Capítulo 27

Las cadenas se clavaban en mis muñecas.

Los gruesos eslabones de hierro se hundían en una piel ya en carne viva por la lucha, sujetándome contra la fría pared de piedra de mi habitación oscura. Mi respiración salía en jadeos entrecortados, el pecho agitándose, el aire tenía sabor a acero, sudor y e...

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