No es nada amable

NATALYA

Sus labios se curvaron en una sonrisa diabólica. —No tienes ni idea de que soy yo quien te necesita más, Ángel.

Se recostó, sus rodillas descansando a ambos lados de mis muslos mientras me miraba hacia abajo. Con sus ojos fijos en los míos, lentamente desabrochó su corbata. La acción era t...

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