Capítulo 52 La herencia del fuego

El viento arrastraba ceniza.

El cielo seguía rojo, pero ahora la luz era más tenue, como si la luna se cansara de brillar.

Verona estaba en ruinas: torres caídas, templos partidos en dos, las calles convertidas en grietas que aún humeaban.

Sin embargo, en medio del desastre, el silencio era casi ...

Inicia sesión y continúa leyendo