Capítulo 24 Reglas y descontrol

Terminé de comer. Miré para mis lados y no había nadie, ni nada que hacer. Solo estaba la soledad, la inmensa mansión y yo, como buenas amigas que somos.

​—Oye, Leticia —grité apenas la vi pasar.

​—Sí, dígame, señorita.

​—¿Puede limpiar la cocina, por favor?

​—Claro, señorita Cristina, con mucho...

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