Capítulo 4 04
MILLICENT
—«Jaja»—se me escapó antes de que pudiera detenerme.
Los dos chicos frente a mí parpadearon, y eran tan idénticos que supuse que eran gemelos; debían de ser los gemelos de los que Ari me había hablado. El supuesto rey de la escuela de los chicos… o como fuera que ella lo había dicho.
No voy a mentir: estaban condenadamente guapos
¡y altos!
¡Demonios!
El que acababa de soltar esa estupidez daba una vibra juguetona, descarada y traviesa, mientras que el que estaba a su lado, el que me había preguntado mi nombre antes, tenía los ojos gris opaco, como un huracán… Se veía frío y desprendía un aire oscuro y misterioso.
«De ahora en adelante, eres nuestra. Un juguete para follar y de nadie más». Casi me reí con lo que dijo ese.
¿Cómo demonios hay tantos payasos en esta escuela?
Tenía expectativas altas, pero ahora mismo están por debajo de cero.
—¿«Jaja»?—repitió el que se me había acercado primero. Parecía sorprendido y divertido al mismo tiempo.
—¿Acaba de decir «jaja»?—se giró hacia su gemelo, cuya mirada estaba fija en mí.
Solté un suspiro, desesperada por largarme. Solo quiero encerrarme en mi cuarto, acurrucarme bajo el edredón, comer unas papas fritas y seguir con la novela de suspenso por donde la dejé.
Intenté pasar terca entre los gemelos cuando el de la sonrisa traviesa me bloqueó el paso, y fruncí el ceño. Le clavé la mirada.
—¿Qué quieres?—le espeté. No estaba para estos juegos estúpidos.
—Mmm, fiera… ya me gustas—se rio entre dientes, y yo fruncí más el ceño.
¿Qué demonios estaba diciendo?
—Bueno, me alegro por ti, y si me disculpas, estaré encantada de irme—intenté decir con calma. Ya me estaban sacando de quicio, en especial el que me miraba de forma inquietante.
—¿Dejamos que nuestro juguete para follar se vaya, Zayne?—el que me bloqueaba se giró hacia su gemelo frío, que no dejaba de mirarme.
—¿Perdón?—salté.
¿Qué carajos quiere decir con “juguete para follar”? Recién volví a la escuela hoy —mi primer día— y ya me están etiquetando como su juguete para follar.
¿Estos gemelos están enfermos?
—No soy el juguete para follar de ustedes dos; métanse eso en la cabeza—le disparé.
Él sonrió con suficiencia y se acercó, invadiendo mi espacio personal; sus ojos verdes intimidaban, pero me negué a acobardarme y me mantuve firme.
Inclinó la cabeza junto a la mía, bajando su altura para quedar a mi nivel, y me miró directo a los ojos. De pronto, se me hizo difícil respirar; no podía respirar… o sea, estaba conteniendo la maldita respiración por culpa de estos psicópatas.
Sonrió de lado.
—Lo serás… muy pronto—dijo con confianza, y su mirada se deslizó hasta mis labios. Yo quería borrarle esa sonrisa de la cara.
Se enderezó, metió las manos en los bolsillos y dio unos pasos hacia atrás, por fin dándonos espacio. Una sonrisa arrogante se le dibujó en los labios.
—Dejemos a nuestro juguete por ahora, Zayne. Volveremos por ella—miró a su hermano, y se marcharon. El que se llamaba Zayne me sostuvo la mirada un buen rato antes de irse con su gemelo.
Cuando por fin desaparecieron de mi vista, solté un suspiro largo. ¿Cuánto tiempo llevaba conteniendo el aire por culpa de esos dos?
Creo que estoy metida en un pedo de verdad.
Al día siguiente, era hora de nuestras clases de combate, y yo estaba emocionada, aunque sabía que iba a ser la más débil por mi incapacidad de tener un lobo; aun así, este era el momento de presumir mis habilidades marciales en la clase de combate.
Voy a hacer todo lo que esté en mí para ser fuerte. Con o sin lobo, y hacer que papá se sienta orgulloso.
He oído a otros estudiantes decir que en las clases de combate se ponía una locura; había competencia seria entre los alumnos y, igual que yo… mucha gente quería mostrarles a sus oponentes lo fuertes que eran. Bueno, esa era la razón principal por la que todos nos habíamos inscrito en esta escuela desde el principio.
Para entrenarnos y convertirnos en uno de los futuros Alfa o Luna más fuertes.
Me había cambiado al uniforme de pelea y me recogí el cabello en una cola de caballo.
Caminar por el pasillo no había sido más que un infierno y un desastre. Recibí miradas curiosas de todos, e incluso susurraban entre ellos cuando pasaba.
Algunos me miraban con admiración, mientras otros fruncían el ceño y apartaban la mirada, exactamente como se suponía que debía ser desde el principio.
Era como si me hubiera vuelto popular de la noche a la mañana. Lo que más odiaba era que me vieran y me notaran por algo que no era bueno, y le doy todas las gracias a esa perra.
Sandra.
Si tan solo se hubiera detenido y no me hubiera seguido buscando pleito.
La energía que sentía antes de entrar al salón se me escurrió sin pensarlo cuando mis ojos cayeron en Sandra y luego en los gemelos.
Sandra estaba con unas chicas, y se veían igual de insoportables y arrogantes que ella. Ella me vio primero y frunció el ceño; luego les dijo algo a las tres chicas que la acompañaban, y todas giraron la cabeza hacia mí, clavándome miradas maliciosas.
Por otro lado, los gemelos no habían notado mi presencia. Ignoré a Sandra y a su grupito de chicas malas que me fulminaban con la mirada e intenté pasar desapercibida entre la multitud de estudiantes del otro lado del salón.
Tanto por querer mantener un perfil bajo; en cambio, terminé pisándole los callos a quien no debía.
Todos estaban ocupados hablando de a dos, hablando con una persona en particular o en grupos, mientras yo solo me quedaba ahí, mirando a la nada.
—¿Era ella la que se peleó con Sandra, ayer? —escuché que decían unas chicas a mi lado y puse los ojos en blanco.
¡Ay, por favor!
—Sí, sí, la nueva. ¿No es genial? —preguntó la otra.
—Sí, se ve súper genial y súper bonita; creo que se ve todavía más bonita que Sandra —susurró la chica de cabello castaño a su amiga.
—¡Shhh! No quieres que Sandra te oiga decir eso —la calló.
Bueno, les agradezco el cumplido, pero este tipo de gente es la que termina encendiendo e incitando una pelea donde todo estaba tranquilo.
—¿Quién carajos se ve más bonita que yo? —escuchamos una voz fuerte y condescendiente, y yo solté un jadeo, mirando hacia enfrente.
¿Cómo…?
Me quedé paralizada.
Sandra…
Estaba del otro lado del salón cuando yo me vine a este lado. ¿En qué momento llegó aquí?
Se veía furiosa. Me miró con odio y luego a las dos chicas que chismeaban a mi lado, y no venía sola.
Trajo a sus tres brujitas con ella.
¡Maldita luna!
