Capítulo 8 El encargo

Louis Randall sospechaba que algo estaba sucediendo en la vida de su primo, pues desde su oficina en el sexto piso frente a las de la presidencia, era testigo forzado de las llegadas tarde de Nathan y sus intempestivas idas a cualquier hora, además de la constante presencia del molesto Phil Wilcox y las largas reuniones que sostenían a puerta cerrada. Cosas que normalmente suceden en el mundo donde se desenvuelven, pero no con la frecuencia de los últimos días, lo que le indicaba que algo sucedía.

Sí, algo debía estar pasando, y necesitaba saber qué era. Conociendo a la empresa y a su primo, no debería ser algo relacionado con la misma, pues se hubiera tratado el tema en las juntas de accionistas.

Tenía que ser algo personal, definitivamente. Si pudiera averiguar qué le pasaba y dependiendo de la magnitud del asunto, pudiera tratar de usarlo a su favor para lograr sus objetivos.

¿Estará engañando a Norma? O peor aún: ¿Norma estará embarazada, como sospechó hace algunos días? Si Norma estuviera embarazada entonces Nathan tendría un heredero a quien dejarle toda su fortuna y la mayor parte de la empresa, dejando a su hermana Rebeca y dejándolo a él, como siempre lo han estado, en las sombras y en el segundo lugar en todo. Al igual que su padre.

Se decepcionó mucho cuando su prima Rebeca desistió en su intento de ocupar el lugar de su hermano en la compañía. Le había costado mucho sembrar la semilla de la codicia en ella y convencerla de ir contra su hermano, sin éxito. Nathan como siempre supo envolverla y hacerla ver que mientras él estuviera al frente de la empresa los dos ganarían, y ella no tendría que mover un solo dedo para disfrutar de todo lo que ganaban.

Como ahora lo estaba haciendo. Disfrutando de la vida y del dinero de la empresa, satisfaciendo sus constantes caprichos y antojos, y sobre todo, disfrutando de la compañía de hombres jóvenes y apuestos a los que les ponía el ojo.

Por lo tanto Louis Randall ahora estaba solo, luchando en las sombras por recuperar, según su errado criterio, todo lo que por derecho le perteneció a su padre, y ahora a él, que era la mayor parte de la Southern Hilltop Gold, y no cesaría en su intento por lograrlo.

Pero luchar contra Nathan era una cosa, y otra contra él y sus herederos. Si su primo logra tener descendencia significaría que definitivamente no recuperaría todo lo suyo, y por lo tanto deberá plantearse otros métodos mucho más extremos.

Definitivamente tiene que averiguar qué acontece en la vida de su primo en esos momentos. Y averiguarlo pronto.

Salió de su oficina y se dirigió hacia la de Nathan, entró y se encontró con la atenta sonrisa de Camila, quien le dijo que él acababa de salir.

–Sí, lo vi cuando salió –le dijo él–. Hace poco me comentó que su esposa Norma estaba un poco indispuesta y la llevó a ver a su doctor, pero no me dijo qué fue lo que la puso así. ¿Sabes qué era lo que tenía?

–Lo siento, señor Randall –le dijo Camila sin dejar de sonreírle–, pero no me comentó nada. Usted sabe que el señor Hicks es muy reservado con sus cosas.

–Por supuesto, Camila, solo preguntaba porque en estos momentos estoy saliendo con una joven que conocí hace poco, y hoy precisamente tenemos que vernos, pero me ha llamado hace un rato para decirme que se siente mal, y tú sabes que uno busca ganar puntos siendo todo un caballero en ocasiones especiales como esta, y quisiera hacer algo por ella. Me preguntaba si tú pudieras ayudarme a ganar esos puntos…

–Con gusto lo ayudo, señor Randall. ¿Qué quiere que haga?

–Bueno, estoy preocupado por ella, es una chica muy dulce, y no quisiera verla padecer con lo que sea que tenga. Estoy pensando buscarla a su casa y llevarla a ver a un médico, y además aprovechar para impresionarla un poco. Tú sabes que Nathan y su esposa no ven a cualquier médico, ellos ven al mejor que pueden pagar, y yo quisiera también poder llevar a mi chica con ese médico para que la revise, hacerla sentir mejor, y de paso impresionarla un poco. ¿Me entiendes?

Camila sonrió más ampliamente y casi que se burla de él.

–Quiere el teléfono del doctor del señor Hicks, ¿verdad?

Louis asintió fingiendo vergüenza ante ella.

–¿Y por qué no me lo pidió desde un principio? No hacía falta que me echara todo ese cuento, aunque de todas formas lo felicito por estar pendiente de su chica. Déjeme buscar en la agenda del señor Hicks el número del doctor Holloway.

Ella bajó la mirada comenzando a buscar en la agenda el número, mientras Louis se regocijaba con una leve sonrisa en los labios. Cuando lo hubo encontrado, ella lo anotó en un papel y se lo dio.

–Eres un amor, Camila. Te debo una.

–Espero que su chica se mejore, señor Randall.

Louis le dio la espalda y salió de la oficina, entrando de nuevo en la de él. Cerró la puerta y fue a sentarse en su silla tras el escritorio, sacó su celular y marcó el número.

–Centro de Fertilidad de Nueva York –contestó del otro lado de la línea la voz de una mujer–. Es un gusto atenderle. ¿Desea una cita?

Louis cortó la comunicación. ¿Una clínica de fertilidad? Al principio sintió miedo por lo que significaba, pero reflexionando un poco después se dio cuenta de que una clínica de fertilidad significa problemas de concepción, y se sintió un poco más relajado, aunque no más tranquilo. Nathan y Norma efectivamente querían ser padres, pero tal vez estaban teniendo problemas con ello, y de allí que hayan contactado a un centro de fertilidad.

Volvió a marcar un número en su celular.

–Diga –del otro lado la voz ronca de un hombre le contestó. A Louis siempre le pareció que la voz de aquel hombre era sombría y a veces lo intimidaba.

–Te tengo un encargo. Ven a mi oficina tan pronto puedas.

–Estaré allí en media hora.

Tenía que estar seguro de que Nathan y Norma estaban intentando tener un bebé, ¿y quién mejor que Duncan Smith para averiguarlo? Tal vez se moleste un poco por el encargo tan sencillo que le tenía, pues estaba acostumbrado a llevar a cabo todos sus trabajos sucios, y por eso gozaba de toda su confianza. Tal vez ese encargo sea sencillo, pero si decidiese hacer luego algo más extremo y, digamos, mortal, su viejo esbirro se alegre de volver a las andadas. Hacía tiempo que no le encargaba nada.

Su último encargo lo cumplió a la perfección, pero con un daño colateral que no esperaba y que no fue culpa de Duncan.

Viendo que su padre, Francis Randall, no hacía nada por tener un mayor control de la empresa, Louis decidió actuar por su cuenta y eliminar el único obstáculo en su camino: el padre de Nathan, Steven Hicks, su tío. Le encargó a Duncan que lo hiciera parecer un accidente, y a los dos días recibían la noticia del fatal suceso. Su tío y su tía, la cual no estaba en los planes, resultando un daño colateral, habían muerto en un accidente de tránsito, dejando a Nathan completamente solo, ya que para ese entonces aún no se casaba con Norma.

La muerte de Steven afectó sobremanera a Francis, ya que era muy unido a él, a pesar de ser hijos de padres diferentes pero con la misma madre; se sumió en una gran tristeza y depresión de la cual no pudo recuperarse, muriendo a los pocos años también. Francis Randall siempre había sido muy protector con su familia, y la mejor forma de serlo era procurando estar siempre cerca de todos ellos cuando lo necesitaran. Sabía que estando al frente de la empresa no podría hacerlo debido a los compromisos que ello significaba, optando por mantenerse bajo perfil pero siempre presente en todo, contribuyendo a su manera a levantar el imperio que hoy en día era la Southern Hilltop Gold, junto a su medio hermano.

Era un hombre muy observador, y gracias a que se mantenía bajo perfil pudo darse cuenta de muchas cosas, en especial con su hijo Louis, a quien veía como una persona codiciosa, sin escrúpulos y manipuladora, capaz de arruinar a la empresa en poco tiempo. Por eso hizo lo posible para que Nathan asumiera el control, asegurándose además de que éste no dejara de lado del todo a Louis, asumiendo su rol de protector por última vez antes de morir.

Pero además de todo eso que veía en él su padre, Louis también era calculador, frío e insensible, capaz incluso de llevar a cabo un plan tan malvado como asesinar a su tío, y ahora estaba pensando en hacer lo mismo con su primo.

Más bien se había tardado mucho en considerarlo, pensó Louis cuando cortó la comunicación.

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