Capítulo 6 Capítulo 6

POV KAEL.

—Por verme como tu macho —digo, y me arrepiento apenas lo suelto, porque sale más honesto de lo que quería.

Liora abre la boca y la cierra. Le sube el color por el cuello, ese rojo que no se finge ni se traga, y por una vez no tiene la respuesta lista. Se gira hacia la ventana para que no se lo vea.

Lo dije y ya, le advierto a Nerov antes de que empiece. No significa nada.

Significó lo bastante para ponerla de ese color. Y para acelerarte el pulso. Lo oigo desde aquí, Kael.

Tengo el pulso normal.

Tienes el pulso de un tambor de guerra. No me mientas a mí, que vivo dentro de ti.

Me concentro en respirar, en cualquier cosa que no sea la línea de su nuca ni la forma en que se agarra los codos como si tuviera frío en un cuarto que no lo tiene. La oigo perfecto, clarísima, y por eso me obligo a no escuchar, porque lo que se está diciendo ahora mismo no me conviene saberlo.

—No vuelvas a darme las gracias —dice al fin, de espaldas—. No se me da bien.

—Lo tendré presente.

—Y borra esa cara.

—No estoy poniendo ninguna cara.

—La estás poniendo por dentro. Se te nota.

No sabe cuánta razón tiene. Por eso me callo.

—Mañana llegan —digo, para cambiar de tema y de paso recordármelo a mí mismo—. Las tres.

Se vuelve. Toda la suavidad de hace un momento se le ha ido de la cara.

—Bien. Que vengan.


Al día siguiente, al mediodía, tres carruajes cruzan el portón en fila.

Seraphine nos acompaña a recibirlas con la sonrisa más cálida que le he visto nunca, y solo eso, esa sonrisa, ya me dice de qué lado juegan las tres.

La primera baja como si el patio le perteneciera. Vestido rojo, el mentón alto, los ojos clavados en mí desde el primer paso. Se inclina apenas.

—Octavia, de la casa Renval, mi señor.

Bajo el muro.

• Más guapo de lo que contaban. La sanadora es bonita, pero lo soy más. Antes de la luna roja, la Luna soy yo. Solo necesito entrar a su cama, apuesto que ella ni se mueve.

Subo el muro y me trago la respuesta.

La segunda baja despacio, las manos quietas, y no me mira a mí. Mira a Liora. La recorre entera, sin prisa, con la atención.

—Brida, de la casa Sável.

• Así que esta neutralizó la cornisa. La Reina tenía razón, el don es real. Hay que verlo de cerca, o cambiar de método, el castillo tiene muchos escalones.

Se me cierra la mandíbula. La que mezcló el veneno de anoche no fue la sirvienta de la copa. Fue esta, que se inclina ante mí con las manos juntas como si rezara.

La tercera casi tropieza al bajar. Es joven, demasiado, y aprieta la falda con los dos puños.

—Noa, de la casa Irune —dice, y la voz se le parte en la última palabra.

Bajo el muro sin querer.

• No llores. No aquí. Haz lo que te dijeron y a lo mejor tu hermana sigue viva el mes que viene. No llores, Noa.

Aprieto los dientes. No quiero que me importe, bastante tengo con lidiar con mis enemigos, pero el nudo se me instala en el estómago.

Liora las saluda una por una, la espalda recta, la voz medida. A Octavia le da el mismo trato helado que a las otras dos, ni un grado más, y conociéndola, eso es peor que cualquier grito. Octavia lo nota. Sonríe. Acaba de aceptar un duelo que cree tener ganado.


Esa noche me encierro más temprano que de costumbre, necesito pensar, por un lado, esta mi luna de mal carácter y sonrisa fría, del otro mis enemigos y ahora 3 mujeres que no se cual es peor y espero no descubrirlo. Nerov suelta un gruñido antes de que yo oiga nada.

Alguien en el pasillo. Pasos descalzos que se detienen frente a mi puerta. La manija gira.

Me siento en la cama y la veo, Octavia entra con una bata fina y una vela, y cierra la puerta a su espalda.

—Me perdí camino a la cocina, mi señor. —Deja algo sobre la cómoda. Una llave. Mi llave, o una copia exacta—. Por si alguna noche le cuesta dormir.

—Recoge eso y vuelve a tu cuarto. —No me muevo de la cama—. No lo voy a repetir.

Le tiembla la sonrisa, pero no la suelta. Bajo el muro.

• Espero que la sanadora se entere y aprenda cuál es su sitio.

Y entonces lo oigo. Pasos al otro lado de la pared que separa mi cuarto del de Liora. La manija de la puerta que los une. Y su voz, entra dentro de mi cabeza antes de que entre.

• Hay alguien en el cuarto de mi macho, estas lobas son más descaradas de lo que pensé.

La puerta se abre del todo. Liora se queda en el umbral. Mira la bata de Octavia, mira la llave sobre la cómoda, me mira a mí. Y la sonrisa que me dedica es la más peligrosa que le he visto desde el día en que la conocí.

—Amor, perdona la tardanza, pero quise ponerme las sales que te gustan.

Mi mente queda en blanco por primera vez en la vida, esa mujer me llamo amor.

—Que haces aquí, Octavia, creo que aun no decido que noches pasaran, ustedes con mi macho.

Esa es nuestra mate Kael, no tengo duda.

Cállate nerón, digo recuperando, pero siento las manos frías de Liora recorrerme el pecho. No sé en qué momento se trepo en la cama y su caricia me manda una descarga eléctrica directo a la nuca.

—Sigues ahí, acaso quieres mirar como monto a mi macho.

Sonrió de lado por verla tan descarada y Neron quiere salir a marcarla, puedo sentir como empuja dentro.

—Ya escucho a mi luna, salga o quiere vernos intimar.

Tomo la espalda de Liora con una mano y la pego a mi para que pueda sentir la erección que me provocó, si ella quiere jugar, le daría una probada de su propio chocolate y la miro con una sonrisa seductora que no pensé que tenía, pero dejando claro, que le sigo el juego.

—Disculpen sus majestades, no vuelve a pasar.

La puerta se cierra con un golpe seco y como si quemara Laira sale de mi agarre.

—Pervertido.

Yo suelto una carcajada tan fuerte que creo que Octavia me escucho al otro lado del pasillo.

—Hace 5 segundos estabas muy dispuesta a tomar a este macho, que cambio.

—Solo quería marcar territorio, deja de burlarte mí.

—Si, pero te sobreactuaste, ahora quien se hará responsable de este problema.

·     Por la diosa luna, Liora estas acabada, por creer muy valiente, pero ni loca me entrego a él, mejor me invento una excusa. Ya se.

—Lo siento Kael, toma un baño de agua fría, estoy sangrando.

Sin esperar respuesta salió de mi habitación, corriendo.

Neron, creo que tener concubinas terminara jugando a mi favor. Sigo sonriendo y no sé por qué.

 No la asustes idiota, yo sí quiero ponerle las garras encima.

No, ella no es nuestra mata, y es momento de estar alerta, no de pensar en meter garras.

Bueno entonces pide el agua, estoy sintiendo tu dolor. Mierda. Laira pagaras por dejarme así.

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