Capítulo 7 07
—Deberías tener cuidado con los gemelos —advirtió Fiona, por fin logrando llamar mi atención cuando me detuve en seco y me giré para mirarla de frente.
Me miró con timidez antes de desviar la vista.
Le lancé una mirada curiosa.
—¿Qué quieres decir? —pregunté, frunciendo el ceño.
—¿Los gemelos? —replicó ella.
—Sí, los gemelos. ¿Qué pasa con ellos? ¿Por qué tendría que tener cuidado con ellos? —insistí, observándola mientras ella entornaba un poco los ojos. Parecía no estar segura de si responder o no. Pues debería, ya que se tomó la molestia de venir a advertirme sobre ellos.
Fiona suspiró hondo. Parpadeó hacia mí.
—Se divierten con las chicas y apuestan por ellas. Me temo que tú eres su próximo objetivo —reveló.
Arrugué la cara.
Bueno, más o menos ya lo sabía. ¿Quién no se alarmaría cuando de pronto dos tipos guapísimos empiezan a rondarte y a derretirse por ti? Encima diciéndome que debería estar encantada de que me prestaran atención, como si yo se la hubiera pedido desde el principio. Se veía maquinado y, fuera lo que fuera que estuvieran tramando conmigo, lo siento, pero no soy un blanco fácil.
Entonces ella… La miré con curiosidad.
—¿Por qué me estás diciendo esto? —incliné la cabeza, preguntándome por qué se tomaría tantas molestias en contarme algo así. Yo ya sabía que había algo raro con los gemelos y que el motivo por el que no se me despegaban no podía ser nada bueno.
—Bueno, eh… y-yo… —tartamudeó.
Alcé una ceja.
—Pensé que debías saberlo. No quiero que caigas en su trampa —murmuró.
—Mm, lo pensaré —le dije, y ella me miró con desconcierto.
Me di la vuelta para irme.
—¡Espera! —me tocó la mano y miré por encima del hombro con una ceja levantada; ella retiró la mano con nerviosismo.
—Estaba pensando que podríamos ser amigas —logró decir.
—Ah —fue todo lo que dije.
—Pareces agradable —añadió.
—Y me encanta cómo le plantaste cara a esa perra de Sandra… ya era hora de que alguien la pusiera en el lugar que se merece —comentó.
—¿Tienes algo con ella? —pregunté, y ella se encogió de hombros.
—Bueno, somos primas, y ella no me trata muy bien —se quejó.
Asentí.
—Ya veo.
—Entonces, ¿qué dices? —me miró con ojos esperanzados.
Tener una amiga no estaría mal, sobre todo porque ella parecía dar menos problemas; tenía un aire más nerd y era tranquila.
Pero el detalle era que era prima de Sandra, y yo no quería problemas con esa bruja si me asociaba con ella.
—Eh… —se me tensó un poco la cara y apreté los labios. Todavía lo estaba pensando.
Se veía como si llevara mucho tiempo deseando que alguien fuera su amiga. Probablemente la habían rechazado muchas veces por culpa de quién era su prima.
Extendió su mano izquierda hacia mí para estrecharla, y mis ojos revolotearon hasta su mano de aspecto delicado.
Mis ojos volvieron a los suyos, brillantes, y le estreché la mano, aceptando su propuesta de amistad; una pequeña sonrisa me tironeó de la comisura de los labios.
—Entonces, ¿eso es un sí? —Su voz sonaba eufórica y feliz.
—Una consideración —le dije. Ella asintió, apretando los labios en una sonrisa tensa que intentaba ocultar.
—Está bien —sonrió radiante.
—Así que… —balbuceó.
—¿Quieres que salgamos y, eh… tal vez celebremos juntas el comienzo de nuestra amistad? —preguntó.
Mis ojos destellaron al mirarla.
—No creo que sea necesario por el momento, tengo cosas que hacer —rechacé con cortesía.
—Oh… —se le descompuso el rostro, pero aun así esbozó una sonrisa pequeña.
—¿Entonces más tarde? —se rascó la nariz.
—Sí, luego te alcanzo —dije.
O no, pensé.
Me di la vuelta para irme, pero antes de hacerlo le di las gracias.
—Gracias por avisarme de los gemelos.
Me alejé sin molestarme en escuchar su respuesta.
Al día siguiente, estaba en la biblioteca de la escuela. Me quedé entre las estanterías mientras pasaba las páginas de un libro que tenía en las manos: El léxico lunar. Buscaba razones por las que todavía no había obtenido un lobo, pero ninguno de los libros que había abierto desde que estaba en la biblioteca tenía relevancia.
Suspiré, cerré el libro de golpe y lo coloqué de vuelta, bien puesto, en el lugar de donde lo había sacado.
Di unos pasos hacia adelante y esta vez buscaba un libro de texto que me ayudara con la investigación que me habían asignado en uno de mis trabajos de clase. La biblioteca estaba inquietantemente silenciosa. Solo había unos cuantos estudiantes, estudiando con diligencia.
Aunque yo estuviera enfocada en perfeccionar mis habilidades de combate a un nivel serio y equilibrado, igual necesitaba mejorar mis calificaciones académicas. Así podría graduarme como una de las Lunas mejor formadas de la escuela.
Seguro que Padre se sentiría orgulloso.
De pronto, mis instintos se activaron. Era como si alguien me hubiera estado observando—mirándome fijamente desde hacía un rato—, al punto de que podía sentir sus ojos ardiéndome en la nuca.
Me puse en guardia, cerré el libro que tenía en las manos e intenté salir de entre las estanterías donde estaba.
Alguien me agarró la mano y me jaló hacia atrás. Mi espalda chocó contra el estante y abrí los ojos de par en par al alzar la vista.
Jadeé.
¡Era Zayne!
Sus ojos gris tormenta se clavaron en mí. Abrí la boca para hablar, pero él levantó el brazo y me cubrió la boca con la palma; mis palabras salieron ahogadas.
Se inclinó más cerca, y una sonrisa ladeada empezó a curvársele en la comisura de los labios.
Entre él y su irritante gemelo, no sabía cuál estaba más loco. Se veía callado, pero estaba bastante segura de que era el más peligroso.
—Shhh… Estamos en la biblioteca.
