EPÍLOGO

Nos sentamos sobre el césped de la isla abandonada a la que nos habían desterrado y vimos a Xander correr de un lado a otro, jugando con una pelota.

Era de piedra maciza, pero era la única forma de que la disfrutara.

—Odio que tenga que irse tan pronto —susurró Nic a mi lado—. Aquí siempre es tan ...

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