Acompáñame

NATALYA

Presioné el teléfono contra mi oído y suspiré, negando con la cabeza.

—No...

—Alessandro... —su tono era casi de regaño.

—No puedo, Alessandro...

Él suspiró.

—Es solo un evento de caridad. Soy un hombre felizmente casado, no puedo aparecer solo.

Me encogí de hombros.

—¿Por qué te aco...

Inicia sesión y continúa leyendo