tan cambiado

Por un largo momento, me quedé ahí, agarrando la corteza rugosa del roble, intentando estabilizarme contra las sensaciones abrumadoras que inundaban mi cuerpo. Mi piel ardía, mis músculos dolían y mis sentidos se agudizaban dolorosamente, captando cada pequeño sonido: el susurro de las hojas, el cor...

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