Capítulo 2 La mafia italiana es peligrosa
—Don —la voz molesta y amarga de Basilio, llega hasta mí— El empresario estadounidense sigue llamando.
Chasqueo mi boca, tomando un pedazo de tela de la camisa del hombre que ahora está en el suelo— No me interesa.
—También ha llamado el sindicato, exigen una boda y herederos.
Me limpio la sangre de las manos, mientras observo el cuadro de mi familia en la pared.
—Ellos esperan que siga las reglas, no pienso casarme con las hijas de cualquier clan, no voy a unirme con nadie.
Basilio asiente.
—Ha estado un año en el poder, se exige el matrimonio, Don. Creo que es hora.
Camino de un lado a otro en la habitación para pensar. Todos esperan que me case con cualquier mujer que pertenezca a la «cosa nostra», pero no lo haré. Yo no sigo reglas, tampoco necesito de nadie para hacer valer mi palabra.
—No respondas llamadas del sindicato, hasta que yo pueda responderles —ordeno.
Salgo de la oficina que tengo en la iglesia, es mi escondite perfecto. Está aislada, nadie escucha los ruidos de los hombres a los que tengo que «entrevistar».
—La han limpiado muy bien —señalo cuando salgo de allí, la verdad es que no es de mi interés mantenerla limpia— ¿Quién has dicho que se casa?
Basilio busca rápidamente la información en su teléfono, lo veo mover sus dedos con agilidad mientras camino frente a mis hombres.
—Simón Miller —me responde Basilio después de unos segundos— Simón Miller es un empresario importante en Estados Unidos, Don.
—¿Y su prometida? ¿De qué empresario es hija?
Una chica estadounidense, podría hacer mi situación más interesante.
—No pertenece a la clase alta, Don. Parece ser que es una activista de los derechos humanos, tiene una carrera, pero no importante.
—Entiendo.
Un millonario casándose con una mujer común y corriente.
—Ninguna boda se llevará a cabo aquí, no me importa que el hombrecito se enoje.
Mis hombres abren la puerta de la antigua iglesia para dejarme pasar. Ser el capo, ha sido más aburrido de lo que esperaba.
Los hombres que seguían a mi padre, solo esperan que me case y cree herederos. Todas las cosas, por muy malas que sean, son bien recibidas.
—Don, me informan que las llamadas del sindicato exigen el nombre que haya elegido para casarse.
Mi paciencia se agota, el estrés es algo que puedo manejar, entre más difícil sea algo, más interesante es. Lo que me agota, es la gente que me rodea.
—No me voy a casar, informa eso. Mi apellido se morirá conmigo.
—Entendido, Don.
El nombre de Scemo Sartori es un terror en Italia, inclusive fuera de mi territorio. Me encargaré de ser el peor, solo por mera diversión.
—Don —uno de mis hombres se arrodilla frente a mí— Su auto está listo para su salida cuando la quiera tomar.
Miro a Basilio, quién me entiende solo mirándome. El asunto que venía a hacer, está hecho, tengo el nombre de la persona que me traicionó, me encargaré de él mañana. Así que subo a mi auto para ir a mi casa.
Hace un año, cuando Basilio me llamó para informarme de la muerte de mi padre, estaba en China. Me mantuve alejado de mi padre por su propio bien, verlo me generaba odio y asco.
Nadie estuvo de acuerdo que yo tomara el liderazgo de la Cosa Nostra, pero para su mala suerte, siempre he llevado la contraria de la mayoría.
Cuando llego a mi finca, puedo notar carros de invitados que yo no he invitado; El sindicato.
—Don —me saluda el anciano que pertenece a ese club de vejestorios— Me he tomado la molestia de venir hasta sus aposentos.
— ¿Qué necesitas? —pregunté sin rodeos, sé a qué ha venido y no deseo perder el tiempo.
El anciano se molesta ante mis palabras, pero se controla;
— Necesito llevar conmigo el nombre de la mujer que hayas elegido. Los rusos están planeando invadirnos porque no has asumido bien tu liderazgo, Scemo.
La bratva es algo de lo que me tengo que encargar lo antes posible.
—No he elegido. Lleva esa respuesta.
— ¿Crees que llevaré esa mierda de respuesta, Scemo? ¡No soy la burla de nadie, ni siquiera del Don!
Basilio se acerca, esperando mis órdenes. El sindicato es una bola de vejestorios que pueden ser tan molestos como las moscas, que por alguna razón tienen poder.
La mirada del viejo se dirige a algo detrás de mí, así que lo sigo; Mis «cagnas» están en la alberca. ¿Este vejestorio aún sirve para lo básico?
—Lo he decidido —el viejo vuelve a ponerme atención— Mi boda será en dos días, en la iglesia de la Cosa Nostra.
Basilio se sorprende ante mi comentario.
—¿Quién será nuestra dama, Don?
Mi mirada se dirige a la de Basilio, para que diga el nombre de aquella mujer que se volverá mi esposa. Basilio busca en su teléfono.
—Karen Rossi —dice Basilio tras unos segundos.
Rossi… Una Rossi…
La vida si que se puede poner divertida.
