Capítulo 2 No te acerques a Adonis Deluca
No te acerques a Adonis Deluca
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Neida me dejó en la puerta del salón de clases y siguió su camino por el pasillo, abrí la puerta y entré. Para mi sorpresa había llegado tarde, no solo eso, entré como perro por su casa y me detuve cuando estuve casi de frente con el profesor a mitad de la clase, observé las butacas llena de estudiantes, todos mirándome y guardando silencio como si esperaran que comenzara a hacer algún acto con malabares para entretenerlos como toda una payasa del circo.
—Permiso —susurré comenzando a caminar hacia las butacas, subiendo apenas a la primera fila y tomando asiento, intentando pasar desapercibida, saqué mis cosas acomodándome.
Esto era pasar pena a lo grande.
El profesor decidió ignorar mi obvia indolencia posiblemente creyendo que era una chica torpe que siempre andaba perdida en la luna y siguió impartiendo la clase. Ya llevábamos una hora aproximadamente cuando la punta de mi lápiz se rompió, justo en el momento que el profesor daba unos apuntes importantes que irían seguramente para un examen.
Geníal Karol.
Busqué en mi bolso, pero como cosa celestial del universo que me odiaba, no había traído mi cartuchera donde guardaba más lápices, sacapuntas y lapiceros.
Perfecto Karol, coronaste hoy con el nivel de torpeza.
De repente vi un sacapuntas aparecer en mi cuaderno justo cuando mi compañero de al lado encogía su mano. Uhm, por fin alguien amable que me prestaba un sacapuntas.
Afilé la punta y se lo regresé susurrándole un:
—Gracias.
Él apenas volteó a mirarme y afirmó con la cabeza como única respuesta.
Uhm, un hombre amable y modesto para variar.
Él lucía unos lentes cuadrados, su cabello peinado hacia atrás amarrado en una pequeña coleta de caballo, podía ver algo de lindura que podría ser un potencial atractivo, pero no estaba segura, así que decidí dejar de pensar en él y me enfoqué en la clase.
Al culminar la hora, el profesor dijo que nos uniéramos en parejas e hiciéramos un esquema poético de nuestro compañero dirigido como si fuera un proyecto.
Inevitablemente, toqué el brazo de mi compañero para no quedarme sola y dejar en claro que como me había prestado su sacapuntas oficialmente estaba atado a mí, él pareció aliviado de tener un compañero, podía ver claramente que no era de esos que hacía amigos con facilidad, ni siquiera se atrevía a mirarme.
—Bueno, uhm, soy Karol —dije—, ¿Qué pretendes hacer conmigo?
Intenté bromear para romper el hielo, pero observé como mi compañero comenzó a sonrojarse mientras fruncía el ceño algo incómodo.
Uhg.
—Posiblemente titule mi proyecto como: chica extrovertida —dijo apenas mirándome y noté que tenía unos profundos ojos azules ocultos debajo de esas gafas tan horrendas y abolladas.
¿Chica extrovertida? y eso que no me había visto pasada de tragos, más que extrovertida me volvía osada, ahí me montaba en las mesas, me quitaba la ropa y era un real desastre.
—Esa soy yo —sonreí—, posiblemente yo titule mi proyecto como: chico introvertido.
Él soltó una pequeña carajada, podía ver a leguas que era muy tranquilo y reservado.
Mi compañero que al parecer se llamaba Adams, comenzó a escribir literalmente un proyecto que decía: "Chica extrovertida", me daba curiosidad saber qué escribía de mí, pero se rehusó a mostrármelo inclinándose del otro lado en su puesto y tapándome la visibilidad con su espalda.
Yo comencé a escribir mi proyecto como: "Chico introvertido", iba a ser normal, algo como «Adams es un chico callado, observador y blah, blah, blah.» pero luego decidí borrarlo y escribir uno donde realmente iba a entretenerme, mis objetivos eran hacerle un cambio a Adams, algo contrario a él, algo así como un cambio de look, le hacía falta, tenía potencial.
Cuando se acabó la hora, el profesor tuvo la brillante idea de hacer del proyecto improvisado; un proyecto más elaborado, que entregaríamos al finalizar el año, algo así como el proyecto final con buen porcentaje de la nota.
Así que aquí estaba la situación, debía pasar tiempo con Adams para desarrollar mi proyecto y él debía pasar tiempo conmigo.
Todo parecía perfecto, hasta que noté que su apellido era Deluca y Naia me había dicho especificamente que no me acercara los Deluca.
Debí haberle hecho caso.
