Capítulo 138: Entre el amor y el deber.

Me quedé allí, viendo cómo su espalda desaparecía por el pasillo, sus palabras resonando en mis oídos como una maldición.

—Si no puedo tenerla… nadie puede.

Me heló más de lo que quería admitir. Eso no era solo ira, era obsesión.

Obsesión peligrosa.

Gabriel se paró a mi lado, con los brazos cruzado...

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