Capítulo doscientos veintisiete

El agua tibia golpeaba contra los hombros de Amelia mientras inclinaba la cabeza hacia atrás, con los ojos cerrados. El vapor se arremolinaba a su alrededor. El teléfono de Niko había sonado cuando se dirigían al baño.

—¿Hay espacio para uno más, espero? —la voz de Niko rompió su ensimismamiento.

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