Ir juntos al club

La puerta de mi habitación se abrió de golpe y Sabrina entró con una enorme sonrisa inquietante. Me llevé una mano al pecho, con la boca abierta por la repentina intrusión en mi cuarto.

—¡Hola, chica! —me envolvió en un fuerte abrazo—. ¿Qué pasa, perra?

La abracé de vuelta porque la había extrañad...

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