Capítulo 9 Eso Se Llama Destino
Román.-
Estuve tan cerca, tan cerca… no sé cuanto tiempo soportaré este deseo que me quema por dentro ¿En qué estaba pensando?
No tendría que estar haciendo esto. Coloco mi huella en el detector del cuarto de vigilancia. El pequeño pasillo que da a mi oficina no tiene cámaras, pero el ascensor sí lo menos que quiero que se filtre la imagen de mí semidesnudo y solo llevando un toalla en la cintura, acosando a mi nueva asistente.
Camino entre los servidores y consigo el que guarda los videos de la cámara de vigilancia del ascensor de presidencia, halo el conector lo que ocasiona que el servidor se apague. Vuelvo a encenderlo, me sacudo las manos he terminado.
— Esta locura debe parar –me susurro frotándome los ojos de vuelta a mi oficina, Eros me espera atento moviendo su cola–. Estoy ¿No es cierto? Inclina su cabeza como si buscara entenderme.
Tomo mi celular, porque necesito desahogarme. Alguien que me ayude con esta obsesión que ha nacido por Sienna, al punto de poder controlarme.
— ¿Estás ocupada? –pregunto cuando cae el tono.
— De hecho iba a tomarme un trago, ha sido un día pesado ¿Quieres que nos veamos?
— Por favor –supliqué.
— Bueno vamos al lugar de siempre.
(…)
Conduje con Eros hasta el bar, un lugar exclusivo y muy discreto un poco alejado de la ciudad. Los empleados ya me conocen, así que puedo entrar con Eros.
Sé a donde tengo que ir, camino sin molestarme en mirar a nadie a mi alrededor y llego hasta el reservado privado una pequeña sala bastante privada que nos aleja de todo el ruido de afuera.
— Sabía que como te escuchabas te verías –Kate Barrow me extiende un trago doble de whisky–. Ordene una botella de tequila, creo que la necesitas.
Sabes que eso me hace perder los estribos, ella sonríe y se siente en el sillón frente a mí.
Es una mujer hermosa, esbelta con una sensualidad felina que despierta la envidia de cualquier mujer y el deseo de cualquier hombre. Menos yo, la veo solo como una amiga, una hermana se podría decir.
Convirtiéndose en mi confidente, casi el cura que recibe mis confesiones.
— ¿Qué sucede en tu vida ahora? No te veo desde que te fuiste a Nueva York.
Empiezo a contarle los acontecimientos de estos dos últimos días que no parecen mucho, pero para mí han sido todo un caos.
Ella me escucha atentamente mientras bebe de su trago, sin desviar sus ojos de mí, al quedarme en silencio espero su opinión respecto a todo lo que le conté.
Me observa deslizando el borde del vaso a sobre su labio inferior.
— ¿No te parece mucha casualidad que la hayas visto en el aeropuerto y luego se presente pidiendo trabajo?
— Lo pensé, pero cuando la vi en el aeropuerto ella no parecía haberme reconocido como los demás, de igual manera ese no es el punto aquí Kate.
— El punto es que…
— El punto es que tienes un fetiche con las pelirrojas y eso te va a traer problemas, por otro lado pienso que más allá del físico hay una energía que gravita entre ustedes, eso que llaman destino.
— No vine aquí para una sesión de misticismo, Kate me siento un acosador que no tiene control.
— Sabemos lo que va a pasar ¿Qué quieres que te diga?
— No puedo volver a cometer el mismo error de nuevo, la abuela ya me lo advirtió.
Kate está al tanto de mi secreto y el de la familia Bennette, obviamente mi abuela no lo sabe no sé cómo reaccionaría si llegara a enterarse que alguien fuera de la familia sabe todo con lujos y detalles.
— ¿Por qué permites que esa vieja maneje tu vida a su antojo? Es ella la que necesita de ti, si el día de mañana decides echar todo a la mierda ¿Quién crees que pierdes más?
— Yo elegí meterme en esto Kate, ella me salvó es lo mínimo que puedo hacer, además también he ganado en todo esto puedo vivir mi vejez tranquilo con el dinero que he recibido.
— ¿Lo mínimo? Román… eres muy bueno aunque tú mismo no lo creas, ya has dejado que manipulen bastante tu vida y has sufrido también mereces tranquilidad y por lo menos elegir con quien acostarte, si Sienna te gusta tanto da el paso ¿Por qué no la investigas? Me extraña que no lo hayas hecho ya.
— Los investigadores que conozco trabajan para Nancy –Kate rueda los ojos exhalando mientras se toca el puente de la nariz.
— Tienes grilletes –Se pone de pie caminando hacia su bolsa de ella saca una pequeña tarjeta negra y me la extiende–. Es un detective retirado de la policía, trabaja de manera independiente, es como un fantasma muy eficiente contáctalo y puedes aprovechar para investigar de una vez lo que le pasó a Eliza.
Mi cuerpo se tensó como piedra, mi respiración deteniéndose.
— Conoces mi opinión, para mí no fue un suicidio –Tomo la tarjeta entre mis dedos y leo el nombre, alzo la mirada hacia ella.
— ¿Sigues pensando que la quitaron del camino? –las palabras me saben a cianuro, duele recordarla, duele lo que sucedió no puedo permitirme volver atrás.
— ¿Tú no? Sé que le debes mucho a Nancy Bennette, pero te repito ella es quien más pierde si tú te alejas.
Lo que me decía Kate no era nada nuevo para mí, siempre he pensado en esa posibilidad. Pero, cuando le confesé mi secreto a Eliza ella enloqueció de ambición intentó manipularme para chantajear a la abuela, queriendo tomar el control de toda la situación.
Por otro lado ella era una adicta que llevaba tiempo sobria esa parte de su pasado siempre estuvo latente. Con los problemas que tenía con su padre, su actitud rebelde le llevaban a meterla en problemas.
Si descubriera que fue la abuela Bennette la que causó su muerte.
Deseará nunca haber nacido, no importará si es familia.
