Capítulo 8 Armas y amenazas
Ver la sangre correr por los labios de mi padre fue más que suficiente para que intentara acercarme; a pesar de que Sebastián intentó detenerme, yo no quise quedarme de brazos cruzados.
—Papá.
Pero en ese momento fue que me arrepentí de la decisión que había tomado; mi papá me jaló del cabello y me mantenía en pie a duras penas. Un clic fue lo que escuché y al mirar la cabeza de mi progenitor fue que vi una pistola apuntando y era sostenida por Sebastián.
—Si no la suelta, voy a asegurarme de que su cabeza salga disparada, así que usted decide.
—¿Qué crees que haces, Sebastián? —le pregunté cuando mi papá todavía sostenía mi cabello—. Es mi padre, no es un loco. Por favor, baja esa pistola.
—Pues pareciera que es un loco —el arma no cambiaba de posición—. Nadie viene a tratar a una persona así de esa manera y menos si es tu hija.
—No comiences con tus cosas, por favor, baja el arma, que sea lo que sea, pues es mi padre. —Puse mi mano en la pistola y la moví de tal manera que mi mano se interpuso entre el cañón y la cabeza de papá. —Si le quieres disparar, primero tendrás que pasar por encima de mi mano.
Sebastián giró los ojos hasta dejarlos en blanco y retiró la pistola de mi mano; luego de esto la metió en una percha de cuero que llevaba debajo de su saco.
—Vamos de compras. —Él me tomó del brazo—. Tienes que verte presentable; hoy tenemos un compromiso y ya sabes que no puedes negarte.
Él me llevó a rastras; miraba a mi papá en el suelo y me dolía verlo de tal manera. Quería ir a auxiliarlo; sin embargo, sabía bien que probablemente me iba a recibir con otra bofetada y no era algo que me apeteciera.
Entramos al carro, enderecé mi cabeza hasta que no miré a mi papá y me aguanté las ganas de llorar.
—No puedo creer que le hicieras a mi papá lo que le hiciste —miré de reojo a Sebastián, que manejaba en total silencio—. ¿Acaso no puedes decir nada?
—Claro que puedo decir algo; al final de cuentas no soy mudo, pero no quiero decir nada. —Él alzó sus brazos con indiferencia. —Luego te pasaré mi agenda personal para que tomes en cuenta los eventos a los que vamos a ir.
—No cambies el tema de esa manera, sabes bien que lo que hiciste no fue correcto. A pesar de todo, ese hombre es mi padre y no es algo que pueda cambiar.
—Quizás no lo puedas cambiar, pero eso no significa que lo tengas que soportar. No sé muy bien la clase de persona que es, sin embargo sus acciones dicen mucho porque solo a él se le ocurre dejar a su hija a la deriva sin tener siquiera la oportunidad de poder ganarse la vida dignamente —él giró a la derecha y se estacionó al borde de la carretera, fue entonces que me miró con total tranquilidad —¿O las cosas no pasaron de esa manera? Porque si mi intuición falla pues en este mismo momento voy a ir a pedirle perdón por lo que hice.
Me quedé callada, no le veía el sentido a decirle que lo que estaba diciendo no era cierto, al final de cuentas tenía toda la razón.
—¿Te fijas? Él te tiró a la calle sin dudarlo, por lo tanto no le veo el sentido a que vengas a tener consideraciones con él.
—¿Acaso no eres capaz de dejar pasar el daño que te causan los demás? Porque yo no solo perdonó sino que también no regresó mal por mal, al final pues no seré yo quien tenga que rendir cuentas por esos errores.
—Muy bonito lo que dices, pero lo cierto es que no vivimos en una especie de utopía y lo mejor es defenderse si tenemos la oportunidad de hacerlo.
—Bueno, me alegra saber que no tenemos nada en común. Una razón más para no hacer un vínculo contigo, así que creo que esto se va a acabar antes de tiempo.
—Si tú lo dices, solo recuerda que dependes de mí y que hay dos contratos de por medio. Uno es flexible, pero el otro no lo es tanto.
—¿Qué es lo que planeas hacer? Si te quieres pasar de listo voy a negarme a firmar un documento que me ata a ti.
—Eres libre de hacer lo que quieras, pero recuerda que la vida de tu amado se encuentra en mis manos y no puedes negarte a cumplir con lo que te pida.
—Mientras no me mates y se encuentre dentro de los límites que hemos puesto, no diré absolutamente nada y tampoco me voy a negar.
—Jamás te voy a causar un daño serio, así que deja de decir locuras que no van al caso. Espero que el día de hoy sepas comportarte a la altura.
—No te preocupes que con eso no vas a tener problemas conmigo, sé bien como moverme en las fiestas sociales y lo que puedo hablar y lo que no.
—Eso espero, luego de eso vamos a quedarnos en mi apartamento.
—¿Para qué o qué?
—Obviamente para coger, no vamos a ir a un motel y que la prensa nos encuentre. Me gusta tener mi vida lo más privada posible.
—Vaya, en serio que eres directo. Ahora me doy cuenta de que no tienes chófer justo para que no escuche tus conversaciones privadas.
—No es por eso, simplemente no le veo sentido a contratar a alguien que haga algo que puedo hacer.
Después de eso llegamos a una de las boutiques más prestigiosas de la ciudad y me di cuenta que este hombre quería vestirme como si fuera su mujer…
