Capítulo 6 Libre
ISABELLA
—¿Qué harás con la universidad? —me preguntó Martha después de haberle contado que estaba embarazada. Estábamos en su casa, era domingo así que Martha se quedaba con Alberto. Pero no sabía si mañana tendría que volver a la mansión de Harry. Además, él ya no volverá a ese lugar.
—No lo sé —mordí mi uña— Por estos meses estaré bien porque no se notará la panza, pero después... tendré que tomarme unas vacaciones para tener a mi bebé y recuperarme. Todo esto ha sido muy difícil para mi. No tengo idea de cómo ser madre.
—Me imagino —me tendió una taza de té.
—¿Qué clase de té es?
—¡Disculpa! —se la llevó—Olvidaba que no puedes tomar té —rió— Te traeré café.
Estábamos en la sala mirando algún programa de televisión, Alberto había salido al súper así que no tardaba en volver. Me sentía más tranquila ahora que había hablado con mis padres, ahora que conocían a Harry y que lo aceptaron también. Me quedé pensando en lo que me dijo Kara, sobre vivir en California. No sé si será bueno para ella pero me gustaría mucho tenerlos cerca.
—Aquí tienes, descafeinado, como te gusta.
—Gracias.
—¿Qué se siente estar embarazada?
—Me siento normal. Por ahora. Sino me hacía la prueba no me enteraba.
—Pero dices que tenías náuseas o mareos constantemente.
—Sí, pero tengo ansiedad, es normal en mi eso.
—¿Y tu regla?
—Bueno, me vino a inicios del mes así que... pensé que me vendría hasta después o había un retraso. No pensé que fuera algo grave. Jamás se me pasó por la mente un embarazo, es decir, no estoy preparada para ser madre. Estoy joven, tengo mucho por qué vivir.
—Te entiendo. Y la universidad, perderás un año.
—Sí. Pero Harry es... el amor de mi vida y tener un hijo de él es increíble. Pensar que si el bebé de Helena hubiera sido de Harry hubiera tenido dos bebés casi al mismo tiempo. Hubiera sido más duro para mi. Estar pensando si querrá más al bebé de Helena que al mío.
—¿Por qué dices eso?
—Son cosas que pienso. Mi hijo hubiera sido el segundo y odio ser la segunda en todo —hice una mueca. Los cambios de humor estaba empezando a pasarme factura, y eso no era nada. Siempre que me acordaba de la tal Helen... digo, Helena, me da mucha rabia, me provoca no ver a Harry por un tiempo.
—¿Estas bien? —Martha rió un poco.
—Estoy bien.
Con Noah al menos sabía que era la única en su vida.
—Me mandó mensaje Alberto, dijo que vendría en unos minutos.
—Está bien, tengo rato de no saludarlo.
—¿Qué ha pasado con respecto al asesinato de la maestra suplente?
—No lo sé —la miré—La policía se encargaría de eso.
—¿Y Trevor?
—Desde la última vez no hemos sabido nada de él, supongo que se fue. O eso espero.
—Yo no creo que se haya rendido así por así, debes cuidarte de todas formas.
—Lo haré.
Minutos después Alberto apareció con bolsas del supermercado.
—¡Beto! —me lancé a abrazarlo, lo quería como a un hermano mayor ya.
—Juliette —me saludó. Rodé los ojos porque hace mucho no me llamaba por mi segundo nombre.
—¿Qué tal todo? —palmeé su hombro.
—Todo bien, ¿cómo estás tú? ¿Qué ha pasado con Noah o con Harry? —dejó las bolsas en la mesa y Martha se las llevó a la cocina.
—Pues... Noah y yo hablamos así que... estoy con Harry de nuevo. El bebé de Helena no es de él —sonreí— ¿Y adivina?
—¿Qué?
—Estoy embarazada.
No aguantaba diciéndole a todos la noticia. Alberto se sorprendió un poco.
—¿En serio? Pues felicidades, al final Harry triunfó y ahora tendrá un bebé con la mujer que ama.
—Pues así parece —los dos nos sentamos en el sofá.
—Podrías hacer un libro con todo lo que te pasó —me molestó— En serio, fueron tantas cosas.
—Y aún no termina —le dije— Tengo muchos planes, estamos pensando en mudarnos a otra casa más cerca del mar.
—Mejor para ti, siempre te ha gustado estar cerca del mar.
—Lo sé —me sentía eufórica, todo lo que estaba pasando era nuevo para mi— Me gustaría trabajar en algo que me guste, digo, mientras me gradúo como psicóloga.
—Tengo una amiga en una editorial que podría ayudarte. El empleo es simple y no estarás de aquí para acá caminando en el ajetreo. De hecho me dijo a mi pero no tengo tiempo.
—¿En serio? —me interesé—¿De qué se trata?
—¿Te gusta leer?
Asentí.
—Bueno, de eso trata: leer los manuscritos que los autores envían y elegir los que son buenos para ser publicados.
Pues no sonaba tan mal.
—¿Cómo haré para localizarla?
—Déjamelo a mi, le hablaré de ti y luego te paso los datos.
—Está bien. Gracias, me salvaste. Además, a Harry no le hubiera gustado que trabajase en otra cosa.
—¿Y la universidad?
—No lo sé. Quizás hable con la directora, no quiero perder un año, me atrasaría mucho.
—Y no estaríamos juntos en próximo.
Le di la razón.
—Quizás haya una solución, lo sé. —me puse de pie— Me tengo que ir, pasaré a la universidad trayendo algunas cosas de mi dormitorio.
—¿Quieres que te lleve?
—No es necesario. Buscaré un taxi. Despídeme de Martha.
—¿Irás a la universidad mañana?
—Claro, allá te veo.
—Está bien, llámame cuando llegues.
—¡Lo haré! —salí de la casa de Alberto y busqué un taxi. Necesitaba sacar las cosas del dormitorio, ahora no podía llegar en taxi hasta la cabaña porque era muy alto y ellos no van hasta allí. Tomé un taxi y me dirigí a la universidad.
•
Cuando llegué estaban la mayoría que estudian los domingos, me dirigí hacia los dormitorios y subí las escaleras. En el camino me encontré con Noah. Genial, lo que me faltaba.
—Hola —lo saludé.
—Hola —pero ni siquiera me saludó bien, solo me pasó de lado y ya. Ha de estar muy enojado conmigo. Avancé hasta el dormitorio y entré, agradecía que no estuviera ni Piper ni Trisha aquí. En eso mi celular sonó, lo saqué y contesté.
—¿Bueno?
—Isa, ¿donde estás? Pasé a casa de Alberto y dijo que te acabas de ir.
—Estoy en la universidad.
—¿Haciendo qué?
—Trayendo unas cosas del dormitorio, Harry —respondí de mala gana. No me había gustado para nada ese tonito con el que me había hablado. Todo mandón.
—Iré para allá.
—No es necesario... —pero había cortado ya. Bufé y guardé mi celular. En mi ropero no tenía muchas cosas, solo algunos libros y demás. Tomé la maleta y empecé a meter todo. La puerta se abrió.
—Isabella... —era Piper.
—Piper...
—Justo eso te iba a decir, la directora ocupará ese dormitorio, nunca estás así que se lo dio a una alumna de intercambio. Llega hoy.
—Tranquila, sacaré todas mis cosas ya.
—Está bien —sentí que se sentó en su cama y empezó a ojear una revista. Sabía que me quería decir algo más, la conocía bien.
—Dime lo que sea que me vayas a decir —la miré de una vez.
—¿Yo? No tengo nada que decirte.
Recordé la vez que creí que era sospechosa sobre la muerte de esa chica, Piper estaría involucrada en dos asesinatos ya.
—Bien —seguí metiendo mis últimas cosas.
—¿Cómo van las cosas con Harry? —quiso saber.
—Muy bien.
—Por ahí me di cuenta que el hijo de su ex esposa no es de él.
—Ujum. —los chismes corrían rápido.
—Felicidades por ti.
Le sonreí fingidamente.
—También me di cuenta de que estás embarazada de él.
Cuando dijo eso la miré. ¿Cómo es que sabía todo eso? Si a casi nadie le había dicho. Piper a veces me sorprendía.
—¿Quién te dijo?
Solo se encogió de hombros.
—Un pajarito por ahí.
—Wow, las noticias corren rápido aquí.
—Ya sabes cómo es todo por aquí.
—¿No has sabido nada de Trevor?
Estaba empezando a exasperarme, Piper me preguntaba mucho.
—No, Piper, no he sabio nada de Trevor y espero no saber nada de el nunca más. ¿Por qué el cuestionario? —la encaré.
—Oye, tranquila, solo estaba tratando de entablar una conversación. Como en los viejos tiempos.
La puerta es tocada dos veces, una chica aparece. Jamás la había visto por aquí, venía con un papel en mano y traía una maleta enorme tras de ella.
—Hola —nos saludó— La directora me mandó para este dormitorio.
La chica era rubia, bajita y tez blanca.
—Tranquila, ya me voy —cerré la maleta y me giré para salir, pero Harry apareció en el dormitorio también. La chica lo miró y se quedó un momento embobaba viéndolo. Eso me molestó un poco, lo admito.
—Hola, soy Amanda —la rubia le tendió la mano. Esperé que Harry no se la aceptara pero lo hizo, se la estrechó.
—Harry Lee, gusto en conocerte, Amanda.
Les pasé de lado y salí de ahí, me moría de celos solo con ver a Harry con alguien más.
Pero en cuanto salí choqué contra alguien, era un chico rubio, alto y nada feo.
—Disculpa —elevó sus manos en forma de paz.
—¿Todo bien? —Harry estaba detrás, al menos ahora supo lo que sentí cuando le estrechó la mano a esa tipa.
—Todo bien —le di una mirada rápida y seguí mi camino.
HARRY
—No vuelvas a hacer eso—le dije mientras nos dirigíamos al coche.
—¿De qué hablas?—frunció el ceño.
—Hablo de la forma en que viste a ese sujeto, Isabella Fox,—abrí la puerta del copiloto—no me creas estúpido, pude ver cuando le echaste una mirada muy rápido.
—Pues yo podría decir lo mismo cuando saludaste a esa tipa—arqueó una ceja—si tú te comportas de una forma creeme que te pagaré con lo mismo—no me gustó para nada ese tipo de expresiones.
—O sea que si yo hago algo malo ¿tú también lo harás?—entrecerré mis ojos—Cuidado con lo que dices, Isa—tomé su brazo—es cierto que eres la madre de mi hijo, pero tampoco te da el derecho de tratarme de esa forma.
—Entonces no vuelvas a hacer eso—cerró la puerta frente a mi cara.
No sé por qué, pero desde el primer momento en que vi a Isabella y ni siquiera éramos nada sentí que ella no podía ser de nadie más, mía y solo mía. Rodeé el coche, la observé antes de arrancar, seguía enojada.
—Está bien—coloqué mi mano encima de su pierna—acepto que cometí un error, pero sólo quise ser educado. Igual hubiera saludado a cualquier chica, pero eso no quiere decir que me importa, cariño, no me gusta que estemos así—realmente la distancia entre los dos me hacía mucho daño—te prometo que no volverá a ocurrir, ¿vale?—me observó, de pronto sentí un beso e hicimos las pases de nuevo—te amo, demasiado diría yo.
—Yo también—enganchó su brazo en mi brazo derecho.
—Tengo pensado comprar una casa que está justamente en una colina solitaria, desde ahí hay una vista espectacular, podría servirte para tus ejercicios de yoga o algo por el estilo, ¿no crees?—estaba feliz con la noticia—lo que falta es verla, quizás te guste el interior, el dueño me dijo que estaría disponible mañana, así que iremos temprano.
—Me parece perfecto, cariño, por cierto Alberto me estuvo comentando que me podría ayudar con un trabajo de editora, sabes muy bien lo mucho que me encanta la lectura y la escritura—lo sabía, desde un principio siempre lo supe.
—¿¡De verdad?! Me alegro demasiado por ti, espero que nuestro pequeño salga como su madre—acaricié su vientre antes de arrancar.
•
—Tomaré otra ruta—desvié el coche, había mucho tráfico y el tiempo se nos estaba acabando, tenía una pequeña sorpresa para ella y esta vez no le diría nada hasta llegar a la cabaña.
—¿Por qué tan callado, Harry?—me miró de reojo, mi mujer era muy inteligente y cualquier cosa sospecharía.
—No es nada, cariño, simplemente voy un poco cansado de las vueltas que tuve que dar hoy—mentí, aunque de cierta forma estaba pensativo por lo que había pasado con mi cuenta y ese dinero perdido, también la llamada que recibió Louis de Kelsey, tendría que olvidar eso por el momento. Llegamos a la cabaña, estaba totalmente oscuro, creo que debería de comprar muchas luces y colocarlas a lo largo del camino, no me gustaba las cosas muy oscuras y menos ahora que Isabella vivirá conmigo, aunque no será por mucho tiempo que utilizaremos esta casa.
—Harry, quiero confesarte algo—Isa tomó mi mano antes de bajarnos del coche.
—Dime.
—Es que me he puesto a pensar últimamente que quizás tú te puedes aburrir de mi y más cuando mi cuerpo vaya sufriendo esa transformación del embarazo, quizás veas a una chica mucho más hermosa que yo y me dejes—me sorprendía que después de todo el amor que le había demostrado pensara esas cosas.
—¿Cómo se te ocurre?—me acerqué a ella—ya te he dicho una y otra vez que en mi vida sólo existes tu, Isa, el físico para mi no es importante, un día nos haremos viejos y ¿que pasará con ese físico?—tomé su rostro acariciandolo lentamente—eres perfectamente imperfecta, cariño, pero aún así te amo tanto, así que no sigas dudando de esa forma, ahora vamos—salí del coche, de inmediato abrí la puerta del copiloto—ven acá—tomé de su cintura.
—¡Harry!—sonrió—¿Qué piensas hacer? Suéltame.
—Demasiado tarde, señorita,—la cargué entre mis brazos, cerré la puerta del coche con una pequeña patada.
—Llévame despacio acuérdate de mi bebé—como siempre Isa tan nerviosa.
Llegamos a la sala, la bajé poco a poco.
—Acompáñame —me dirigí a la habitación de arriba.
—Harry—me miró con picardía.
—Tranquila—empecé a reírme—eso lo dejaremos para la noche—la miré con deseo—es otra cosita.
—¡Por favor dime qué es!—demandó.
—Qué barbaridad, Señorita Fox, como siempre eres muy impaciente—abrí la puerta—cierra los ojos y por favor ábrelos hasta que yo te lo diga, ¿ok?
—Está bien, pero por favor no tardes, tú sabes que no me gusta esperar mucho tiempo.
—A la cuenta de tres los abres entonces.
Uno.
Dos.
¡Tres!
—¡Harry!—llevó sus manos a la boca—es hermoso, ¿Cómo supiste que me gustaría uno?
—Pues porque conozco a mi mujer más de lo que tú te imaginas, ahora tienes que ponerle un nombre, ¿te gusta el color?
—Está muy lindo, sabes que me hará muy bien todo este tiempo de embarazo—lo acarició por encima de su pelaje—lo llamaré Copito—me alegraba que le había gustado, muy temprano había ido a un centro de esos que tienen mascotas en adopción y adopté un gatito de color negro, imaginé que a Isa le gustaría ya que Los gatos tienen muchas propiedades buenas para la salud de una persona.
—Vale más que te gustó—nos abrazamos—bajaré a la cocina, tengo un poco de hambre.
—Espera, yo iré a cocinar, me has consentido y ahora me toca a mi también, pero no te acostumbres ¿ok?—sonrió—es decir, si puedo ayudarte con tus tiempos de comida lo haré, pero también de la misma forma quiero que tú lo hagas.
—Está bien, pero recuerda que podemos contratar a alguien que nos haga todas esas cosas—hice piojitos en su cabeza.
—¿Me crees incapaz de hacer un buen desayuno o una buena cena?—me miró con desdén.
—Claro que no, por Dios, Isa, tú siempre desmenuzas todo lo que digo y lo tomas a mal—negué con la cabeza.
—Bueno, señorito, solo ten cuidado al hablar frente a mi, no vaya ser y termine creyendo otra cosa—ambos bajamos a la cocina. Quité mis zapatos y me acosté en el sofá de la sala, encendí el televisor, había un partido de béisbol—¿te gusta el picante?—preguntó tomando un poco de carne del congelador.
—¿Qué si me gusta? Soy mejor que un mexicano—presumí—puedes echarle todo el chile que tengas y te demostraré.
—No me estés retando, señor Lee, podría mandarte al baño por el resto de la noche y luego no tendremos tiempo para ya sabes qué —encendió la estufa.
De pronto una vez más se me clavó el pensamiento del dinero perdido, era obvio que estaría pensando en eso, no era una suma pequeña.
—Toma—Isa llevó un vaso de sandía—espero te guste, no me gustan las cosas muy dulces así que tienes que acostumbrarte—lo tomé y estaba en su punto.
—Pues no lo siento nada mal, eso si, me gustan las cosas muy heladas.
—Conmigo también te tienes que acostumbrar a tomar las cosas a temperatura ambiente por las noches—Isa empezaba a parecerse más a mi mamá cuando yo estaba pequeño, pero me gustaban sus cuidos.
LOUIS
Aún no podía creer que pasara esto cuando yo era el encargado de todos los movimientos bancarios de Harry, solo espero que no empiece a desconfiar de mi, todo este tiempo he hecho una gran amistad con él considerándolo como mi hermano. Abrí mi computadora y empecé a revisar detalladamente todas las transacciones desde el mes pasado y todo parecía marchar claro, hasta que llegué con algo. Se trataba de una transacción muy grande, se había hecho en un banco que estaba un poco cerca de acá, ere muy noche para visitarlo, pero mañana por la mañana tendría que ir temprano a ver eso.
—¿Qué haces tan tarde, cariño?—Kelsey se quedaría conmigo esta noche.
—Estoy revisando unas transacciones de Harry, no me vas a creer, pero alguien le está robando—frunció el ceño de inmediato. Le comenté estas cosas, eran privadas, pero a ella le tenía mucha confianza, incluso tenía accesibilidad a muchas cosas personales.
—Apuesto que su ex esposa está haciendo estas cosas, Helena está completamente loca y tú lo sabes—Kelsey me había abierto la mente en ese momento, no había pensado desde ese punto de vista.
—Tienes razón—asentí—no lo había pensando desde antes, pero creo que tu teoría tiene lógica, no puedo creer que esa mujer trate de hacer más daño de lo que ha hecho, no me gustaría que la encarcelen, pero personas como ella no tienen solución.
—Así es, querido, pero mejor vayamos a dormir, la cama está fría cuando no estás conmigo—deslizó su mano sobre mi pierna hasta llegar a mi miembro—quiero que me maltrates—respiré profundo cuando sentí esas caricias allá abajo.
—Esta noche no podrás librarte...
