Lo odio

—¡No bailo, señora Costello!

—¡Natalya!—envolví mis brazos alrededor de su cuello y me moví de un lado a otro al ritmo de una canción animada.

Su mano fue a mi cintura porque me incliné hacia atrás y moví la cabeza. No tenía idea de lo que estaba haciendo, estaba borracha y demasiado enojada para ...

Inicia sesión y continúa leyendo