Capítulo 28

El trayecto hasta la finca del barón había sido corto, y nos recibieron en una bonita mansión. Un lacayo tomó nuestros abrigos y nos condujo a una lujosa sala. Suntuosas cortinas colgaban de las altas ventanas que nos rodeaban, y los sofás tenían marcos de madera dorada que exudaban riqueza. Me preg...

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