Capítulo 132

La calidez de la cena aún se sentía en mi pecho mientras nos movíamos a la sala, con el estómago lleno y el ánimo alto. Papá había insistido en encender la chimenea—"No hay una Navidad de verdad sin fuego," había declarado—y ahora las llamas naranjas danzaban detrás de la rejilla, proyectando sombra...

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