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Mi grito cortó la noche mientras corría entre los arbustos que parecían haber crecido inesperadamente. Las espinas rasguñaban mi piel, y las malvadas ramitas se reían mientras me tiraban al suelo.

Mi corazón latía con fuerza, anunciando que estaba a punto de salirse de mi pecho. Mis oídos retumbaba...

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