Capítulo 35 Un objeto que se puede intercambiar

Me quedé helada al ver qué era lo que este hombre estaba pidiendo; al final solo pude mirar cómo ellos me miraban al mismo tiempo.

—¿Es en serio? —Sebastián preguntó con un tono de total indiferencia—. Pensé que querías otra cosa y no a mi asistente personal.

—Sabes bien que tengo demasiado trabaj...

Inicia sesión y continúa leyendo