Capítulo 46 El velo de las almas perdidas

El aire era distinto. Más espeso. Más antiguo.

Aria abrió los ojos y comprendió que ya no respiraba el mismo mundo.

El cielo tenía el color de la sangre diluida, y un silencio sobrenatural cubría todo como un velo. No había viento, ni estrellas, ni horizonte, solo una planicie infinita de piedra ...

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