La odio

—¿Q-quién eres? —preguntó, con la voz rasposa y cansada.

Mi corazón se hundió hasta el fondo de mi estómago mientras negaba con la cabeza en incredulidad. No, esto no puede estar pasándole a ella, a nosotros. Es como si estuviera viviendo una pesadilla de la que no puedo despertar. La amo, y tengo ...

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