Capítulo 72

Me senté en el borde de la cama, con las rodillas pegadas al pecho, escuchando el océano a través de la ventana del balcón entreabierta. El sonido debería haber sido tranquilizador—las olas rompiendo en su eterno ritmo—pero mi pecho estaba demasiado apretado para sentirme cómoda.

Lucas. Dios, *Luca...

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