Capítulo 31 Un Compromiso, Un Matrimonio

Román.-

—   Acordamos que no volverías a este lugar –mencionó mi madre mirándome fijamente, la parte baja de sus ojos estaban adornados por unas enormes ojeras oscuras, su cabello desteñido y sin vida, el paso de los años y el encierro han atenuado las arrugas de su frente al igual que la palidez de su piel–. Si Nancy descubre que viniste.

—   No me importa, he hecho todo lo que me ha pedido hasta ahora es ella la que está en deuda conmigo.

—   Hijo –Tomó mis manos a través de la mesa, de reojo noté como una guardia dio un paso adelante, el contacto físico no estaba permitido en las visitas–. No tientes tu suerte, tenemos mucho que agradecerle.

—   Yo ya le he agradecido mucho dejando que decida mi vida y mi futuro, mamá igual no estoy aquí para hablar de Nancy, vine a saber cómo estás dentro de lo que cabe.

Dije mirando a mi alrededor a las guardias y el lugar con poca iluminación y bastante tétrico.

—   Como te dije la última vez que viniste, estoy bien –respondió las mismas palabras de siempre, sé que nadie puede estar bien dentro de un lugar como este–. Háblame de ti, te ves… diferente, tienes un brillo en la mirada ¿Estás saliendo con alguien?

—   No, sí me estoy viendo con alguien, pero no es como lo imaginas es solo un acuerdo de… diversión y placer nada más.

Tenía confianza con mi madre al hablar de estas cosas, sin embargo no pretendo soltar detalles. Nancy cree que soy estúpido, pero estoy enterado que ha estado visitando en secreto a mi madre ¿El motivo? Mantenerse informada de cada uno de mis movimientos, por eso voy a mantener en secreto lo que tengo con Sienna.

—   Quisiera que consiguieras de nuevo el amor, hijo.

—   Mamá el amor no se hizo para mí, solo busco satisfacer una necesidad biológica y la verdad no me interesa volver a enamorarme.

—   ¿Sigues pensando en Eliza?

—   Sí –mentí–. No habrá otra mujer nunca, más que solo para que sea mi amante y nada más, mientras siga siendo un Bennette la prioridad es mantener el orden y el control de la familia.

—   Lamento haberte puesto en esta situación –su voz se quebró, su mirada llena de vergüenza y frustración–. Fui egoísta, solo pensé en mí y tú pagaste el precio.

—   Solo te queda un año y saldrás, es lo que importa.

—   ¿Y eso de que sirve? No podré estar cerca de ti, se lo prometí a Nancy a cambio del acuerdo y la rebaja de pena.

—   No te preocupes, esto acabará pronto.

Me despedí de mi madre, caminé por el pasillo y me espera una guardia del penal, Tyra una mujer robusta con carácter y mi informante en este lugar, además de encargarse de la seguridad de mi madre.

La abuela Nancy a pesar de su aspecto de abuela de película no es para nadie tierna es una mujer a la que hay que temer y no subestimar.

Sé perfectamente que ha estado visitando a mi mamá asegurándose que yo no pise este lugar, buscando sacarle información, pero esta vez… no.

—   Jefe

—   Tyra ¿Cuándo fue la última vez que vino? –Pregunté extendiendo el rollo de billetes hacia su mano.

—   Exactamente hace treinta días, no duró mucho apenas diez minutos y no se dijeron mucho tampoco.

—   Buen trabajo, ¿Descubriste quién es su informante? –ella negó mirando para todos lados.

—   Pero, tengo una sospecha, quien dirige este lugar mantiene vigilada a su madre todo el tiempo y no hace eso con ninguna otra reclusa.

—   Me lo imaginé, estaremos en contacto cuídate bien, solo falta un año para que esto acabe.

—   Lástima, jefe el ingreso extra me hará falta.

—   Buscaré la manera en recompensarte.

A la salida tomé mis cosas, revisé a detalle mi teléfono porque los alcances de la abuela son astronómicos, no me extrañaría que colocara un algún dispositivo para intervenir mis llamadas.

Cuando la luz natural tocó mi piel, escuché un bastón acercarse a mí, alcé la mirada y allí se encontraba ella.

—   Me preguntaba ¿Cuánto tiempo tardarían en informarte? –pregunté con un tono calmado, pero por dentro me sentía como un volcán en erupción.

—   Acordamos que no vendrías a este lugar –dijo ella con su usual tono autoritario.

—   No he venido en seis meses, solo vine a ver que estuviera bien –dije pasándole por un lado.

—   Te estás poniendo muy rebelde, Román recuerda nuestro acuerdo.

—   Por supuesto que no lo he olvidado, te he dado mucho más de lo que ese acuerdo estipula… abuela, no sé ¿Qué más quieres de mí? Hago todo lo que me pidas sin objetar, ¿Es muy difícil para ti darme un respiro? ¿Dejarme tener una vida?

—   Aceptaste mis condiciones ¿Y ahora te pesan?

—   Pues deberías cambiar “Tus condiciones” porque la gente habla, el secretismo de los Bennette hacer ver que somos una especie de club clandestino y los socios comienzan a dudar, ya empiezan a exigir un heredero o de lo contrario le quitaran el control de su capital a los Bennette, te están comenzando a salir caro los secretos.

—   Eso se puede resolver, dio un paso al frente –observándome con esa mirada calculadora –He mantenido oculta a una sobrina, que fue criada por los mejores internados en Suiza, un compromiso, un matrimonio con ella y calmara los rumores de los socios.

—   No voy a casarme con nadie que tú escojas.

—   No tienes opción, recuerda que aún puedo anular el pase de libertad que le conseguía tu madre te espero en mi casa a la hora del té, donde conocerás a tu prometida.

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