Capítulo doscientos treinta y cuatro

El teléfono sonó, cortando la tensión en la habitación como un cuchillo. Los tres se quedaron paralizados. Theodore, Niko y Amelia se giraron para mirar el teléfono. Era tarde, muy tarde, así que tenía que ser sobre Alexei.

Theodore alcanzó el teléfono en su escritorio, su voz cuidadosamente compue...

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