Capítulo 5 Sebastián Rinaldi

En el momento en que escuché a mi papá decir tal cosa, sentí que la cabeza me daba vueltas por completo. No podía creer que se atreviera a hacer semejante cosa solo para salirse con la suya.

—Papá, te recuerdo que la tarjeta casi no la uso para cosas mías. Generalmente, lo que hago es simplemente obedecerte cuando me dices que compre algo de ropa o zapatos porque siempre tengo que verme bien presentable.

—Es cierto, pero si has decidido usarla, pues te advierto que no vas a poder hacer tal cosa. Por lo tanto, te digo que si quieres seguir gozando de los beneficios que te da ser hija mía, debes de cumplir con las obligaciones que conlleva tal carga.

—Papá, he intentado ocupar la tarjeta para pagar las cuentas médicas de Adrián. Sabes bien que la empresa de su familia ha pasado por momentos muy difíciles desde que él se encuentra en coma; además de eso, nosotros tenemos una obligación moral porque te recuerdo que si está en coma es por mi culpa y eres perfectamente consciente de eso.

—Si realmente quieres que las facturas médicas de Adrián se paguen, pues vas a aceptar el compromiso con Fabricio en poco tiempo y te vas a casar antes de que el mes acabe.

—¿Esto es en serio? Porque te recuerdo que soy perfectamente capaz de trabajar por mi cuenta, así que no me pongas a prueba.

—Lo mismo digo, chiquilla. Quiero ver quién te da trabajo y se atreve a retarme; no me tientes porque, como enemigo, puedo ser muy desagradable.

—Antes muerta que ir a pedirle perdón a ese tipo que me has conseguido como esposo.

—Pues tú no te vas a morir, pero Adrián sí —él habló con total naturalidad mientras veía sus manos y le daba vueltas—. Así que elige, porque no creo que pueda soportar mucho si no tiene su tratamiento.

—Papá, no hagas esto —sentí una gran desesperación—. No puedes caer tan bajo. ¿En serio estás dispuesto a manchar tus manos de sangre solo para que me case con un hombre que me maltrata?

Él no dijo nada, pero pude ver un destello de culpabilidad; sin embargo, aquella mirada regresó con dureza, como si lo que dije valiera menos que un cero.

—Ya sabes cuál es mi condición, si no aceptas pues es muy tu problema. La sangre de Adrián no va a estar en mis manos sino en la tuya.

—Está bien —apreté mis puños y miré como mi papá se alegraba con lo que decía —las cosas se van a hacer, pero no como tú dices sino como yo digo.

—¿Qué es lo que quieres decir con eso?

—Que pienso conseguir trabajo y no voy a darte gusto con ir a pedirle perdón a ese idiota de Fabricio. A partir de este momento voy a hacer lo que esté en mis manos para poder cubrir los gastos del tratamiento de Adrián que de paso se encuentra así por mi culpa.

—Si quieres hacer las cosas de esa manera pues me parece perfecto, eso sí, te vas de esta casa solamente con lo que tienes puesto y nada más. No pienso seguir permitiendo que mi hija se comporte como si tuviera libertad total.

—Perfecto, solamente te quiero pedir que me permitas sacar una cosa de mi habitación. No te preocupes que eso no es algo que te pertenezca, es totalmente mío.

—Tengo que ver qué es lo que te quieres llevar.

Subí a mi cuarto y escuché como mi papá venía detrás de mí, al entrar a la pieza que se había convertido en una jaula y en una especie de refugio.

Caminé hacia la mesita de noche y fue ahí que tomé la fotografía que tenía con Adrián, mi papá me miró con una frialdad que había visto por muchos años.

—Esto es lo único que me voy a llevar, así que no te preocupes que no me estoy robando nada. Espero que puedas disfrutar tu soledad y también las cosas que estoy dejando atrás.

—Sabes bien que no tienes que hacer esto, solamente haz lo que te estoy pidiendo y las cosas van a seguir como estaban antes y de paso vas a poder pagar el tratamiento médico de Adrián.

—Claro que tengo que hacer esto porque es el único camino que me estás ofreciendo, o mejor dicho el único camino por el que quiero transitar. Si piensas que tengo miedo de comenzar de cero, se nota que no me conoces lo suficiente.

—Nadie te va a dar trabajo y no hablo solo de la ciudad sino de todo el país, veremos de qué manera es que piensas pagar el tratamiento de Adrián.

—Eso ya es asunto mío, el punto aquí es que no pienso darte gusto con lo que estás haciendo. Por lo tanto a partir de este momento dejo de ser una moneda de cambio para ti.

Salí con toda la dignidad del mundo de la mansión que había sido una jaula de oro, no llevaba carro, tampoco dinero, llaves o cualquier otra cosa que me pudiera atar a mi padre.

Llegué luego de unas horas al hospital, sentía que mis pies estaban por reventar y cuando miré a la señora Celine fue que supe que las cosas seguían igual.

—No se preocupe que me voy a hacer cargo de pagar cada una de las facturas médicas de Adrián. Necesito ver en qué condiciones se encuentra la empresa que su esposo les dejó para así hacerme cargo de ella.

—La empresa se encuentra en la quiebra, justo por eso es que no he podido pagar las facturas médicas de mi hijo. Me vi obligada incluso a vender la casa y con eso estuve sobreviviendo durante estos meses, sin embargo ya las cuentas están en números rojos y la situación es sumamente delicada, incluso me pregunto si debo desconectar a mi muchacho.

Me negué a que ella hiciera tal cosa y al final comencé a buscar trabajo, pero tal como mi padre había dicho, nadie me daba empleo y me encontraba desesperada porque cada día contaba. Pensé que todo estaba perdido, la desesperación se apoderó de mi cuerpo y fue en ese momento en que la tarjeta de Sebastián Rinaldi brincó de mi bolsa…

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