre–. ¿Se siente bien?
— Sí, claro gracias por traerme, es solo el cansancio, gracias.
Balbuceé nerviosa, preguntándome ¿Cómo le hacen las personas que tienen una doble vida? Yo estoy a nada que me dé un colapso.
Observé el auto alejarse y eché una última mirada hacia la calle. No había nada sospechoso.
Me giré para entrar a la casa, justo cuando levanté el pequeño gancho de la cerca oí cuando unos neumáticos derrapaban sobre el asfalto.
Fue algo repentino, de pocos segundos. Una tela oscura me nubló la vista, sentí cuando me levantaron del suelo y me tiraron hacia algo apenas salió de mi garganta un pequeño grito ahogado por el miedo.
— La tenemos, arranca –Una voz desconocida, ordenó y mi cuerpo se paralizó por completo.
— ¿Quiénes son ustedes? ¿Qué es lo que quieren? Yo no tengo dinero, se están equivocando de persona –Hablé sin detenerme, estaba segura que esto era una equivocación y me soltarían apenas les dijera.
— No, cariño eres exactamente la persona que estamos buscando y serás mejor que estés calladita al jefe no le gustan las habladoras.
Dijo el hombre que le ordenó al que conducía que arrancara, sentí pánico y frustración, maldije una y mil veces.
Después de todo lo que me ha pasado, ¿Por qué a mí?
El auto se detuvo, la tela que cubría mi cabeza se expandía y se contraía con mi respiración agitada, escuché la puerta abrirse y sin ninguna delicadeza me halaron por los pies.
Forcejeé varias veces, intentado escapar.
— ¡Quédate quieta! –Susurró uno de ellos en mí oído con una voz espantosa, apretando con tanta fuerza que me lastimaba–. No colmes mi paciencia.
— Siéntenla.
Me lanzaron a una silla que crujió debajo de mí, estaba asustada no sabía de qué iba todo esto ¿Me matarían? ¿Me estaban confundiendo con alguien?
Mis respuestas se responderían en el momento en el que sentí que me arrebataron la capucha negra. La luz me lastimó las pupilas de inmediato, me aferré a la silla con las náuseas subiéndome por la garganta.
— Señorita Harris, bienvenida a mis… aposentos –La imagen de Hassan se hizo clara de inmediato, caminó hacia a mí con sus manos cruzadas delante de su cuerpo y una sonrisa malévola.
— ¿Por qué está haciendo esto?
— Le advertí por las buenas que si no cumplía con su parte del trato, cosas malas le sucederían.
— ¡No he conseguido nada! ¿Por qué creen que Román está dónde está? No es estúpido, no dejarías las evidencias a simple vista para que cualquiera las encontrará, yo ya no quiero hacer esto puedo renunciar mañana mismo y puedo devolverle su dinero completo porque ni siquiera lo he tocado.
Hassan se agachó colocando su rostro frente al mío con una mirada tan intimidante que me hizo sentir como una hormiga.
— ¿Por qué es tan terca?
— Es… usted… el que no quiere entender ¿Qué pasa si Román es inocente de lo que se le acusa? ¿No han pensado en eso?
— ¡ES CULPABLE! –el grito de Hassan retumbó en las paredes, paralizándome –Pero tiene un punto, señorita Harris cambiemos las condiciones de nuestro trato.
Alcé la mirada, observándolo con una mezcla de sorpresa y miedo.
— Quiero que me mantenga al tanto de las negociaciones del a Bennette Company con los empresarios en Nueva York y su alianza comercial con los Suizos –Exigió, mientras se colocaba unos guantes negros, obligándome a intentar fundirme en la silla haciendo que mi cuerpo temblara.
— Aún no tengo información sobre esos negocios –Hassan movió su dedo de lado a lado.
— ¿Y qué estuvieron haciendo en Nueva York? –Me sonrojé bajando la mirada–. ¡Oh! Entiendo, resultó ser toda una zorra señorita Harris, pero en vez de complacer a Román Bennette debería esforzarse más en complacer a su verdadero jefe.
Tomó un mechón de mi cabello y se lo acercó al rostro inhalando su aroma.
— Ahora comienzo a ver el fetiche que siente mi enemigo por las mujeres como usted, son todo un espectáculo nunca he tenido a una pelirroja en mi cama –Acarició mi rostro con su mano enguantada, tocó mi labio con su pulgar.
— Por favor, no haré lo que me pide.
— Lástima, ya comenzaba a hacerme a la idea de pasar un buen rato con usted esperó los primeros informes en cuarenta y ocho horas, ni un minuto más, ni uno menos porque si no, comenzaré por esa adorable golden retriever que se encuentra en la casa de su madre ¿Cuál es el nombre? ¿Athena?
Y las primeras lágrimas comenzaron a salir.
— Llévenla de regreso a su casa, estaremos en contacto señorita Harris –Los hombres de Hassan me levantaron de la silla sujetándome por los brazos de manera brusca.
Había sellado mi sentencia con este hombre, pensé que lo que había vivido con Oscar era lo peor que me pudiera pasar y me equivoqué.
Ahora no sé cómo salirme de este lío sin poner en riesgo a mi madre, a mi padrastro, a Athena incluso a mí misma.
— Bájate –ordenó uno de los hombres lanzando mi maleta hacia la acera.
Temblando obedecí, me había dejado a una cuadra de la casa de mi madre. La calle estaba sola, no había una sola persona que haya presenciado mí secuestro.
Tengo una decisión que tomar, pensé mientras regresaba a mi casa. ¿Traicionar a Román para proteger a los míos? ¿O confesarle la verdadera razón por la que llegué a su vida?
