Capítulo 40

Eiran rodó los ojos. Estaba molesto porque escapé de sus juegos mentales. Tiene que hacerlo mejor que eso. No puede vencerme. No cuando fui yo quien le enseñó todo lo que sabe.

—No te pongas tan dolido, Eiran —me burlé.

—¿De verdad confías en tu esposa? —Parecía que le costaba mencionar el nombre ...

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