Capítulo 14: No estás solo

Cerré los ojos rápidamente y comencé a recitar en silencio el mantra que Sam me había enseñado hace un momento.

—Utinam magnus penisa mox mihi. Utinam magnus penisa mox mihi. Utinam magnus penisa mox mihi. Utinam magnus penisa mox mihi!

Me detuve cuando me di cuenta de que la voz había desaparecid...

Inicia sesión y continúa leyendo