Capítulo 2 Tocarte

ISABELLA

Si un día el karma llegara a mi vida lo sabría aceptar, lo que le había hecho a Noah no tenía nombre, me pongo en su lugar y me parecía algo tan cruel: el haberlo ilusionado cuando en el fondo amaba a otro hombre.

—¿Te sientes mejor?—Harry abrió la puerta del copiloto.

Obvio que no.

—No me siento tan bien, Harry, si tan solo hubieras visto el rostro de Noah, no me gusta verlo cuando está tan triste, sé que toma el camino de los vicios y destruirá su vida—subí al coche y Harry cerró la puerta.

—No te sientas culpables de ese tipo de cosas, Isa, hay cosas que están fueras de nuestras manos y el hecho que él haya quedado en esa condición no tiene nada que ver con nuestras decisiones—arrancó el coche y nos dirigimos a la autopista—es mejor que le hayas quitado esa venda en los ojos aunque en el fondo el sabía que siempre fuiste mía—no me gustó para nada la forma en que lo dijo, parecía que había una enorme confianza en sí mismo al respecto.

—¿Te gustaría que te mantuvieran bajo un engaño, señor Lee?—lo vi de perfil mientras seguía al frente del timón—creo que no, ¿verdad?

—Quizás tengas razón, pero al menos estuviera consciente que no me amas con ese intensidad—hizo un giro hacia una zona boscosa.

—¿Dónde vamos?—fruncí el ceño, Harry era un hombre llenos de sorpresas, no me extrañaba que saliera con una de sus grandes ideas.

—Ten un poco de paciencia—Guiñó un ojo mientras nos seguíamos adentrándonos al denso bosque, no me quería acordar de nada que fuera este tipo de paisajes, al menos de noche. Recordé las malas experiencias que tuve con el mismo Harry.

Poco a poco el coche siguió subiendo la colina en forma circular, no podía negar que al final del camino iba despejando la visibilidad hasta que llegamos a una cabaña a lo alto, estaba sobre la cima de una pequeña montaña, tenía un enorme jardín. Frente habían dos ventanas de vidrio un poco grandes y una puerta en el centro, se miraba rústica, pero acogedora.

Bajamos del coche, Harry me tendió la mano, no me podía quejar del grado de atención que tenía  hacía mi, pero aún quería saber qué significaba esta cabaña misteriosa.

—Supongo que en tu cabeza deben de estar pasando miles de preguntas —tomó de mi mano dirigiéndome a la cabaña—pues este lugar fue el testigo cuando tu te fuiste con tu ex, acá estuve aislado de todo el mundo y la verdad me sentía con una enorme paz, pero aún así siempre pensaba en ti—nos detuvimos en la noche tan fría y oscura, adornada de las miles de estrellas que se podían apreciar desde la cima—Te amo, lo sabes y lo sabrás por el resto de tu vida—llevó su mano a mi vientre—ahora somos tres, Isa,—me sentía rara cuando hacía este tipo de detalles, pero era justo lo que necesitaba.

—Con que este era tu escondite—caminamos hasta llegar a la puerta.

—Vamos, abre—me dio una pequeña llave—hace frío y si no entramos nos vamos a congelar—tomé la llave y la introduje en le cerradura haciendo un pequeño giro haci la izquierda, la puerta hizo un pequeño chillido al abrirla—lo siento—sonrió—pero es que ha estado muy abandonada desde la última vez que estuve por acá, pero mañana veré que cosas hay que mejorar, además, quería comprar un poco de comida para que estemos unas semanas acá, creo que le hará bien a nuestro bebé.

En el interior había una enorme alfombra frente a la chimenea, un juego de sala de color rojo vino, en las paredes habían algunos cuadros llenos de polvo y en una esquina estaba el desayunador junto a la cocina, por otro lado había una escalera un poco desgastada que conectaba a la habitación seguramente.

—Iré a cambiarme—le dije mientras subí las escaleras.

—Lo siento, pero acá solo vas a encontrar ropa mía—sonrió de lado.

—no importa, igual ya me he puesto tu ropa en varias ocasiones y sabes que me gusta usarla—continué hasta llegar a la puerta de la habitación, tomé el pomo y abrí, en el interior había una cama bastante grande en el centro, hacia la derecha había una puerta corrediza de vidrio con un pequeño balcón y dos sillas mecedoras, caminé hacia el balcón deslizando las puertas, se sentía el viento fresco, era algo perfecto, por supuesto la luna hacía de las suyas. Tan imponente y luminosa.

—¿Te gusta?—se acerco por atrás abrazándome—cada noche venía acá, Isa, la luna me hacía recordarte, por un momento creí que no te volvería a ver y te perdería definitivamente.

—Pero acá me tienes—me di la vuelta, la luz de la luna le daba en su cara—te prometo que no nos vamos a volver a separar—despeiné su cabello—esta vez seremos felices y estaremos lejos de todas esas personas que solo fueron un daño.

—Por favor no digas las cosas del futuro—acarició mi rostro con el borde de sus dedos—algo que he aprendido durante este tiempo es qué hay que contar con el tiempo que estamos viviendo en el presente—de pronto me cargó entre sus brazos.

—¿Qué haces, Harry?—sonreí, pero a la vez tenía un poco de miedo—bájame, no vaya ser y me tires... sabes que llevo a nuestro bebé en mi vientre—aún no me acostumbraba a decir esa palabra, pero creo que tendría que adoptarla en mi día a día, porque así sería: cada día crecería más y más a como el amor que le tenía a Harry.

—No podría vivir sin ti—me colocó con delicadeza encima de la cama—simplemente preferiría vivir sin aire que perderte—empezó a desvestirme al compás de su aliento, sus yemas eran brazas ardientes en mi piel, sus ojos eran dos luciérnagas en medio de la oscuridad y yo, tan solo una chica a la cual haría suya como tantas veces lo había hecho, esa noche la intensidad de nuestro amor se solidificó en una mezcla de locura y pasión bajo las sábanas de una cabaña que había sido la única testigo del resurgimiento del jefe y la empleada.

Pajarillos, si, eso era lo que se podía escuchar a la mañana siguiente, los rayos del sol iluminaban la habitación, Harry estaba a mi lado, se miraba tan tierno con sus cabellos tapándole parte de su rostro. No podía creer que después de tanto sufrimiento por fin estaba viviendo el cuento de hadas que siempre quise vivir al lado de mi príncipe azul.

—Buenos días, cariño,—le di un beso en cuanto se estaba levantando—creí que dormirías un poco más, te mirabas tan cómodo en esa posición—acaricié su pecho.

—No tienes idea de  lo bonito que se siente despertar y lo primero que veo es tu rostro, amor,—se acercó dándome un beso—tuvimos una maravillosa noche, ¿Cómo te sientes?—me acurrucó.

—Mejor que ayer—asentí y era la verdad, creo que me caía muy bien hacer el amor con Harry, hasta mi estado de ánimo cambiaba.

—Hoy tendré que hacer unas cuantas compras en el supermercado, no sé si quieres acompañarme o quieres quedarte acá—se levantó hacia la puerta completamente desnudo.

—¡Harry!—Espeté señalando su amiguito de abajo.

—¿Qué?—levantó sus manos en forma de paz—acá no hay nadie más que no seamos los dos así que no te preocupes—estiró su cuerpo de un lado hacia el otro, mejor decídete.

—Creo que me quedaré acá, podría ayudar a limpiar un poco mientras vienes, además, no quiero escuchar mucho ruido y acá se siente una paz que no tienes idea—me levanté de la cama envuelta con la sábana, había un ropero en el cual encontré una camisa bastante grande, quizás me llegaba un poco a las rodillas.

—Está bien, iré a ducharme un poco—se giró y por supuesto no podía quitarle la mirada hacia abajo.

—Te veo dentro de una hora más o menos—Harry se iba.

—Está bien, por favor ¿podrías traer una pizza?—hice cara de cachorrita—no sé por qué se me antojó comer eso, pero quizás es el embarazo.

—No te preocupes, lo que sea por mi mujer—me dio un último beso en la frente y se fue.

NOAH

Ni siquiera pude dormir bien en esa maldita noche, intenté hacer de todo, pero me fue imposible cerrar mis ojos, todo por ese imbécil de Harry Lee, juro que llegará un día en que me vengue de ese idiota, aunque sea lo último que haga en mi miserable vida. Me dolía mucho la cabeza, tomé el arma y me dirigí a una farmacia, tendría que comprar algún tipo de analgésico para esta jaqueca.

Desde que trabajaba para mi jefe había mucho peligro rodeándome, en especial la competencia, había más personas que querían mi lugar y estaban dispuestos a lo que sea.

Desgraciadamente la farmacia que estaba un poco cerca había cerrado, no me quedaba más opción que ir a la del supermercado.

Justamente al llegar al supermercado restregué un poco mis ojos pensando que tenía una ilusión producto del desvelo, pero no, estaba viendo a Harry, sentí una gran tentación de tomar mi pistola que llevaba detrás de la espalda.

HARRY

Busqué ciertas cosas en el supermercado, ahora que pasaría un tiempo con Isabella en la cabaña tenía que cuidarla y cumplirle todos sus antojos. Estoy seguro de que no le faltará nada. Mientras buscaba frutas y demás me encontré a Louis con Kelsey en el area de cranes. Ellos usaban ropa casual, parece que venían de la casa o algo así. Carraspeé para llamar su atención.

—¡Harry! —Louis se sorprendió de verme.

—Qué hay, amigo.

—Hola, Harry, ¿cómo estás? —me saludó Kelsey.

—Todo bien —achiqué mis ojos en su dirección. Louis parecía un poco nervioso de que lo haya encontrado con Kelsey, no entendía por qué.

—Amigo, ¿cómo estás con todo eso de la boda de Isabella? —quiso saber Louis. Y parecía que no sabía nada de lo que había pasado.

—Louis, ¿en que mundo vives? Isabella no se casó, se vino conmigo —abrí la nevera y saqué algo de carne para ponerla en el carrito.

—¿Qué? Por fin, estarás contento ahora.

—Te felicito, Harry.

Kelsey no era una mala chica pero sabíamos que era algo interesada, solo espero que Louis y ella no estén haciendo las cosas serias o así. Conocía a mi amigo y sabía lo enamoradizo que podía llegar a ser.

—Eso no es todo —los miré— ¿Recuerdas la prueba de paternidad que me hice? —Louis asintió—Pues salió negativa, no soy el padre.

—¡Te lo dije! Mejor para ustedes.

Me sentía feliz, Isabella estaba conmigo, tenía en su vientre a mi bebé, a un fruto de nuestro amor. Sentía que todo se acomodaba.

—Y eso no es todo... —murmuré—... Está embarazada.

Louis y Kelsey se sorprendieron.

—¿Qué dijiste, Lee? —preguntó alguien detrás mío. Me tensé en ese momento, lo único que me faltaba. Me giré, ahí estaba Noah Becker, llevaba su mano derecha en su espalda, eso me dio mala espina. Este chico se miraba fatal. Sentía lástima por el, por haber tenido que pasar por tanto. Ni Isabella ni yo tenemos la culpa, ninguno busco que estas cosas pasaran.

—Lo que escuchaste —respondí— Está embarazada.

—¿Cómo? —pareció confundido— Isabella... y tu... ¿desde antes? —parecía más afectado aún. Era cierto que esa noche que Isabella y yo tuvimos relaciones ellos no estaban juntos, pero ahora Noah pensará que es una infidelidad o algo así. —¿Acaso es mío?

Lo que me faltaba.

—Tiene dos semana y media —respondí. Y pareció entender entonces que ellos no tenían nada de nada desde hace quizás cinco o más semanas. Lo siento, Noah, pero ese bebé es mío.

—Claro —asintió— Felicidades, Harry, tienes mucha suerte —ahora sacó la mano de detrás, pensé que sacaría un arma o algo así, pero tenía sus manos vacías. Sentía lástima por el, el haberse perdido así como así.

—Entonces Isabella me engañó contigo desde más antes —murmuró.

—No tienes cara para decir eso —habló Kelsey, lo cual me sorprendió. ¿De donde lo conocía?

—¿De qué hablas? —cuestionó Noah.

—Del bar al que asististe hace unas semanas, te acostaste con una de mis amigas. Yo te miré. Ahora recordé tu cara. Así que no tienes cara para hablar de eso engaños. Y eso que Isabella no lo sabe. ¿Te imaginas si lo supiera?

Miré a Noah, ¿quien lo creería? Y le juraba tanto amor a Isabella. Hipócrita.

—No digas estupideces —espetó, acercándose peligrosamente a Kelsey, pero Louis se puso frente a ella.

—Mejor vete, Noah —demandó mi amigo, defendiendo a su chica. Me sorprendió de él.

Noah nos dio una mirada de odio para después irse del súper.

—Qué momento tan intenso —respiré normal. Noah me estresaba un poco.

—Definitivamente —respondió mi amigo.

—Me tengo que ir, Louis, pero antes ¿puedes hacerme un favor?

—Dime.

—Mientras estoy en la cabaña, ¿puedes buscarme una casa? Que esté cerca del mar, me quiero mudar. Esa casa tiene malos recuerdos y quiero empezar de cero con Isabella y con mi bebé. También quiero que pongas en venta esa.

—Claro, me parece bien. Me pondré hoy a eso.

—Te llamo después. Nos vemos, Kelsey.

—Cuídate.

Avancé a la caja y pagué. Al salir me monté a mi coche, en eso mi celular sonó, era Helena. No quería hablar con esa mentirosa justo ahora, al menos me había liberado de ella. Me sentía bien por esa parte.

Arranqué, pasando por la pizzería, compré una caja familiar para los dos.

ISABELLA

Mientras Harry no estaba me había puesto a limpiar un poco el lugar, era todo rústico. Además de que estaba rodeado de bosque, en un principio me dio algo de miedo porque no sabía qué animales podrían andar por ahí, pero luego se me quitó. Al rato apareció Harry, venía con las compras. Salí a ayudarlo un poco.

—Pasé por la casa y traje algo de ropa —dijo.

—Está bien, gracias.

Avanzamos dentro, dirigiéndonos a la cocina.

—Tengo mucha hambre —le dije, sintiendo el olor de la pizza.

—Por eso me di prisa, sabía que tendrías hambre pronto y no quería que pasaras hambre. Llamaré a la ginecóloga al rato, agendáremos una cita.

—Pero había agendado una cita con el ginecólogo antes. —le hice saber.

Me miró mal.

—¿Ginecólogo?

—Sí.

—Es hombre, Isabella.

—¿Y?

—Que no dejaré que un hombre te revise, conozco a una amiga que es ginecóloga, iremos ahí.

Rodé los ojos y resoplé, eran increíbles los celos de Harry.

—Como quieras —me senté en el comedor y empecé a servirme.

—Me encontré a Louis en el supermercado, le dije que buscara casas cerca del mar—comió de la pizza— Nos mudaremos.

—¿Y tu casa? —cuestioné, tomando un poco de soda.

—La pondré en venta, quiero que empecemos de cero los tres.

Asentí.

—Me parece bien, aunque tengo que trabajar en algo para aportar con los gastos.

—Isabella, en tu estado no puedes trabajar.

—Harry, no empieces por favor.

—Es la verdad. Quiero cuidarte en todo este trayecto, no quiero que hagas esfuerzos ni que pases corajes. Quiero que todo esté bien.

—¿Y mi Universidad? ¿Como la pagaré?

—¿Yo estoy pintado o qué? Además, te recuerdo que estaba pagada por un año. Aún faltan meses para eso.

Rodé los ojos y seguí comiendo mi pizza, Harry siempre se salía con la suya, era inútil que siguiera insistiendo.

¡Mi madre! Olvidé llamarla. Ha de estar muy preocupada.

—Harry, ¿donde está mi celular? —lo miré.

—No traías celular —elevó una ceja.

¡Es cierto! Anoche, en la boda, le había dado mi celular a mi mamá para que lo tuviera, y ahora no tenía cómo comunicarme.

—¿Tienes el número de Martha? Quiero llamarla para preguntarle.

—Sí —sacó su celular y me lo dio. Cuando lo tomé noté que tenía varias llamadas perdidas, solo por curiosidad me metí a las llamadas y vi su historial. Hice una mueca de desagrado cuando miré el nombre de Helena. Parece que no le había querido responder.

—¿Helena? —lo miré.

—Ha estado llamando —respondió sin inmutarse. Me gustaba que Harry fuera así, me daba sus cosas sin nada que temer. Además de que no tenía nada que ocultarme. No como otros que se ponen nerviosos cuando la novia les toca el celular. Ash.

Busqué el número de Martha y le marqué.

—¿Bueno? Dígame, señor Lee —respondió.

—Martha, soy Isabella.

—¡Isabella! ¿Donde estas?

—En una cabaña con Harry.

—Aquí está hecho un desastre, tus padres han venido muchas veces a la casa para saber de ti. Creo que quieren ir a la policía.

—¿Qué? Eso no puede ser.

—Ellos no conocen al señor Lee, cree que te secuestró o algo así.

—Martha, tienes que buscarlos y decirles que estoy bien. Mi celular lo tiene mi madre, pídeselo.

—Lo haría con gusto, Isabella, pero creo que tienes que venir tú a hablar con ellos. Estaban muy preocupados. Aclara las cosas. Su viaje era mañana y escuché que lo pospondrían.

—Está bien, tendré que ir.

—Perfecto. Espero verte también, necesitamos hablar.

—Claro, no te preocupes, estaré ahí por la noche. Gracias por todo.

—De nada, te espero.

Corté.

—¿Pasó algo?

—Nos olvidamos de mis padres, necesito ir y hablar con ellos.

—Claro, iremos más tarde. ¿Me presentarás con ellos? —me miró curioso.

Carraspeé.

—Claro, eres el padre de mi bebé después de todo.

—Perfecto.

Estaba un poco nerviosa.

En eso su celular sonó en otra llamada, seguía siendo Helena.

—Es Helena —le dije.

—Contesta, no hay problema —me dijo despreocupado.

Eso hice: contesté.

—Dime.

—Hmm... ¿Isabella?

—Sí, soy yo.

—¿Por qué tienes el teléfono de Harry?

—¿Por qué es mi novio? —respondí obvia— ¿Qué quieres? ¿Seguirlo engañando?

—No estoy de humor para hablar contigo, pásame a Harry.

—¿Con qué derecho?

—Necesito hablar con el, pásamelo.

Harry me miraba y se reía a lo bajo.

—Está ocupado.

—Escucha, de seguro hubo un malentendido con los exámenes yo...

—Olvídalo, Helena, sabemos que no es el padre, ve a buscar a otro a quien meterle ese bebé porque Harry ahora tendrá el propio.

—¿Qué? ¿De qué hablas?

—Chaito.

Y corté.

Harry rió.

—Me gusta que seas así: que defiendas lo tuyo.

Me encogí de hombros.

—Pues claro —le di el celular.

Harry dejó de comer y se acercó a mi, tocándome la pierna un poco misterioso. Sabía que lo quería.

—Harry, ¿no crees que sea malo tener relaciones estando embarazada?

—No creo —me besó, cargándome y dirigiéndome a la habitación.

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