Capítulo 8 Cocina
ISABELLA
Era tiempo de ir a la universidad, Harry tendría que venir conmigo obviamente porque seguía siendo mi profesor. Al menos por estas semanas. O eso fue lo que me dijo. Me vestí rápido, por la mañana sentí un poco de náuseas pero luego se me quitaron. Harry dijo que hoy vendría la nueva cocinera, pero esta vez no será como antes, que los empleados se quedaban a dormir aquí sino que la señora vendría medio día nada más. A excepción de Jared y otros guardaespaldas. Tomé mi celular y mi bolso, y salí. En la cocina estaba Harry, tenía su traje perfecto, parecía sacado de una revista. Y era mío.
Me mordí el labio inferior mientras le daba una mirada de pie a cabeza, sintiéndome satisfecha porque era todo mío, no me gustaba que se le acercaran, ni siquiera que lo miraran otras mujeres. Avancé hacia el y lo abracé por la espalda, sintiendo su olor.
Harry me tomó de las manos y se giró, abrazándome por la cintura.
—Estás hermosa.
—Al igual que tu.
—¿Estoy hermoso?
—Claro. ¿Qué tiene de malo esa palabra? Eres hermoso —repetí.
Rió.
—Tengo suerte de que me veas así.
—Siempre te veré así.
—Recuerda que por la tarde tienes la cita con la ginecóloga, después de la universidad iremos.
—¿Hoy es la cena con el vecino?
—Así es —nos separamos—Me cayó bien.
—Hmm pues a mí no tengo. Hay algo en el que... no me termina de convencer.
—Eso es porque no lo conoces, pero ya lo harás.
—Tampoco lo conoces —me senté a esperar el desayuno.
—Bueno, no lo sé. Ya veremos qué pasa con el.
Después de desayunar salimos de casa, Harry me había dicho que Jared vendría después y que la cocinera también.
Cuando llegamos a la universidad estaba todo normal, me sentía un poco extraña también. Saber que todos aquí presentes sabían cosas, como por ejemplo que haya dejado plantado a Noah en el altar, y me imagino que sabrán de mi embarazo ya, es por eso que algunas miradas eran de reproche hacia nosotros. O bueno, hacia mi.
Alberto estaba en la entrada, platicando con otro chico.
—Hablaré con Alberto mientras inician las clases —le dije, faltaban como diez minutos.
—Está bien, mientras iré a la dirección, hay algunas cosas qué hablar —Harry me dio un beso en los labios para después irse dentro. Miré que un grupo de chicas lo quedaron viendo de pies a cabeza, comiéndoselo con la mirada. Me dio un poco de rabia pero luego se me quitó, solo lo podían desear porque era mío. Solo mío.
Avancé hacia Alberto.
—Alberto.
Él se giró hacia mí.
—Isabella... —luego se giró a su amigo—... hablaremos después.
—Está bien —asintió el amigo, yéndose.
—¿No te interrumpí o sí?
—No, para nada. Ven, te invito a un café.
—Está bien.
Los dos nos dirigimos hacia la cafetería, estaba medio vacía y eso me gustó. Nos sentamos en una mesa del fondo, luego de haber pedido nuestros cafés.
—¿Cómo va todo con Martha?
—Todo va bien, no hemos tenido tantas discusiones. Me comentó que nos iremos para la antigua casa de Harry...
—Sí, supe algo de eso. ¿Te molesta?
—Para nada. No dejaré a Martha sola y menos en esa casa tan grande. Además, si no iba de todas formas ella se iría sola.
—Sí, de todas formas allá quedaron algunos guardaespaldas.
—Además de que no hemos sabido nada del imbecil de Trevor. El hecho de que haya desaparecido no significa que no esté por ahí. Querrá ir a esa casa a buscarte.
—Lo sé. No sé cuándo terminará todo esto.
Cuando terminé de decir eso mi mirada pasó a la entrada, ahí venía entrando Noah, traía algunos libros en su mano. Alberto siguió mi mirada.
—¿Qué pasó con ustedes?
—Bueno, es obvio que no quiere saber nada de mi —tomé de mi café.
—Lo siento. Sé que lo apreciabas mucho.
—Lo hago. Lo quiero. Es como mi mejor amigo a pesar de todo.
Después de Noah entró la chica que ocupó mi dormitorio, me sentía insegura cuando la miraba, era muy bonita. Ella caminó y se acercó a la mesa de Noah, sonriéndole.
Me preguntaba si ellos eran amigos ahora. Noah le dijo algo y Amanda se sentó. Luego Noah se levantó y fue por dos cafés para luego volver con ella y darle uno.
—Parece que Noah no está tan mal a como pensábamos —murmuró Alberto. La mirada de Noah pasó a mi, chocamos miradas, pero después la apartó de inmediato. Se miraba tan animado hablando con esa chica.
—Bueno, al menos hizo una nueva amiga —admití.
—Pareciera que fueran más que amigos —volvió a murmurar. Lo miré mal.
—Alberto...
—Es verdad. Míralos.
Los miré. Amanda lo tomó de la mano, ellos se reían.
—Pues me alegro por Noah entonces—quité mi mirada, no quería que se sintieran incómodos o no sé. Me agradaba que Noah encontrara una compañía, pero me gustaría que esa compañía fuera buena y que no lo lastimaran. Así que tendría que saber bien qué es lo que quiere esa chica con Noah.
—¿Vamos a clases? Ya es hora.
—Está bien —tomé mi bolso y el café, poniéndonos de pie, sin embargo, al mismo tiempo Noah y su amiga también se pusieron de pie. Nos encontraríamos en la entrada. Alberto y yo avanzamos, a como dije, nos encontramos en la entrada. Noah iba a la par mía, tenía ganas de saludarlo o sonreírle al menos, pero cuando le miré la cara ni siquiera me miró. Tomó de la mano a la chica y se apresuraron a salir.
Bueno, al menos lo intenté.
Al salir nos dirigimos rápido al aula de clases, ahí estaban la mayoría de estudiantes y Harry también. Avancé y me senté en mi lugar.
—Bien, empezaremos la clase —Harry sacó sus libros.
•
Las clases pasaron rápido, estábamos terminando de almorzar. Harry, Alberto y yo, lástima que Martha estudiaba en otra universidad.
—¿Nos vamos? Tenemos que ir al ginecólogo.
—Está bien. —terminé de tomar de mi refresco. Tenía mucha hambre, lo que había ordenado no me había llenado—¿Podemos pasar comprando algo? Esto no me llenó.
—Está bien —Harry se puso de pie.
—Nos vemos, Alberto.
—Adiós, que todo te salga bien.
Me puse de pie.
Harry y yo salimos de las cafetería tomados de la mano.
—¿Estas bien? —me pregunta.
—Claro. ¿Por qué no habría de estarlo?
—Te he notado pensativa.
—Para nada.
Al llegar al coche me encontré a Noah en una motocicleta, estaba la chica también. Ella se montó a su moto y los dos se fueron.
—Parece que Noah ya encontró a alguien más. Tan rápido.
Nos montamos al coche.
—
—Bien por él. Solo espero que ella no lo lastime.
—Hmm sí, como digas.
Lo miré. Parece que se había enojado o algo.
—Pasaré por un lugar para que compremos algo de comer —estiró su mano y me sobó la panza.
—Está bien.
•
Como dijo Harry, pasamos por un lugar comprando comida rápida. Pollo con papas fritas. Bueno, algo es algo. Muestras íbamos al ginecólogo fui comiendo todo, se sentía tan bien.
—¿Te gusta?
—Está todo muy rico —tomé de mi soda— Gracias por consentirme.
—No me agradezcas, me gusta hacerlo.
•
Cuando llegamos al consultorio Harry pasó conmigo, respondí las preguntas que la ginecóloga me hizo, para después hacer un ultrasonido del bebé. Se escuchaban sus latidos nada más. Pero apenas se estaba formando. Me dio algunas recomendaciones, dietas y demás. También me dijo que fuera bueno hacer yoga pero con moderación, estar tranquila y rodeada de gente que transmita buenas vibras. También le recomendó a Harry no hacerme enojar.
—¿Te sientes bien ahora?
—Sí, sabemos que todo marcha bien—respondí.
—Tenemos solo unas horas para ir a la cena.
—¿En serio iremos?
—Claro, quedamos en ir.
—Quedaste tú—le corregí.
—Pero me acompañarás porque eres mi mujer —me tomó de la cintura.
—Ese tipo no me gusta para nada —le repetí— Pero iré, no te dejaré solo.
Le di un beso en los labios para después subirnos al coche.
LOUIS
—Hola—salude al sujeto que estaba atendiendo en el cubículo de seguridad al cliente.
—¿desea algún servicio?—seguía tecleando su computadora, el tipo era más o menos gordo, era de tez morena y su cara parecía bastante cansada, quizás llevaba horas sin dormir.
—Lo siento por la molestia, pero tengo un asunto que resolver, según me dijeron que acá es donde puedo encontrar las grabaciones de las personas que vienen a hacer retiros, busco una grabación de esta fecha—le mostré el documento en donde estaba la fecha y la hora específica.
—Un momento—buscó entre las grabaciones, por el espejo podía ver cómo adelantaba la cinta hasta él pudo dar con el momento preciso—no sé si le sirva—giró la computadora hacia mi. En el video podía ver a una mujer rubia, con lentes oscuros de forma cuadrados con una bufanda de color café, no me parecía conocida, no sé quién era, creo que jamás en la vida la había visto.
—¿podría acercar la imagen?—achique los ojos para analizar mucho mejor—espere un momento—saque mi celular para tomarle una foto, quizás Harry la conocía porque yo jamás la había visto—muchas gracias—asenti para luego irme con la duda en mi cabeza, no era Helena como pensé y si no era ella ¿Quién más podría ser? Eso era una intriga muy grande, pero se tenía que averiguar pronto, porque si ella ya entró a las cuentas de Harry quiere decir que puede volver a hacerlo nuevamente.
ISABELLA
La noche había caído, por supuesto que yo me sentía un poco incómoda con la invitación de ese sujeto, creo que Harry era muy confiado con las personas que le rodean, quizás esa es una de esos virtud: El ser precavida. Cada quien es cada quien, al menos se va a distraer, he visto que se la pasa estresado y no sé por qué. Encima de la cama había un vestido de lentejuelas de color rojo vino y unos tacones de gamuza de color negro, a un lado una cartera de mano, creo que Harry era muy exagerado a la hora de salir, tan solo íbamos a una casa que quedaba cerca y me compraba vestidos así, deberíamos de ahorrar para otras cosas, pero bueno es su dinero.
—¿Estaras lista dentro de poco?—preguntó desde el baño—yo solo termino de cepillarme los dientes y de peinarme—parecía que él estaba más animado de ir a esa cena que yo.
—Harry... aún no siquiera me he vestido y por favor no gastes tanto en vestidos como este, no vamos a una fusta de gala—rodé mis ojos.
—si se trata de ti por supuesto que tengo que darte lo mejor—escuche el sonido del cepillo de un lado a otro—sabes cómo soy contigo así que lo digas nada. Además, Álvaro se ve de esos sujetos que deben de ser puros lujos y no me gustaría darle una mala imagen de nosotros—fruncí el ceño a su expresión, ¿desde cuando Harry le importaban esas cosas? Creí que había cambiado del todo, pero aún guarda sus cositas de millonario.
—No se como le harías si un día llegáramos a quedar en la calle, bueno, tu, porque yo soy pobre—tomé el vestido privándomelo frente al espejo, tendría que aprovechar mientras la panza no me crecía, después solo camisas holgadas serían.
—No vuelvas a decir eso en broma—salió del baño—no me gustaría que conociéramos la pobreza, para mi tu eres todo y quiero darte siempre lo mejor aunque tú te pongas así—me dio un beso en la frente—también quiero que nuestro pequeño viva como un rey—bajo las escaleras—estaré en la sala mientras te terminas de vestir—coloque mi celular encima de la cama mientras puse una canción. Empecé a vestirme poco a poco, tan solo agacharme un poco para mi era trágico, me estaba empezar a doler la columna, pero creo que este tipo de cosas era normal.
Aún tenía un poco de curiosidad con lo que estaba pasando con Noah y esa chica, hay algo que aún no me termina de convencer, especialmente con esa chica, pero bueno ya Noah está bastante grande como para no distinguir si alguien no está por amor con el, ademas eso ya no me corresponde, yo tengo a Harry y a este bebé que viene en camino. Terminé de ponerme el vestido, Harry por supuesto siempre cuando sea la talla a la perfección de mi cuerpo y no era para menos, tantas veces que hicimos el amor que lo más probable es que conocía cada centímetro de mi piel. Me miré al espejo y tampoco tenía idea de qué forma peinarme, simplemente me hice una cola aló bajo, aplique un poco de maquillaje y listo, tampoco que iba a darle gran relevancia a esa cena.
—Estoy lista—empecé a bajar las escaleras Harry estaba bajo en la puerta mirando hacia afuera—¿Como me veo?— le pregunté sintiéndome un poco incómoda.
—Cariño—se acercó— yo te veo bien todo el tiempo e incluso cada vez más hermosa, más bien me siento con envidia a mí mismo por tener una mujer tan hermosa como tú—admito que me sonrojé un poco y me gustaba que siempre me viera de esa forma, era de esos amores de cuentos— ahora ven—Tomó mi mano con esa seguridad que lo caracterizaba.
Entramos al coche de Harry, nos dirigimos a la mansión de Álvaro, en sólo la entrada habían dos estatuas de leones tan imponentes, un muro con muchas decoraciones y un jardín a su alrededor con pequeños faros a la orilla. El portón principal empezó a desplazarse de un extremo a otro, cuando éste se abrió por completo pudimos ver la enorme mansión que tenía este sujeto. Se asemejaba a un castillo, quizás era de tres pisos, en el primer piso se podía apreciar una arquitectura colonial, en el segundo piso tenía un diseño más moderno y en el último piso que creo que era el más importante era totalmente oscuro, me daba un poco de temor, lo admito.
—¿Todo bien?—Harry se cercioraba de que yo estuviera tranquila y relajada lo cual en realidad no lo estaba.
—Así es—asentí Aferrándome de su mano.
Finalmente llegamos, Harry estacionó el coche casi al frente de la puerta principal y en poco tiempo Álvaro salió, simplemente traía una camisa común y corriente y un Short. Al menos creo que él no se había tomado muy a pecho la formalidad que mi señor tuvo para nosotros.
—Bienvenidos a mi humilde morada—Álvaro se dio un abrazo fraternal con Harry— bienvenida, señorita,—tomó mi mano dándole un beso. Un beso electrizante. De inmediato la quité— pasen adelante por favor—tendió su mano para que nosotros entráramos primero y él viniera detrás. Al entrar pude sentir un aire tenso a mi alrededor, tenía una sala inmensamente adornada con muchos cuadros, muebles muy bonitos, un enorme comedor, al final de la sala se podía apreciar una piscina de forma ovalada y un pequeño kiosco a un lado con sillas veraneras.
—Tienes muy bonita casa—dijo Harry viéndola detalladamente.
—Gracias, pero esta casa solamente ha sido una herencia familiar que mis padres me dejaron antes de morir— tenía un poco de curiosidad de saber de qué forma había muerto, pero tampoco quería hacer una pregunta muy incómoda.
—Lo siento mucho— fue lo que le dije— me imagino que debe de ser muy duro perder a sus padres, pero es ley de la vida, al menos vivieron lo suficiente— pude observar dos vasijas más o menos grandes encima de una mesa dorada—¿ qué es eso de allá?— señalé a las vasijas.
—Son sus cenizas, como forma de recordarlos quise guardar sus cenizas en la casa en donde me vieron crecer—Aún más motivos tenía ahora de no regresar jamás a esta casa.— pero bueno hemos venido para una cena no para seguir guardando luto ahora por favor acompáñame— nos dirigimos a un patio trasero en donde había una enorme parrilla.
—Si quieres puedo ayudarte— Harry se ofreció tomando un cuchillo— por si no lo sabías mis padres también me enseñaron a cocinar y creo que lo que bien se aprende nunca se olvida— empezó a quitarse el saco que llevaba quedándose en camisola.
—Álvaro... Me podrías decir ¿dónde queda el baño?— sentía la necesidad de orinar.
—Claro, ven por acá —empecé a seguirlo y llegamos a un pasillo— simplemente caminas de acá hacia la tercera puerta a mano izquierda— señaló.
—Gracias—asentí. El luego se fue. Caminé con la incomodidad que me generaba el andar de tacones altos, tomé el pomo y entré, aseguré bien la puerta de manera que nadie pudiera entrar, el baño era bastante sencillo, tenía un pequeño espejo con algunas cosas de uso personal, me senté en el inodoro escuchando el sonido del chorro que hacía mi orín al caer al agua, de inmediato volví a ver un cuadro que había en el mismo baño, un cuadro de un búho con hermosos ojos, me puse el vestido nuevamente y me dirigí a ese cuadro. Sentía algo extraño en sus ojos, no sé si me estaba volviendo paranoica o qué, pero tuve la sensación de que alguien me estaba observando a través de ese cuadro. No tenía la posibilidad de poder tomarlo, así que salí de inmediato.
—¿No tuviste problema?—pregunto Álvaro en cuanto salí del baño, por poco y pego con el.
—Se supone que tu...—fruncí el ceño.
—Si. Harry esta cocinando y yo solo vine a traer esto—enseñó un sazonador.
