Capítulo 5 La seducción del jefe
El que juega con fuego... se quema.
El que juega con Adonis... pierde.
♣
Nos bajamos del auto de Adams, para ir a la fraternidad donde él pertenecía. Como parte de nuestro trato, se suponía que yo haría que Cheila se enamorara de él, o al menos lograr que aceptara salir con él a cambio de que él me diera información de Adonis.
Hasta ahora solo sabía que Adonis, era: Mandón, competitivo, con un carácter insufrible y de vez en cuando un poco encantador.
Creo que podía ingeniármelas para hacerlo caer en mi juego.
—...Y odia las judías verdes, vomita con tan solo el olor —dijo Adams cuando por fin entramos a la fraternidad, era una casa bastante grande y organizada, incluso olía increíble.
—¿Y solo viven hombres aquí? —dije al ver mi reflejo en el porcelanato, todo era demasiado limpio y pulcro.
Nada parecido a lo que tenía en mi mente de hombres conviviendo en una misma casa.
—¿Acaso le vas a eso de los estereotipos donde los hombres deben de ser mugrosos? —Dijo—, podemos ser más limpios que las mujeres.
—¿Muchos hombres universitarios en una casa limpiando? —ironicé—. Lo creeré cuando a Superman le salga vagina.
Adams soltó una carcajada y comenzó a caminar hacia las escaleras, lo seguí como un perro fiel, sin perder detalles de los cuadros y decoraciones de la casa.
—Pagamos a un equipo para que venga a limpiar tres días a la semana —explicó Adams—. Eres bastante desconfiada ¿uh?
Tuve un flash back en mi cabeza donde el fuego apareció quemando todo lo que amé...
Yo fui muy confiada.
Pero aquella chica había muerto y ahora quedaba yo; llena de rencor.
—Y tú todo un observador —respondí.
Él se volteó posiblemente para decir otra cosa cuando llegamos al tope de la escalera cuando de repente una puerta se abrió al fondo del pasillo y Adonis salió de una de las habitaciones.
Sus profundos ojos azules se enfocaron en nosotros y se detuvo en su lugar, una mujer con un vestido diminuto salió de detrás de él, cuando ella notó nuestra presencia, se arregló el cabello y caminó rápido bajando la cabeza en la caminata de la vergüenza, pasó junto a nosotros por las escaleras y desapareció por la puerta principal.
Al parecer como me lo suponía Adonis era todo un mujeriego que usaba a las mujeres como pañuelos desechables.
—Hey —se limitó a decir Adams a Adonis en un breve saludo, Adonis le respondió con una leve inclinación de cabeza, seguidamente Adams abrió la puerta de su propio cuarto entrando, yo le iba a seguir, sin embargo escuché que Adonis dijo:
—Casper.
¿Uh?
Su voz me erizó la piel, por un momento no supe por qué, pero... me cautivó y voltee a mirarlo encontrándome con sus penetrantes ojos azules clavados en mí, me quedé paralizada y Adonis comenzó a caminar despacio hacia mí, balanceándose al ritmo de sus piernas como si modelara para Calvin Klein en una pasarela, lucía poderoso.
No sabía si lo que quería era intimidarme, pero dos podían jugar este juego.
Intenté aparentar serenidad y caminé hacia él también con firmeza, alzando la barbilla en espera de lo que fuera a decirme. Él se detuvo a una distancia razonable, pero yo seguí avanzando hacia él de tal modo que si daba un paso más estaríamos respirando el mismo aire, él parecía curioso por mi intromisión y mi mirada fija retando la suya.
—¿Qué intentas hacer? —dijo Adonis frunciendo el ceño.
Intento seducirte, ¿no es obvio?
Creí que era obvio.
—He intentado lamer mi codo con mi lengua pero creo que es imposible. —comenté con sarcasmo.
Adonis me me mantuvo la mirada por unos segundos, seguidamente sus ojos fueron a la habitación de Adams y luego devuelta a mí con curiosidad.
—¿Te andas acostando con mi hermano? —preguntó.
Uhm.
¿Qué le importaba?
—¿Por qué? —pregunté— ¿Te interesa un trio? Lo siento, no soy de esas.
Adonis pareció perder la paciencia y dio un paso más cerca de mí, sacándome por medio segundo de mi zona de confort cuando clavo sus ojos azules en los mios, la tensión en el ambiente agravándose, haciéndome recordar el baile del club y lo caliente que me puso.
Basta Karol, mal momento para pensar en eso.
—Ten cuidado, Casper —susurró Adonis, su aliento chocando con mi rostro estremeciéndome—, no debes jugar con el lobo.
Olvidé como controlar mi respiración por medio segundo, pero no me dejé intimidar. Me llené de valor y me incliné hacia adelante de modo que mi nariz rozó la suya.
—Tal vez —susurré—, yo no sea caperucita.
Sus ojos parecieron profundizarse en los míos, la tensión agravándose cada vez más atrayéndonos sin poder restringirnos, relamí mis labios y sus ojos bajaron por medio segundo a ellos.
Las ganas de saltarle encima y arrancarle la ropa comenzaba a volver una necesidad.
Pero Adonis en cambio me mostró una ligera sonrisa en sus labios y me rodeó para comenzar a caminar lejos de mí a las escaleras, dejándome algo temblorosa y completamente caliente.
No entendía por qué, es decir, ni siquiera nos habíamos tocado.
Lo observé irse hasta que desapareció de mi vista, mi corazón desenfrenado y el sonrojo cubriendo mi rostro.
¿Qué pasa contigo Karol? ¿Desde cuándo un hombre te pone así?
Sabía que estaba jugando con fuego, pero no podía quemarme, de mí solo quedaban cenizas.
