Capítulo 7 Sentimentalismos baratos
El silencio de Sebastián fue pesado; no podía negar que me encontraba nerviosa. Era consciente de que si él no aceptaba la propuesta que le estaba haciendo, era muy seguro que Adrián se iba a quedar sin el tratamiento que necesitaba.
—Está bien —él respondió después de un rato—, pero también quiero poner una condición referente a lo que has pedido.
—Dime para ver si me encuentro de acuerdo con tus exigencias.
—Quiero sinceridad de tu parte y, si en algún momento quieres romper el trato, pues eres libre de hacerlo. También el hecho de que en cada encuentro voy a usar preservativo; sinceramente, no me apetece complicar mi vida.
—Muy bien, estoy de acuerdo con eso. Además, no quiero complicarme con un hijo de un tipo con el que no estoy teniendo algo serio.
—No, el asunto aquí no es un hijo porque simplemente es imposible debido a que soy estéril. Pero no quiero que me vayas a contagiar de una enfermedad porque andas de loca abriéndole las piernas a todo el que se te cruce por delante.
—Bueno, si vamos a ser totalmente francos, pues me parece perfecto. Te digo una cosa, si no quiero exclusividad contigo es porque eso va a llevar a que tengamos cierto apego y yo no quiero eso; además de esto, pues yo no soy arca de Noé para darle entrada a cualquier animal. —Él me quedó mirando fijamente. —No hagas eso, que solamente logras ponerme nerviosa; además, odio que alguien me quede mirando fijamente porque me siento como si fuera un fenómeno de circo.
—No es por eso que te quedo mirando fijamente, es solo que eres diferente a otras mujeres. Eres muy directa y no te da miedo admitir que te gusta el sexo.
—Lo sé bien, además no le veo sentido negar que el sexo es algo que me gusta, no soy ninguna mojigata. Si crees que todas las mujeres somos sentimentales, pues te equivocas; yo no espero nada más de ti aparte de lo que te he pedido y tampoco espero que me ofrezcas una relación formal.
—¿Estás segura de ello?
—¿En serio piensan que solo ustedes, los hombres, pueden venir a acostarse con una mujer y dejarla botada una vez que logran su objetivo? Vaya, en serio quisiera tener la confianza que ustedes tienen; te informo que las mujeres también hacemos eso. Además, te lo dije antes, agradezco tu sinceridad y especialmente el hecho de que no quieras jugar con mis sentimientos solamente para obtener un beneficio que te puedo dar si así lo quiero.
—Es bueno que estemos de acuerdo con eso, especialmente en la parte de que no debemos enamorarnos de ninguna manera.
—De igual forma no es como que pudiera hacer tal cosa, me encuentro en un bloqueo emocional en el que me es imposible enamorarme de una persona. Así que tranquilo, creo que eres tú quien debería tener eso en mente.
—Yo tampoco puedo hacer tal cosa, tengo Alexitimia que es…
—Lo sé, son personas que tienen dificultad para expresar las emociones y a veces llegar a querer a alguien.
—¿Cómo lo sabes?
—Mi educación siempre fue rigurosa, tenía que saber muchas cosas y mi padre se aseguró de ello. Así que no te sorprendas si digo o hago algo que no entra en lo común.
—Bueno, entonces creo que estamos mejor que bien. Tú tienes un bloqueo emocional y yo Alexitimia, es imposible que ambos desarrollemos sentimientos.
—Así es, ahora quiero que me digas qué tipo de trabajo me vas a ofrecer. Necesito hacerme responsable por los gastos médicos de Adrián.
—Quiero que seas mi asistente personal, va a ser más que perfecto. Vas a estar a mi lado en todo momento y podremos coger cuando queramos sin levantar sospecha alguna, además de que tienes los conocimientos necesarios para no dejarme en ridículo delante de los clientes con los que tengo que lidiar.
—¿Lo dices en serio? Porque pensé que quizás iba a ganar como conserje o algo por el estilo. No puedes venir a darle un puesto tan alto a una persona que apenas acabas de conocer.
—Ya te he dado mis motivos, además te digo que el personal de conserjería ya se encuentra completo y dudo mucho que seas capaz de cubrir los gastos de tu amado Adrián con el salario de conserje.
Era cierto, Adrián se encontraba en un hospital costoso y no podía jugar con su salud al trasladarlo a un sitio público.
—Muy bien —extendí mi mano —es un trato, me alegra haber llegado a un acuerdo contigo.
—Perfecto —él tomó mi mano y se levantó —ahora vamos, hay cosas que debemos comenzar a hacer. Además de eso tengo que pedirle a mi abogado de confianza que prepare dos contratos, uno de ellos es sobre el acuerdo al que hemos llegado y el otro es tu contrato de trabajo.
—¿Y en este momento adónde vamos a ir? Sé bien que me has contratado y debo de seguirte a todos lados, pero quiero saber de igual manera.
—Vamos a comprarte ropa, no puedes darle la cara a mis clientes con esos trapos que andas encima.
—No le veo lo malo —miré mi ropa y me di cuenta —bueno, tienes toda la razón. Vamos de compras, luego me lo descuentas de mi salario. Pero antes de eso pues vamos al hospital donde Adrián se encuentra.
—Necesito que me des los datos —él tomó su celular e hizo una llamada, entonces le di todos los datos y habló rápidamente —muy bien, ya todo se encuentra listo, así que vamos.
No había dado un paso cuando sentí una bofetada que hizo que ardiera mi cara, seguido de eso el puñetazo de Sebastián y al mirar, mi papá estaba tendido en el suelo debido al impacto…
