Capítulo 7 Seguridad
ISABELLA
Por la noche me desperté con hambre, así que salí de la cama sigilosa y me dirigí hacia la cocina. Tenia antojo de algo dulce, en la nevera había una pequeña torta con rebaño. Tomé una rebanaba y me senté a comer. Sentía que esto era lo que necesitaba. Aunque no debería de comer demasiada azúcar. Cuando terminé guardé el resto y me lavé las manos. Me quedé observando afuera por la ventana, se miraba el bosque todo oscuro e incluso daba un poco de miedo. Estábamos solos él y yo en esta cabaña, sé que era la última noche pero no sé por qué me sentía observada. Me dio un poco de miedo en ese momento, lo admito. No estaba ni Jared ni uno de los otros chicos de la seguridad, no entiendo cómo Harry vivió aquí por meses, solo. Sentí pena por el, sentí que debía de estar muy mal para estar aquí y haber abandonado todo.
—¿Isa? —la voz de Harry me hizo saltar del susto.
—Me asustaste —llevé una mano a mi pecho.
—¿Qué haces?
—Solo vine por algo de comer.
—Ven, vamos a la cama —Harry corrió la cortina de la ventana que daba al bosque—Hace frío.
Le di un beso en los labios y nos dirigimos a la cama de nuevo, aún sentía la sensación de que no estábamos solos.
•
Al día siguiente despertamos más tarde de lo normal, Harry me hizo desayuno, comí un poco pero después lo demás me dio náuseas. Era lo malo del embarazo. Después de llevar las cosas al coche y cerrar todo con llave emprendimos viaje hacia la nueva casa.
—¿Estas nerviosa? —me preguntó.
—Un poco, empezaremos de nuevo.
—¿No te gusta? —puso su mano en mi pierna.
—Me gusta.
•
Pasamos por la librería donde Violeta, estaba abierta y ella atendía. Pude ver por el cristal.
—Me da pena con Violeta —murmuré, volviendo mi vista al frente.
—Tranquila, puedes venir a visitarla un día y explicarle.
—Tienes razón, eso haré. ¿Estamos cerca? —quise saber, ahora ya estábamos en la ciudad, frente al mar. Me gustaba vivir cerca de las personas, es decir, no me gustaban los lugares solos como en la cabaña. Me daban un poco de miedo. Además de que mi ansiedad me hace pensar que algo malo podría pasarme y no habría nadie quien me ayude. Es por eso que prefiero lugares en donde hayan personas cerca.
—Así es. Te gustará, la escogí especialmente para ti.
—Está bien.
Minutos después subimos una pequeña colina en la misma ciudad, al estacionarnos cerca de una villa me quedé anonada. Era una casa grande y de dos pisos, tenía un jardín pequeño pero hermosos, habían muchas flores y otro tipo de plantas ahí. Me bajé, mirando que frente a nosotros se veía el mar y las luces de la ciudad, es decir, no estábamos tan alto y había más villas de vecinos. A lo lejos miré unas escaleras que daba justamente a la arena de la playa.
—Harry, esto es hermoso —lo miré. Las paredes eran color crema, esta casa no era como las modernas de ahora sino más como estilo rústica o sencilla. Era perfecta. Había una pequeña fuente cerca de la entrada. Habían árboles a los alrededores, césped en todos lados. Y mejor aún, una piscina a un costado, con vista al mar también.
—Pensé que sería más tu estilo —me dijo, cargando algunos bolsos.
Me acerqué a mi novio y le di un abrazo, me sentía tan especial de que pensara en mi.
—Me encanta —chillé— Es muy mi estilo. Gracias.
—A mi me gusta verte feliz. También pensé que este sería un buen ambiente para el bebé. Jared y los demás vendrán por la tarde, aunque nos hayamos cambiado de casa no significa que no estaremos protegidos, siempre he optado por eso —me pinchó la nariz.
—Está bien, aún no sabemos nada de Trevor así que acepto eso. ¿Qué hay de Martha? ¿No crees que necesite el trabajo?
—Bueno, Martha es tu amiga y no sé si te sentirías cómoda que ella sea... la cocinera —le costó un poco decir eso último.
—Tienes razón. Platicaré con ella, no me gustaría que se quedara sin empleo.
—No lo hará, seguirá trabajando en la antigua casa mientras se vende y si los dueños quieren que Martha trabaje con ellos pues mejor aún. Pero mientras ella tendrá su empleo.
—¿Estará sola?
Pareció pensativo.
—Pues pensé en eso, se quedarán a cuidar algunos de seguridad y ella puede decirle a Alberto que la acompañe por las noches. Digo, mientras se vende.
—Esa me parece una mejor idea.
—Hablaremos con ellos. Ven, te mostraré el interior de la casa —me llevó hacia dentro— Ten, copias de las llaves —me tendió las llaves.
—Cuéntame de la casa. —pedí, mientras introducía la llave en la cerradura, de escuchó el click al abrirse.
—En el primer piso hay dos habitaciones con sus baños, son para visitas o huéspedes. La cocina es grande y espaciosa. —entramos. En solo la entrada se miraba la sala, había un enorme sofá color negro. Frente había un televisor y una mesita en medio. Había también una estantería llena de libros. Dios, qué emoción. Estaba el pasillo, más adelante se miraban las escaleras que daban al segundo piso. En el pasillo pude ver las puertas a lo lejos, supongo que eran de las habitaciones para invitados. Al final había una puerta de vidrio, se miraba el patio trasero. A mi derecha estaba la cocina que me había descrito Harry, a como dijo, era grande y espaciosa. Estaba la encimera, la isla, los bancos para desayunar. Todo.
—¿Te costó muy cara? —quise saber. El piso era blanco, olía todo bien.
—No, pero de eso no te preocupes. Lo importante es que te sientas cómoda. Te seguiré contando —me tomó de la mano— En el piso de arriba haya dos habitaciones más. La principal que es la nuestra, obvio, y la que será del bebé. Bueno, cuando crezca más.
Subimos las escaleras hasta llegar al segundo piso. Las ventanas eran de cristal también, pequeñas. La primera puerta de la izquierda era nuestra habitación. La habitación era grande, la cama estaba en medio, estaba acondicionada para todo lo necesario. Y claro, tenía una terraza pequeña.
—Siento como si la hubieran hecho justo a la medida.
—Tendremos que estrenar esa cama hoy—se acercó peligroso.
—Sígueme enseñando la casa, señor Lee.
—No te me escaparás por mucho tiempo, Isabella Fox.
Al salir de nuevo al pasillo nos adentramos a la otra habitación, estaba en el otro costado, al final. Era más o menos grande, tenía una terraza pequeña también que daba al jardín trasero. Una cama como para un adolescente, televisor, muebles, etc.
—Sabes que falta mucho para que el bebé esté grande, ¿verdad?
—Lo se, pero el tiempo pasa rápido. Además, pienso quedarme aquí siempre, no me gusta estar cambiando y cambiando. Es por eso que tuve cuidado al escoger la casa. Tenía que ser perfecta para los tres.
—Pienso lo mismo.
—¿Tienes hambre? Recuérdame buscar a una persona que se encargue de la limpieza y haga la comida. No quiero que te canses por hacer esas cosas —me tomó de la mano y nos dirigimos fuera.
—Harry...
—Isabella, por favor... es lo mejor, ya lo verás —los dos bajamos las escaleras y nos dirigimos a la cocina.
—Está bien —respiré profundo mientras me sentaba en los bancos de la isla. —¿Seguirás dando clases en la universidad? —quise saber, quería saber a lo que me atenía.
—Hmm ¿tú quieres?
—Hmm no lo sé. Aceptaré lo que tú quieras.
—Terminaré las últimas semanas que me quedan, luego tendrás a tu maestro de siempre.
—Está bien, al menos te tendré cerca.
—¿Qué tienes antojos de comer? Pídeme lo que quieras —me guiñó un ojo.
—Tengo antojo de comer algo —miré a su amiguito de abajo—: Tortitas de carne —le sonreí maliciosa.
—No me provoques, Isabella.
—¿O qué? —lo seguí retando.
Se acercó peligroso.
—Aquí abajo hay alguien despertando —me tomó de la cintura y mi cargó, haciendo sentarme en la isla.
—Harry —lo tomé de la cara— Hazme lo que quieras.
—¿Lo que quiera? —sus ojos brillaron de placer.
—Ujum —asentí, lamiéndole el cuello.
Sus manos acariciaron mis muslos mientras al mismo tiempo me subía el vestido. Lo fácil de andar vestidos es que solo tenía las bragas debajo. Y Harry era experto en hacerlas a un lado. Harry me acercó más a él.
—Quiero metértela —me susurró al oído. Sentí escalofríos cuando dijo eso último.
Mordí mi labio inferior y respondí:
—Pues hazlo. ¿Qué esperas? —bajé mi mano y le masajeé su amigo.
Harry me apretó las nalgas, provocando que saliera un gemido de mi boca.
—Escucharte gemir es como música para mis oídos.
—¿Ah si?
Asintió.
Desabroché su pantalón, bajándoselo un poco; le masturbé un poco antes de acomodarlo dentro de mi.
Eso fue lo único que necesitaba Harry para tomarme fuerte del cuello y penetrarme una y otra, y otra, y otra vez.
ISABELLA
—Acepto que encontrar una mujer tan ardiente como tu fue lo mejor que me pudo haber pasado—Harry estaba relajado en el sofá de la sala al igual que yo.
—Pensé que antes la habías tenido—acaricié su cabello que caía en su frente.
—Por más que intenté buscar nunca fue tan bueno como lo que sucede entre nosotros, cariño,—llevó su dedo índice rozando mis labios—simplemente cada vez que lo hacemos te deseo más y más, lo siento pero me estás volviendo un adicto—me encantaba escuchar eso.
—Más te vale—seguí acariciando allá abajo—desde acá se ve una vista impresionante, Harry,—los reflejos del sol entraban poco a la sala, pero se apreciaba muy bien los veleros y las demás casa—deberíamos de hacer una cena de bienvenida o algo por el estilo.
—¿En serio?—se sorprendió—¿y eso?
—¿Qué tiene?—levanté mis manos—no tienen nada de malo, además, no creas que estoy pensando en una fiesta de esas que estabas acostumbrado a ir, me refiero a algo familiar.
—Pues deberíamos de organizarnos bien para ver qué día lo podemos hacer—se levantó del sofá—sabes que tu familia para mi siempre serán bienvenidos, esta casa también les pertenece—se dirigió a la nevera—está haciendo un poco de calor, ¿quieres jugo?—asentí—estaba pensando en que deberíamos de hacer algo como un baby shower, aunque sé que no tengo derecho a estar presente ya que solo son cosas de mujeres, pero a mi me gustaría verte contenta con tus amigas o tu madre, sabes que será su primera y única nieta.
—No se me había ocurrido, pero está bien, sería bueno que ellos vengan, aunque ya pudiste ver que mi mamá es medio preguntona—tomé el vaso de jugo.
—Tú no te preocupes, ¿vale? Deja que todo lo haga yo—se sentó a mi lado—mientras tanto disfrutemos de nuestra nueva casa—la puerta había sido golpeada dos veces—espera—se levantó—a lo mejor es Louis, según tenía que decirme algunas cosas de trabajo y seguro quiso venir a conocer la casa de paso—se levantó buscando la puerta, yo seguía tomando mi jugo.
—Buenos días—la voz de otra persona era quien llegaba, de inmediato giré mi cuello—usted debe de ser Harry Lee—tendió su mano—mucho gusto, mi nombre es Álvaro Coen, soy vecino suyo, vi que alguien entró a la casa y pensé pasar a saludar.
—Mucho gusto, señor Coen—Harry también estrechó su mano—muchas gracias por su recibimiento, acá estaremos viviendo todo este tiempo. Isa—me llamó, yo simplemente rodé mis ojos—Isa, el es Álvaro nuestro vecino—estreché su mano—ella es mi esposa, estamos esperando un bebé y quisimos un ambiente muy diferente a la ciudad.
—Me da gusto saberlo—me dio su mano y a la vez me sonrió de una manera que me dio una mala espina—espero que les guste este lugar, yo llevo unos tres años viviendo por acá y puedo decirles que el lugar es fantástico, incluso me gustaría invitarlos a mi casa esta noche—salió un poco hacia el exterior de la casa—vengan acá—ambos nos dirigimos hacia el—mi casa es aquella—señaló una enorme mansión de color blanco, tenía muchas ventanas, supongo que este era un lugar exclusivos de esos que sólo los millonarios viven—así que los espero esta noche, asaré un poco de carne y tendré el vino listo, bueno aunque a tu esposa creo que le podría caer mal, pero podemos tener algo que no le haga daño.
—Está bien—dijo Harry, de inmediato lo codeé haciéndole una seña con la boca—estaremos por ahí—el sujeto simplemente se dio la vuelta para irse.
—¿Por qué aceptaste?—negué con la cabeza—te codeé por lo mismo, Harry, no sé pero ese tipo no me da una buena espina.
—Isa, tu a todas las personas las ves más, yo no le vi nada de malo al tipo, tenemos que ser amigables con las personas que viven por acá, solo vino a darnos la bienvenida—enganchó su brazo encima de mi hombro—vamos adentro mejor, necesitamos desempacar todas las cosas y darle un toque de vida a esta casa—aún así en mi interior tenía el mismo sentimiento, Harry a veces se comportaba muy inocente y es donde peor le iba: por no hacerme caso.
HELENA
—Maldita sea—espetó Diego—¿Cómo puede ser posible que hasta el día de hoy sigamos en la misma basura de posilga?—dio unos golpes a la pared—no estoy acostumbrado a vivir de esta forma—alguien estaba tocando la puerta—¿diga?—le preguntó al sujeto de la renta.
—Señor, Diego, usted sabe que he sido muy tolerante con los retrasos de los pagos de la renta, pero esta vez neceisto el dinero en cuanto antes, ya lleva dos meses de retraso y no siquiera arreglamos cuando me pagará—tragué grueso cuando escuché esas palabras, sabía lo que se venía—quiero mi dinero desde ya.
—Amigo, entiendo tu situación, pero también me gustaría que entendieras la mía, aún no consigo el trabajo que te dije y sabes también que tengo una mujer embarazada, ¿tendrías la sangre fría de mandar a un niño a la calle? Donde hay circunstancias adversas—el sujeto parecía un poco pensativo.
—Está bien—asintió—pero te daré sólo esta semana, si lo consideré es por Helena, pero de lo contrario lo sentiré mucho, pero las cosas no son gratis—Diego cerró la puerta con fuerza.
—¡Mierda!—daba patadas a la pared—¡Mierda, Mierda, Mierda!
—Cariño—intenté tomar su brazo pero se zafó—no me gusta verte de esa forma, vamos a salir de esta, ya verás.
—¿Cómo?—bufó—ya estamos acabados, Helena, desde que ese imbécil de tu ex descubrió todo nos fuimos al carajo, si tan solo hubiéramos reaccionado cuando te dije nada de esto hubiera pasado, ¿pero qué pasó? Te acobardaste—se fue a sentar al comedor—ahora estoy con la maldita renta en mis hombros y no sé cómo voy a pagar estos dos meses que tenemos de retraso.
—Si quieres puedo vender las últimas joyas que me había dado Harry, quizás con eso paguemos un mes y ya tengamos un acuerdo para que nos esperen un poco más—me senté en la silla que estaba a su lado—pero vamos a salir de esto, por eso somos una pareja, piensa bien en nuestro hijo, no te des por vencido.
—¿Sabes? Si no encuentro ese dinero esta semana tendré que hacer algo de inmediato y no me importan las consecuencias—empezó a mover su pierna de arriba hacia abajo muy rápido—no me puedo quedar de brazos cruzados cuando tengo esto encima—conocía muy bien a Diego y sé que estaba dispuesto a hacer cualquier locura con tal de saldar las cuentas.
LOUIS
El tráfico estaba pesado, llevaba varios minutos en la misma fila de autos que para nada avanzaba. Miré el reloj, necesitaba llegar al banco que habían hecho la transacción perdida, pero eso no aportaba mucho que digamos. Mientras tanto estaba pensando en quien sería la persona que está robando de la cuenta de Harry, pensé en Helena a como me había abierto los ojos Kelsey, pero tenía rato de no ver a Helena, tendría que investigar bien dónde está viviendo para ver qué tal le está yendo. La fila por fin avanzó de manera que llegué al banco sin problemas.
—Buenos días—le dije al sujeto que estaba en los módulos de atención al cliente—necesito información de una transacción que se llevó acabo en este banco, quizás lleva unas semanas que eso pasó.
—Está bien, por favor permítame el documento—el sujeto empezó a buscar en el sistema—así es, fue aca donde se realizó la transacción, ¿Qué desea saber?
—Me gustaría saber quién retiró el dinero—era la clave de encontrar quien era la persona que estaba detrás de todo esto.
—Veronica Lloris—fruncí el ceño, no conocía a nadie con ese nombre—ella fue quien lo retiró en billetes de cien dólares.
—¿Está seguro de eso?—intenté que rectificara—quizás hay un error, por favor revise nuevamente—el sujeto amablemente empezó a revisar en su computadora.
—Así es, señor, no hay error, es la misma persona—me parecía extraño todo esto.
—¿Me podría mostrar el video de ese día a esa hora?
—Lo siento mucho, señor, pero ese tipo de información no se la puedo brindar, eso es en el departamento de seguridad al cliente, yo sólo me encargo de los registros y esas cosas, sino con mucho gusto—asentí tomando nuevamente los documentos—si camina por el pasillo que está acá—señaló uno que estaba a mano derecha—llegará a las oficinas de ellos, pregunte ahí, quizás le puedan ayudar.
—Gracias—caminé hacia esas oficinas, pero aún tenía muchas dudas acerca de esta mujer, que yo sepa no conocía a nadie con ese nombre, tampoco recuerdo que hayamos tenido una compañera de clases con ese nombre, pero bueno, en el video se mostraría su rostro, quizás es alguien que ya conocíamos antes, pero aún no la recordaba. Caminé un poco más como el sujeto me había indicado, al llegar al fondo del pasillo habían cubículos con un letrero arriba.
"Seguridad del cliente"
