Capítulo cuarenta y dos

Emery

—¡Despierta! Arriba y brilla— abro los ojos de prisa en cuanto escucho la voz de mi madre, sintiendo instantáneamente la cantidad de dolor de cabeza que no me ha molestado desde que terminé la universidad.

Su voz suena como una alarma, aunque seria.

Frunzo el ceño con molestia antes de gira...

Inicia sesión y continúa leyendo