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—Sí, justo estaba acostando a los cachorros para que durmieran la siesta —me dijo. Nuestros nuevos cachorros tenían apenas un año. Los dos varoncitos eran un torbellino; como recién estaban aprendiendo a caminar y se metían en todo, mantenían ocupadas a Dammi y a la abuela Lizzie. Llegué a nuestra s...

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